Dos días pasaron de su retorno a la Abadía, le costó retomar el ritmo de trabajo pero poco a poco Clara fue llenándose de vitalidad y energía.
En la noche Rebecca y Katarina la pusieron al corriente sobre los acontecimientos más relevantes en esos días, tales como: el loco entrenamiento de Killian en donde los asesinos no debían tocar el suelo en todo el día y se la pasaron trepando por las paredes, el mal humor de la señora Connors y el rumor que corrió entre los reclutas de que la oyeron decir un insulto, y también el noviazgo de Lucy con Ron, el paladín. Clara tenia sentimientos encontrados al respecto de Lucy, por un lado quería alegrarse por su ex amiga ya que sabía que su objetivo era conseguir a alguien distinguido de pareja, y por otro tenia rechazo porque temía que en realidad esté usando a Ron sin sentir nada.
Pero no todo era bueno, descubrió que, desde la avasallante irrupción de su padre en aquel sitio, adquirió un sobrenombre entre los reclutas y demás sirvientas que la irritaba a sobremanera.
“La hija del orco”.
Lo oyó al pasar mientras servía el almuerzo, y Katarina se lo confirmó: muchos se referían a ella de esa manera a sus espaldas. Cuando Clara lo oía al pasar ardía en ira y buscaba con la vista a quien haya sido, pero todos se asustaban y huían. Al menos no se atrevían a llamarla así frente suyo, si así fuese ella no estaba segura de poder contener sus ganas de romperles la cara.
Respecto del Capitán solo lo veía al pasar, durante las comidas y mientras hacia los quehaceres. Y cada que lo veía lo encontraba con el ceño fruncido gritándole a algún pobre infeliz que el ejercicio lo estaba haciendo fatal.
Una tarde, mientras bordaba junto con Rebeca, notó de nuevo ese gesto que solía hacer de vez en cuando, se frotaba el ojo del parche con la palma de la mano. Acto seguido procedía a vociferar alguna maldición o insultar a quien se le cruzara. Le recordó a su propio padre cuando le dolía el muñón. De pronto algo en su mente se iluminó, fue entonces que entendió.
— Es el dolor…- murmuró.
— ¿Qué cosa?- preguntó Rebecca.
— ¡El dolor lo hace gruñón!- Exclamó como si hubiera hecho un grandescubrimiento, de inmediato miro a su amiga.- ¿Aun tienes valeriana entre tus hierbas?
— Sí, está en un frasco bajo mi cama.
— ¿Me darías un poco? Quiero probar algo…
— Sí, claro. Toma la que necesites.
— Gracias amiga.- se puso de pie y corrió a la habitación.
No tenía mucho tiempo, pronto las llamaría Dorothy para hacer la cena y los reclutas terminarían el entrenamiento, entonces el capitán se metería en su habitación y ya no lo vería hasta el día siguiente, tenía que confirmar su teoría ahora mismo.
Abrió la puerta de su cuarto y para no perder tiempo levanto la cama directamente, encontró una decena de frascos de distintos tamaños, tuvo que revisar uno por uno, algunos tenían líquidos con cosas extrañas flotando dentro, decidió ignorarlos, buscó hasta dar con un frasco pequeño con la raíz de la valeriana que ella buscaba, lo tomo y dejo todo lo demás exactamente como estaba y corrió a la cocina.
Dorothy estaba hirviendo algo de agua así que mientras terminaba de calentarse molió la raíz junto con un par de hierbas mas. Desde la ventana espió al capitán, seguía gritándole cosas a los reclutas con las cejas juntas. Parecía tan gruñón como siempre y pensó que era tan hermoso que no le importaría ver su cara gruñona todos los días de su vida.
Preparo el té con rapidez y lo sirio en una taza de lata y con cuidado se dirigió a donde él estaba con la infusión humeante.
— Corrige tus pasos Niko, así no es como debes hacerlo.- El pobre guerrero amigo de George era ahora víctima de sus regaños.- ¡Pfff!- resopló molesto.
— Disculpe, Capitán.- O’Conell se volteo y al verla primero se sorprendió y luego la miro desconfiado.
— ¿Y ahora en que problema te has metido Clara?- Dijo con desgano.
— ¡No me metí en ningún problema!- Exclamó.
— Cada que me buscas estas buscando que te maten o quisiste matar a alguien…- Clara entrecerró los ojos.
— En verdad usted es detestable.
— Podría decir lo mismo.- Clara apretó los labios, se sintió estúpida por estar preocupándose por él y consideró seriamente botarle la bebida caliente en la cabeza, pero sería un desperdicio a su esfuerzo, en su lugar le tomo la mano bruscamente y le puso la taza caliente en la palma.- ¡Quema!- la sujeto del asa con la otra mano mientras la miraba confundido.- ¡¿qué haces?!
— ¡Tómeselo! – Le ordenó.- ¡Y no deje ni una gota!
— ¿Qué? Pero, ¿qué es esto?
— Medicina para su mal humor.- Ethan alzo la ceja incrédulo.
Volvió la vista hacia la taza humeante que desprendía un suave aroma a hierba medicinal, frunció la nariz y la alejó.
— Apesta, parecen los venenos de Killian.- Clara revoleo los ojos.
— Si quisiera matarlo lo haría a golpes, no con venenos, pierda cuidado. Ahora bébalo.
— Aun no me dices qué es. No voy a beber algo que no conozco.
— Es medicina, ya le dije.-
— Eso no me dice nada.- Clara suspiro.
— Es un té que suelo hacerle a mi padre: valeriana, anís y manzanilla, lo ayuda cuando le duele el muñón…- lo miro fijamente,- a usted le duele, ¿verdad? El ojo que le falta…- Él tensó la mandíbula. Giro la cabeza para ver a los Guerreros ejercitarse y guardó silencio. Clara dedujo que era demasiado orgulloso como para reconocerlo, así que prosiguió diciendo- Pruébelo y luego me dice si le sirvió o no.
Ethan volvió la vista a la taza, medito unos segundos y terminó por darle un sorbo rápido.
— Su sabor es terroso y amargo,- comento.- Pero se puede tomar.- empino la taza y de una vez bebió todo. Le devolvió la taza mientras comenzó a toser.
— Bien hecho Capitán, ya vera que se sentirá mejor pronto.
— Sí, sí, ya márchate, tengo que seguir con el entrenamiento…
— Con su permiso.
Clara dio media vuelta y se alejó a paso rápido, aunque trataba no podía evitar que sus labios se curvaran en una sonrisa. Cuando llego a la cocina fue más evidente y los hoyuelos se le marcaron en las mejillas. Se puso a lavar lo que ensucio y a adelantar las cosas para la cena cuando una voz familiar la alertó.
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Editado: 05.10.2026