Siena
—Tengo el cuerpo hecho un despojo, me estalla la cabeza y siento que me pasó por encima un tren de mercancías.
—Entonces tómate una pausa —aconseja Serena, acariciándome el brazo—. Tienes todo el derecho del mundo a encerrarte y procesar esto a tu propio ritmo. Solo te pido que no levantes un muro definitivo por impulso.
Guardo silencio. El teléfono en sus manos sigue siendo una amenaza latente, una puerta entreabierta hacia el desastre que me negaba a cruzar.
—¿Y si me dejo llevar por sus palabras? —susurro con miedo real—. ¿Y si utiliza su encanto, me convence y vuelvo a caer en sus redes?
—Si eso ocurre, será una elección tuya, no una imposición —responde ella con soltura.
—No quiero elegir nada ahora mismo —confieso, cerrando los ojos—. Preferiría que el universo tomara la decisión por mí y me quitara este peso de encima.
—Bueno, el universo te mandó una fiebre de cuarenta grados —apunta Serena con una media sonrisa juguetona—. No sé si entra en tu categoría de señales místicas, pero es un comienzo.
De mi garganta se escapa una carcajada involuntaria, más clara que la anterior.
—Eres insoportable cuando te lo propones.
—Y tú eres una dramática de primera categoría —replica ella guiñándome un ojo—. Pero te quiero así, destruida y todo porque sé que lo que ocurre es grave. Sin embargo estoy obligada a levantarte el ánimo.
Me acomodo sobre un costado, buscando la parte más fresca de la almohada. Aunque los músculos me duelen por el cansancio acumulado, la tormenta en mi mente ha comenzado a amainar hacia una calma densa. Hay algo en mi interior que flota a la deriva, desgajado, pero por primera vez vislumbro el fondo.
—¿Tú crees que él me quiere de verdad, Serena?
Ella reflexiona un instante antes de contestar.
—Sí, creo que te ama. El problema es que Lucian Cavendish nunca aprendió a querer a nadie sin intentar controlarlo todo a su alrededor.
—¿Y si jamás aprende?
—Entonces te tocará evaluar si vale la pena enseñarle o si prefieres seguir tu camino sola.
No respondo. Dejo que los párpados me pesen de nuevo. El sueño regresa de manera gradual, desprovisto esta vez de paisajes desolados y de la presencia de Lucian. Solo quedo yo, flotando en una penumbra pacífica. Por primera vez en varios días, la ausencia de ruido no me resulta amenazante. Quizás esta pausa forzada sea la oportunidad necesaria para entender dónde me equivoqué... o para admitir, con el corazón en la mano, que sigo profundamente enamorada de él.
~ ✒️ Miliana Rubio ✒️ ~
El dolor no siempre es una condena; a veces es solo la fiebre del alma
intentando expulsar la mentira de quien juró cuidarnos.
💋 M. R.