Alena Smirnov nació en Minsk, Bielorrusia, el 24 de enero de 2006. Su infancia transcurrió entre tocar la guitarra y juegos en el parque con sus dos amigas. Sin embargo, a medida que crecía, Alena se convirtió en una típica "chan" de Internet, pasando horas navegando por foros y redes sociales, admirando a sus bloggers favoritos y compartiendo memes con sus dos amigas en línea. También era una apasionada de los videojuegos y la música, especialmente de la banda NRM. A los 13 años, la vida de Alena dio un giro inesperado. Sus padres, con un nudo en la garganta por la reacción de su hija, le anunciaron que se mudarían a Estados Unidos. La noticia la golpeó como un trueno. Dejar atrás su hogar, sus dos únicas amigas, su idioma, todo lo que conocía, le llenó de una decepción que no podía explicar.
La nueva vida en Estados Unidos fue un torbellino de emociones. El idioma le sonaba como un idioma alienígena, la cultura Americana le parecía algo extraña y la soledad la carcomía por dentro. Sin embargo, con el tiempo, Alena aprendió a adaptarse. No hizo nuevas amistades, pero aprendió el idioma y se acostumbró a la vida en un país tan diferente al que había dejado atrás.
A principios de 2024, Alena comenzó a experimentar un cambio inquietante. Pensamientos oscuros, retorcidos, se apoderaron de su mente. Imágenes de violencia, sufrimiento y muerte la atormentaban sin cesar. Una sonrisa malvada se dibujaba en su rostro, pero la desaparecía rápidamente, dejando tras de sí un vacío de confusión y extrañesa. Se preguntaba, ¿por qué estos pensamientos? ¿De dónde provenían? Nunca antes los había tenido.
Un día, mientras escuchaba en su computadora el caso de Jeffrey Dahmer, Ted Bundy y Neve Lawton, la puerta de su habitación se abrió. Era su madre, quien le dijo en bielorruso:
Madre: Алёна, дарагая, ты можаш мне дапамагчы прыбраць гарышча? (Alena, mi querida, ¿puedes ayudarme a limpiar el ático?)
La joven se quitó los auriculares y respondió:
Alena: Так, мама, вядома. (Sí, mamá, claro.)
El ático era un laberinto de cajas polvorientas, muebles viejos y telarañas. Alena se puso a trabajar con entusiasmo, deseando terminar pronto la tarea. De repente, su madre bajó por un momento y Alena, distraída, dejó caer una caja al suelo. La caja se abrió de golpe, esparciendo su contenido por el suelo.
Alena: Дзярмо... (Mierda...)
Murmuró, haciendo un puchero.
Al agacharse para recoger las cosas, sus ojos se posaron en un diario y un montón de periódicos viejos. Parecían provenir de la Gobernación de Minsk, con fechas que iban desde 1899 hasta 1919. Los titulares eran escalofriantes: "Asesinato Brutal en Minsk", "Misterioso Caso de la Mujer Desaparecida", "Crimen Atroz en el Bosque". Alena leyó con atención algunos de los artículos, impresionada por la crudeza y la explicitud de las descripciones. Cada palabra pintaba una imagen vívida en su mente.
Luego, vio unas fotos de una joven, muy parecida a ella. En la parte de atrás de las fotos, estaba escrita la fecha: 1907.
Alena: Хто яна? (¿Quién es ella?)
Se preguntó, observando cada foto con detenimiento. La joven de la foto tenía sus mismos ojos, su misma nariz, su misma sonrisa. Era como si se viera a sí misma en un espejo del pasado.
Mientras estaba a punto de guardar las fotos en la caja, notó algo debajo de ellas. Era un objeto envuelto en una tela oscura. Alena lo destapó con cuidado y descubrió una daga de plata, con el nombre "Ilyena Smiertel" grabado en la empuñadura. La joven se quedó impactada. ¿Qué hacía una daga con el nombre de su bisabuela en una caja llena de periódicos sobre crímenes? Donde aparentemente no se había encontrado al asesino. ¿Había alguna conexión entre su bisabuela, la daga y los asesinatos?
Luego de eso, la curiosidad picando en su mente, se fijó en un diario que tenía unas ataduras de cuero. Lo tomó con cuidado y lo examinó por ambos lados. Intentó desatarlo, pero las cuerdas estaban muy apretadas. Frustrada, tomó la daga de plata y con cuidado, cortó la soga. El diario se abrió de golpe, liberando una nube de polvo que la hizo toser con fuerza, más de cinco veces seguidas.
Al recuperarse, Alena se fijó en las hojas amarillentas y desgastadas del diario. En la primera página, con una caligrafía elegante, estaba escrito el nombre de su bisabuela: Ilyena Smiertel. Debajo, la fecha: 1907.
Con la respiración entrecortada, Alena comenzó a leer:
"Han pasado ocho años desde mi primer y último crimen. Ocho años de silencio, de espera. La sed de sangre se ha intensificado, pero he sabido controlarla. Hasta ahora. Esta noche, la luna llena iluminará mi obra maestra. La víctima, una joven llamada Anya, se ha convertido en mi nuevo juguete. Su inocencia, su fragilidad, me excitaron. La he seguido durante semanas, estudiando sus movimientos. La he atrapado en un callejón oscuro, donde nadie podrá oír sus gritos. La daga, mi fiel compañero, ha hecho su trabajo. La sangre caliente ha manchado mis manos, pero no siento asco, solo satisfacción y diversión. He disfrutado cada segundo de su agonía, cada gota de sangre que ha brotado de su cuerpo. ¡Oh, Anya, qué dulce fue quitarte la vida! ¡Hahahahahahahaha! Ahora me voy al teatro con Bertram, mi amado. ¡Hahahahahaha! ¡Soy una psicópata que disfruta matar a otras personas! ¡Una maestra del engaño! ¡Una reina de la muerte!"
Alena cerró el diario de golpe, impresionada. Su bisabuela, la mujer que nunca había oído hablar, era una asesina. Una asesina despiadada que disfrutaba de la muerte. ¿Cómo era posible? ¿Cómo nunca sus abuelos ni nadie de la familia se lo había contado?
Alena: Цяпер я разумею, чаму мая бабуля ніколі не хацела гаварыць пра сваю маці. (Ahora entiendo por qué mi abuela nunca quiso hablar de su madre.)