Prisco.
Qué belleza.
Qué hermosura.
Qué joya tengo frente a mis ojos.
Por fin.
Por fin dejaré de transportarme en los malditos taxis.
Mi nueva adquisición yace estacionada frente a mi, estacionada en el cajón designado a mi departamento en el estacionamiento privado del edificio. Se terminaron los estúpidos aventones, se terminó tener que caminar a todos lados.
Al fin algo bueno después de tantas mierdas los últimos días. Y hablando de mierda…
Mi teléfono suena en mi bolsillo.
Es Matías.
Desvíe la llamada por puro instinto, justo en el momento en el que la Jeep de Ellen entro al estacionamiento, directo a u cajón destinado.
De ella descendieron tres personas; La propia Ellen, Peter bajo del copiloto, y la señora que supuse es la madre de Peter.
Por alguna perra, estúpida razón me molesta que Peter sea quien ocupe ese maldito lugar.
Guardo las llaves de mi nueva propiedad esperando que los tres noten mi presencia y se acerquen para poder restregarles mi nueva adquisición. Espero que ella gire la cabeza hacia mi, no obstante, no se que le dice a la madre de Peter, me mira un segundo, y camina hacia las escaleras del estacionamiento junto a ella. .
¿Ya es todo? ¿Me va segur ignorando como si no existiera?
Peter se acerca, y yo trato de que no me importe.
Alce los brazos en el momento en que Peter fijo la vista en el nuevo amor de mi vida.
—¿Una moto?
—Así es. Es hermosa ¿No lo crees?
—Creí que harías lo que Sabrina te pidió y comprarías algo que si necesitas.
Bajé los brazos.
Como siempre tiene que arruinarlo todo. Maldita sea.
—Lo hice, no es mi culpa que tu limitado cerebro no sepa para que funciona una motocicleta.
Peter rodó los ojos, y se cruzó de brazos y me miró muy serio.
—Creí que no tenías dinero.
—Ya. ¿Me vas a cuestionar todo lo que hago cono siempre o quieres ver como doy una vuelta?
—Después. Ahora tengo que subir con mi madre.
Bufe.
Al fondo del estacionamiento, Ellen y la madre de Peter lo esperan, ajenas a nuestra conversación.
—Últimamente pasas mucho tiempo con ella—escupí.
—Esta ayudando a mi madre, Prisco—explicó—. Ese día que nos arrestaron me preguntó porque había hecho lo que hicimos y me prometió que me ayudaría.
—Es una lame botas, es lo que es.
La sigo detestando con todo mi ser.
Ajá.
—Como sea—deshizo el cruce de sus brazos, miro hacia su madre y después a mi—. Me alegro por ti, que bueno que pudiste comprarte algo para moverte.
—Lo sé, por fin esta dando frutos todo mi trabajo, todos estos meses soportando a Julián ha valido la pena—me regodee—. Por cierto, esta noche es la fiesta de lanzamiento. El imbécil de Julian lleva aplazando las tomas para el demo principal, pero ya ni siquiera me importa. Mañana sale mi disco, mañana piso la cima del éxito.
—Felicidades por eso también—dijo formando una sonrisa—. Al menos tu si puede cumplir tus sueños.
Quise reírme. De verdad.
No es que no sea mi sueño que mi primer disco salga en unas cuantas horas. Lo es, claro que si. Lo que me molesta es que no tuve control de absolutamente nada referente a él. Las canciones son lo que quería, sí, pero no como yo quería. Y el concepto visual de la portada… me sigue dando rabia que no me dejaran ni presentar mi idea.
—Sí, como sea. La fiesta es a las ocho, en el estudio.
Peter asintió.
Iba a decir algo, no obstante, mi teléfono volvió a sonar con una estúpida llamada de Matías.
Me tense por completo ¿no entiende que lo estoy ignorando o de plano es tan estúpido?
—Tengo que ir con mi madre—dijo Peter señalando a su mamá—. Nos vemos en el estudio, felicidades otra ves.
—Sí, si— respondí la estúpida llamada mientras Peter Caminó hacia su madre y los tres desaparecía por las escaleras—¿Qué quieres Matías?
—Hasta que respondes, Prisco.
—Ve directo al grano.
Soltó un suspiro por el auricular.
—¿Dónde estas? Necesito hablar contigo en persona.
—Di lo que tengas que decir ya. Me estas cansando.
—No te lo puedo decir por teléfono, debemos ser cuidadosos ¿Vale? ¿O quieres que se repita lo de la llamada equivocada a Ellen?
Como me caga que saque al tema a esa esquizofrénica.
—Te espero en el estacionamiento de mi edificio.
Colgué de inmediato sin darle tiempo a responder.
La siguiente media hora espere sin moverme de mi lugar. Recargue todo mi peso en un auto a un lado de mi motocicleta, esperando que el idiota de Matías aparezca en el estacionamiento.
Afortunadamente no tardó mucho, lo vi entrar con esa horrible camisa de rayas de colores que tanto odio, y un bolso de gimnasio colgando en su hombro como si viniera del gimnasio.
—¿Qué quieres?
—Ya resolví lo de la amenaza de Ellen—dijo.
—¿A que te refieres?
—A que hablé con mi jefe, le dije que Ellen no tiene nada que ver con esto, que ella ni siquiera sabe sobre nuestros movimientos
—Aja y ¿quieres que te aplauda por hacer lo que debiste hacer desde el principio?
—No Prisco. Pero tenemos que hacer algo a cambio. Si hacemos este último trabajo, tal y como nos lo diga, nos va dejar en paz a los tres.
—¿A los tres?
—Ellen, tu y yo—aclaró—. Yo también quiero salirme de esto,—murmuró.
—Ya. ¿Y qué es lo que tenemos que hacer?
Matías sacó un paquete enorme de su bolso de gimnasio. Un paquete envuelto en cinta canela qué evidencia su contenido y no hay que ser muy listos para saber que se trata de droga.
Tome el paquete en mis manos. Varios kilos de polvo blanco.
—¿Cuándo y a donde?
—Mañana, al otro lado de la ciudad.
—¿Quieres mover cuatro kilos de cocaína al otro lado de la ciudad? ¿En plena luz del día lleno de tránsitos y policías por la calle?
—Lo vamos hacer en la madrugada—me lo quito y lo volvió a guardar—. Conseguiré un auto sin placas para poder movernos sin problema, y un contacto en la policía me dará la información de en que zonas de la ciudad hay patrullaje nocturno para evitarlas.
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Editado: 13.10.2026