Metalord Neo Revolution

CAPITULO 27

[VOLUMEN 1]: Rearme

La magia de agua era ejecutada por brujas con afinidad en dicha categoría elemental, o mediante el uso de cristales elementales celestes imbuidos con energía de ese mismo atributo; su propósito táctico era extinguir los focos ígneos residuales tras la batalla, evitando que el fuego se propagara hacia la densidad forestal.

Las brujas toleraban el hedor que comenzaba a impregnar el aire debido a los más de 200 cadáveres pertenecientes a los forajidos derrotados; algunos cuerpos permanecían íntegros, otros carecían de extremidades, secciones del torso o del rostro, y varios eran irreconocibles, reducidos a fragmentos dispersos de restos orgánicos en una escena tan cruenta como vomitiva.

La mayoría fue eliminada por las incontables explosiones, quedando dispersos en un área amplia del bosque; abandonar tal cantidad de cadáveres causaría un impacto biológico crítico, que abarcaba desde la atracción masiva de monstruos carroñeros forestales hasta la alteración química del suelo por la descomposición masiva, lo que dañaría la vegetación y crearía una zona tóxica propensa a generar focos epidemiológicos. Múltiples eran las variables de riesgo si se permitía que tal acumulación de cuerpos se degradara en la naturaleza.

El plan táctico consistía en requisar de los cuerpos todo objeto de valor y agruparlos con extremo cuidado; los restos irreconocibles serían incinerados, mientras que los cadáveres más íntegros se trasladarían a los pozos de nitrificación para la producción futura de salitre.

Naya, la comandante de la guardia de Windaz, observaba en silencio, aún perpleja, el resultado de tal enfrentamiento; una batalla donde el enemigo los superaba ampliamente en efectivos, combatientes experimentados y armamento tanto ordinario como mágico. Para cualquiera en su posición, la lógica militar dictaba una derrota aplastante.

Sin embargo, allí contemplaba los restos inertes y dispersos de las numerosas fuerzas de aquellos organizados forajidos que amenazaban la seguridad y prosperidad del aquelarre; ese pequeño ejército que casi habría erradicado Windaz había sido neutralizado y, para mayor sorpresa, el aquelarre no registró ni 1 sola baja en el combate.

—«Todo esto fue gracias a él… al sangre de bruja, no… a la División Metalord» -fue el sincero pensamiento de la fornida bruja morena.

Observó al grupo de 15 jóvenes brujas junto a la suboficial Aleza, quienes manifestaban con regocijo su victoria mientras ejecutaban un mantenimiento rápido a sus mosquetes; cerca de ellas se encontraba aquel niño de 10 años, la mente maestra detrás de tales creaciones y de las inusuales tácticas empleadas que brindaron la contramedida perfecta ante un enemigo que los superaba ampliamente.

—«¿Quién eres realmente, Zaswell Drayt? Todo este conocimiento que posees… ¿es acaso una bendición de los sangre de bruja? Todo lo que me dijeron sobre ellos durante este tiempo… Haingis… el primer hogar de las brujas mencionado en los relatos… esto es confuso» -expresó la propia Naya en su fuero interno, intentando en vano asimilar la relación entre dichos elementos.

La bruja de cabellera de un inusual morado oscuro, lentes y pecas en las mejillas, peinada con 2 coletas, Mornah, se acercó a Zaswell para transmitirle un mensaje confidencial que le susurró al oído como una mensajera personal.

—¿Lo has confirmado? -preguntó él en voz baja.

—Por desgracia, lo estoy presenciando en este momento; los forajidos se retiran, pero algo más grande se aproxima al aquelarre… -advirtió con rostro severo mientras se acomodaba las lentes.

[–––––––]

Un búho de plumaje tricolor, blanco en la zona superior, marrón en la inferior y azul como patrón en las puntas de las alas, sobrevolaba los alrededores adentrándose en el bosque, a una distancia de varios cientos de metros. Aquella ave emitía una sutil y casi imperceptible firma mágica de naturaleza mágica; su patrón de comportamiento consistía en detectar y registrar con fijeza cualquier movimiento táctico en el área.

Entonces observó a una persona de unos 40 y tantos años, de largo cabello blanco acompañado de una barba, desplazándose mediante magia de atributo viento para impulsarse; esto revelaba su condición de mago, y uno muy hábil en su especialidad para maniobrar a través de la densa vegetación.

¿Qué hacía un solitario mago de tal edad en el bosque? Estaba claro que pertenecía a los forajidos y la dirección en la que se desplazaba era hacia el pueblo; sin embargo, resultaba inverosímil considerar que un único mago pretendiera entablar combate en tal inferioridad numérica tras la derrota de sus fuerzas.

Entonces lo notó: algo detrás de él lo perseguía, algo grande, pesado y colérico, que alcanzaba los 310 centímetros de estatura y poseía un torso tan robusto como masivo, con hombros extremadamente anchos. No presentaba la musculatura definida de un atleta, sino una densidad pesada, tosca y brutal, con una barriga prominente pero dura como la roca.

Se trataba de una criatura a la que se le había equipado una pechera blindada acorde a su envergadura, junto con un yelmo que cubría su rostro y protegía la parte superior de la cabeza, dejando al descubierto orificios para su boca, nariz aplastada y sus ojos de un verde brillante y rojo intenso. Sus extremidades inferiores y superiores estaban acorazadas con protecciones improvisadas de metal, de una calidad inferior a la de la pechera, aunque no por ello menos funcionales.

Existe un nombre para este tipo de monstruosidades: un ogro. La presencia de un collar en el espécimen blindado revelaba que había sido convertido en un monstruo de combate, un procedimiento con una tasa de éxito considerablemente baja. La criatura, con las fauces maculadas por un rastro de sangre fresca, perseguía al mago veterano, quien le superaba en términos de velocidad y destreza de desplazamiento.




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