Melodía Encantada

Capítulo 6

Días después, el crujir de una rama rompió el silencio del bosque, alertando a la pequeña avecilla, que rápidamente miró en todas direcciones con curiosidad. Sus ojos brillaban mientras buscaba el origen del sonido hasta que su atención se posó en uno de los arbustos más lejanos. Allí, se encontró con dos enormes ojos soñadores que la observaba con alegría y determinación. La avecilla sintió una chispa de conexión instantánea, como si esos ojos compartieran un secreto mágico.

El niño permaneció oculto entre los arbustos, su corazón latiendo con emoción mientras ataba a su espalda un elegante carcaj repleto de flechas, cada una brillando bajo la luz del sol. En su mano, sostenía un hermoso arco dorado, un regalo invaluable de su abuelo, cuya historia y sabiduría parecían cobrar vida en cada curva del arco. Con una mezcla de orgullo y determinación, se preparaba para enfrentarse a lo desconocido.

- ¡Estoy listo para esto... sé que lo estoy! –se dijo el niño, mientras realizaba el primer intento para salir de su escondite, pero se detuvo en el último instante- ¡No puedo hacerlo... solo soy un niño... un estúpido niño que no sabe lo que está haciendo!

La avecilla con su brillante plumaje y su canto melodioso, comenzó a reproducir una hermosa y poderosa canción que resonaba en el aire como un bálsamo para el alma del pequeño. Cada nota vibraba con fuerza, infundiéndole la valentía que necesitaba para ese momento crucial. Respiró profundo, sintiendo como la música lo envolvía, cerró los ojos y contó mentalmente hasta tres, dejando que el canto de la avecilla guiara su corazón. En cuestión de segundos, con un renovado sentido de determinación, caminó lentamente hacia el frente.

- ¡Puedo hacerlo... no tengas miedo! –se dijo así mismo, mientras salía de su escondite.

Corrió a toda velocidad, su corazón latiendo fuertemente en el interior de su pecho, mientras se dirigía al imponente árbol que había sido testigo de su valentía. El aire a su alrededor parecía vibrar con la energía de su determinación. Se desplazó por el terreno, moviéndose como una flecha en dirección a su objetivo, esquivando las ramas que intentaban atraparlo. Sin embargo, justo detrás de él, otra rama se alzaba, lista para golpearlo. En un instante de claridad, se dio cuenta que varias ramas estaban tratando de embestirlo con todas sus fuerzas, como si el árbol mismo quisiera detenerlo en un abrazo mortal.

Con agilidad y un poco de dificultad, el pequeño se deslizó entre las ramas. Sus movimientos eran rápidos y precisos, como los de un bailarín en medio de una tormenta. Entre sus manos sostenía con fuerza aquel arco que había sido su compañero en muchas de sus aventuras, un símbolo de su coraje y destreza. A pesar del caos que lo rodeaba, sentía una conexión especial con su arma ya que era más que un simple objeto, era una parte de él.

Pero en un abrir y cerrar de ojos, el destino le jugó una mala pasada. Una de las ramas lo golpeó con tal fuerza que lo lanzó por los aires. El impacto fue brutal, y lo sintió recorrer cada fibra de su ser mientras caía pesadamente sobre la helada hierba. El frío del suelo le cortó la respiración momentáneamente. Movió su cabeza de lado a lado para disipar el intenso dolor que recorría su cuerpo, tratando de recuperar la claridad mental que necesitaba para levantarse.

Cuando finalmente pudo enfocar la vista, miró hacia un lado y se dio cuenta que su arco estaba a pocos metros, junto a su carcaj lleno de flechas. A pesar del ardor en sus músculos y el golpe en su cabeza, una chispa de determinación iluminó sus ojos. Con esfuerzo y temblando ligeramente por el dolor, se levantó del suelo helado y se acercó para recoger sus pertenencias. El niño entendió que cada segundo contaba, y debía prepararse para lo que venía.

Desde aquella distancia prudente, observó la situación con atención. El árbol continuaba moviéndose frenéticamente, enfurecido por la intromisión del pequeño. En ese momento, al alzar la mirada hacia la copa del árbol, vio algo que capturó toda su atención. La avecilla revoloteaba con todas sus fuerzas entre las ramas densas, picoteando débilmente algunas de las ramas secas, tratando desesperadamente de escapar del furor del árbol.

Esto enfureció aún más al árbol, que comenzó a tratar de golpearla con fuerza desmedida. Las ramas se movían como serpientes enfurecidas en busca de un objetivo fácil, pero la avecilla no se rindió, sino que empezó a volar con una agilidad y destreza inigualable, esquivando las embestidas, como si estuviera danzando en medio del peligro.

El niño observaba fascinado como esa pequeña criatura desafiaba al gigante árbol. Al igual que él había enfrentado sus más profundos miedos, y ahora ella luchaba por obtener su propia libertad. Con cada movimiento ágil y picoteó audaz, la avecilla le recordaba que hasta los más pequeños podían causar un impacto en el mundo que los rodeaba. Con renovada determinación y admiración por la valentía del ave, el niño decidió que no podía quedarse atrás, debía levantarse completamente y enfrentar tanto al árbol como a cualquier otro desafío que pudiera surgir en su camino.

- ¡Déjala... no la lastimes! –gritó con todas sus fuerzas, mientras se aferraba al arco.

El niño miró con furia al feroz árbol que se erguía frente a él. Sus ramas retorcidas y su corteza rugosa parecían burlarse de su valentía. La sombra del árbol era densa y amenazante, como si intentara absorber toda la luz a su alrededor. Con determinación, se aferró más a su arco, sintiendo la tensión en sus músculos y el latir acelerado de su corazón. Sin pensarlo dos veces, tomó una de sus flechas, la posicionó con firmeza en su arco y respiró hondo, concentrándose en su objetivo.

Sus ojos se fijaron en un extremo del tronco, donde una hendidura parecía invitar al ataque. Con un grito silencioso que resonaba en su interior, dejo que la flecha saliera volando a toda velocidad. El proyectil cortó el aire con precisión y, al impactar con la corteza del árbol, produjo un sonido sordo que hizo caer unos cuantos fragmentos de madera al suelo. La pequeña avecilla, que había estado observando desde las alturas, no pudo evitar la oportunidad. Con valentía, se lanzó en dirección a la herida del tronco, picoteando con fervor para causar más daño.



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En el texto hay: maga, magiaoscura, magas

Editado: 15.02.2025

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