Siena
Vuelvo a cerrar los ojos. Siento la piel hirviendo. La fiebre se comporta como una marea inestable que sube y baja, trayendo escalofríos y oleadas de calor abrasador.
—Siento que no puedo con esto —murmuro, vencida por el cansancio.
—Claro que puedes —afirma ella suavemente—. Pero no tienes que cargarlo todo sola en este momento.
Saca una pastilla del empaque y me ayuda a incorporarme lo suficiente para beber un trago de agua fresca. Me acomoda de nuevo entre las sábanas, arropándome con la soltura cuidadosa con la que se protege a algo frágil. Mientras el analgésico empieza a hacer efecto, su voz continúa flotando en la penumbra, hablándome de la alineación de las energías, de los chakras y de cómo el centro del pecho se resiente cuando la confianza se quiebra de golpe.
Yo solo busco refugio en la inconsciencia.
Cuando el cansancio por fin le gana a la hiperactividad de mi mente, el sueño me arrastra hacia una geografía extraña. No hay paredes ni ciudad. Me encuentro de pie en un valle infinito, bajo un cielo de un gris plomo y pesado. Un viento helado me empuja la espalda hacia adelante, pero mis pies parecen haber echado raíces en la tierra húmeda; no se mueven ni un milímetro. A lo lejos, perfilado contra el horizonte desolado, aparece Lucian Cavendish. Lleva los brazos extendidos hacia mí, con una expresión en el rostro que no alcanzo a descifrar. Yo también estiro las manos, intentando recortar la distancia. Deseo tocarlo.
No hay muros entre nosotros. Tampoco se cruzan abismos ni vallas de espinas. Solo existe un espacio vacío que comienza a estirarse de forma antinatural, como una cuerda tensa a punto de reventar.
—¡Lucian! —grito con todas mis fuerzas, pero la voz se me apaga en la garganta.
Él no responde. No se mueve, pero la distancia entre los dos continúa multiplicándose hasta que su figura se convierte en un punto negro sobre la inmensidad gris.
Me despierto de golpe, dando un brinco en la cama con la respiración entrecortada. Un sudor frío me cubre el cuello y el pecho. Aunque la compresa ha hecho su trabajo y la fiebre parece haber cedido un par de grados, el fuego interno sigue ardiendo intacto. Mi alma continúa envuelta en llamas.
Serena está sentada en el borde del colchón, recortada por la luz tenue del pasillo. Sostiene el teléfono móvil entre las manos y contempla la pantalla iluminada con el ceño ligeramente fruncido.
—¿Quién era? —pregunto con la voz rasposa, sintiendo la garganta seca como la arena.
Ella levanta la vista. Titubea un instante antes de responder.
—Lucian.
El nombre cae sobre la habitación con el impacto de una piedra pesada. Un nuevo temblor me sacude de arriba abajo, pero esta vez no es provocado por la temperatura de mi cuerpo. Es la pura y simple anticipación del peligro.
—¿Qué quiere? —inquiero, intentando sonar firme, aunque la voz me tiembla.
—No dio detalles. Solo pronunció tu nombre y guardó silencio.
—No voy a hablar con él, Serena. No puedo.
—Lo entiendo —responde ella sin alterarse—. Pero tal vez, cuando estés lista, deberías dejar que se explique.
—¡¿Para qué?! —interrumpo con amargura—. ¿Para escuchar un monólogo perfectamente estructurado donde me asegure que todo es un malentendido monumental? ¿Para qué me jure que Marcella es solo un fantasma inofensivo de su pasado? Eso ya lo sé. Lo que me desgarra por dentro no es esa mujer; es el hecho de que me ocultó la verdad sobre Creative Minds. Me trató como a una marioneta.
—Quizás sea la oportunidad para que le digas exactamente eso, pero sin la bruma del colapso.
—Ya se lo dije todo —respondo, hundiendo la cabeza en la almohada—. Le grité hasta quedarme sin aire, lloré, me rompí en mil pedazos. Le dejé muy claro que no quiero volver a verlo en mi vida.
—Se lo dijiste desde la herida abierta, Siena. No desde la perspectiva de la claridad.
—¡Es que no existe claridad en mi vida en este momento! Solo quiero dormir y que la pesadilla que me agobia se disipe junto con este amor que le tengo…
~ ✒️ Miliana Rubio ✒️ ~
El dolor no te hace fuerte por el simple hecho de que lo desees,
es como si un vitral se rompiera por dentro.
Como el estallido de tus sueños más melancólicos.
💋 M. R