Metalord Neo Revolution

CAPITULO 28

[VOLUMEN 1]: Rearme

—Hora del espectáculo principal… je -sentenció Zaswell, retirando la gruesa tela que envolvía el arma.

La nueva pieza de combate medía 220 centímetros de longitud, a diferencia de los 150 centímetros de un mosquete estándar, y su peso oscilaba entre 24 y 30 kilos frente a los 4 o 5 kilos del mosquete. Mientras que un mosquete convencional empleaba munición cónico-ovalados de calibre .58 (14,7 mm), este diseño utilizaba una versión de esa munición cónico-ovalada, pero de calibre 1.20 (30 mm).

En términos simples, constituía una variante sobredimensionada y potenciada del mosquete estándar, optimizada y equipada para ejecutar disparos devastadores.

—“Gran mosquete” -resumió Zaswell para bautizar el arma —«Un mosquete de la línea que utilizamos, convertido en una variante antimaterial» -fue el diseño final en mente.

Fiel al diseño operativo de los fusiles antimaterial, la diferencia fundamental respecto a una pieza de cañón radica en su propósito táctico, vector de disparo y movilidad. Un cañón posee mayor poder de fuego destructivo, pero exige un despliegue logístico especifico y una movilidad limitada, operando con disparos de trayectorias curvas o parabólicas para batir estructuras o causar daños de área. En contraste, un mosquete elevado al nivel de un fusil antimaterial, puede ser transportado de forma óptima por un equipo de 2 a 3 personas, y está diseñado para concentrar toda su energía cinética en un único blanco mediante disparos tensos en línea recta.

Los mosquetes Windaz 01, que disparaban balas Minié, poseían un alcance efectivo de aproximadamente 300 a 450 metros y un alcance máximo de hasta 900 metros. El Gran Mosquete, por su parte, contaba con un alcance efectivo de 800 a 1200 metros y un alcance máximo estimado entre 2500 y 3500 metros.

Esta variante incorporaba una baqueta de 195 centímetros. Al restar 35 centímetros de la culata y el mecanismo de disparo a los 220 centímetros totales del arma, la longitud neta del cañón quedaba en 185 centímetros; de este modo, la baqueta requería esos 10 centímetros adicionales para sobresalir por la boca del cañón al tocar fondo. De lo contrario, el tirador no podría empujarla por completo ni retirarla sin meter los dedos dentro del peligroso tubo.

Dado el descomunal calibre empleado en su diseño, el retroceso de los disparos garantiza ser brutal. Para contrarrestar su fuerza, el arma había sido equipada con un bípode replegable en la parte delantera del cañón. Al asentarse firmemente contra el suelo, el soporte optimizaría y absorbería el inmenso impacto de la detonación.

—Es… bellísima… -Naca hundía las manos en sus mejillas, experimentando una admiración casi religiosa ante tal creación.

Zaswell empezó a impartir las órdenes a la división de fusileras para posicionar la pieza. Un equipo de 3 operadoras, entre las que se contaba Aleza, tomó una munición de calibre 1.20. El propio Zaswell se encargó de verter en el interior del cañón la precisa cantidad de pólvora negra, así como en la cazoleta; luego, introdujeron en el plano de carga el proyectil cónico-ovalado y, mediante la baqueta, empujaron todo hasta el fondo del tubo.

—«Esta pieza está diseñada para brindar potencia en bruto; sin duda su poder es considerable, pero no podemos permitirnos un margen de error» -evaluó Zaswell para sus adentros —«El disparo de esta pieza tomaría entre 1 y 2 minutos de recarga. Entre enfriar el cañón sobrecalentado, limpiar la suciedad que se genera en su interior, volver a dosificar la pólvora y empujarla junto a la munición...» -Calculo todo el margen de tiempo como un riesgo que debía calcular con fría precisión en el campo de batalla.

El Gran Mosquete no constituyó un desarrollo original del reencarnado Zaswell, sino que este tomó como referencia un arma real de la Tierra: los fusiles de muralla, estas eran armas reales de pólvora negra a gran escala desde el siglo XVI hasta el siglo XIX, diseñadas con dimensiones de más de 2 metros y calibres de 30 mm para actuar como puentes entre el fusil de infantería y el cañón de artillería. Su diseño estaba destinado a la defensa de castillos y fortalezas, operándose apoyado sobre los parapetos de piedra de las murallas para detener asedios.

El arma no podía ser disparada de pie; fue desplegada en el suelo, con su trípode de acero anclado firmemente. Aleza adoptó la posición de tendido, apuntando con los ojos fijos en el monstruoso gigante.

—¡Aquí viene! -advirtió una fusilera.

El ogro blindado de 310 centímetros emitió un gruñido de cólera y cargó empuñando el árbol que improvisó como garrote, avanzando en dirección hacia la posición donde se había desplegado el Gran Mosquete. Zaswell ordenó despejar el sector adyacente a la boca del arma y posicionarse estrictamente detrás del tirador.

La monumental criatura acortaba las distancias a cada paso. Aleza, respirando profundamente, mantuvo la calma; cuando el rango que los dividía se redujo a tan solo 15 metros, la fusilera presionó el disparador. Un estruendo violento se desató, audible con total claridad incluso para aquellos situados a docenas de metros del perímetro. Un fogonazo reluciente salió eyectado de la boca del cañón, acompañado de una densa e instantánea cortina de humo negro.

Antes de que el eco de la detonación terminara de expandirse, el masivo proyectil cónico-ovalado del Gran Mosquete interceptó el pecho del ogro. A esa distancia mínima, la gruesa coraza de placas improvisadas que había repelido el fuego de los fusiles convencionales no ofreció resistencia real.

El impacto transfirió una energía cinética titánica en el primer segundo, forzando a la criatura a soltar el garrote arbóreo. El proyectil penetró con una capacidad destructiva demoledora, perforando y dejándole un agujero al objetivo. En ese instante, la pechera adaptada a su densa biología actuó en su contra, desencadenando un fenómeno de espalación o fragmentación por impacto.




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