Mi Ex es mi cuñada

CAPÍTULO 2 – El cuarto del segundo hijo

Villiers Hall | Día 1 | 4:30 PM | POV: Ramiro Villiers (RY)

Cruzamos el umbral de la entrada principal y el aire de la estancia se siente tan pesado como el plomo.

Mi madre nos espera en el centro del salón grande. Viste un vestido negro cerrado hasta el cuello, rígido, como si estuviera de luto por mi regreso. No hay abrazos. No hay un «qué bueno verte». Solo clava sus ojos de piedra en mi valija gastada de cuero viejo.

—Ramiro.

—Madre.

Esteban se acomoda a su lado con una sonrisa de suficiencia, manteniendo a Lucía prendida de su brazo como si exhibiera un trofeo de caza. Mi madre da un par de aplausos secos y cortantes. El eco resuena en las paredes de mármol.

—Los cuartos ya están asignados —anuncia, dándome la espalda—. Síganme.

Caminamos por el pasillo largo del ala oeste, donde los retratos de los Villiers muertos nos vigilan desde las alturas. Se detiene frente a una puerta estrecha y la abre de par en par.

Es un cuarto chico. Una cama simple con sábanas ásperas, un ropero de roble viejo que cruje y una ventana diminuta que solo da a los establos. El olor a humedad me golpea la cara. En el bolsillo de mi saco de tweed aprieto los puños; este lugar huele a abandono puro.

—Este es tu lugar, Ramiro —sentencia mi madre, mirándome como a un estorbo—. El de siempre. El que le corresponde al segundo hijo.

Se da la vuelta de inmediato y abre la puerta de enfrente. El contraste es un insulto a mano abierta.

Es una habitación enorme, tres veces más grande que la mía. Una cama matrimonial con dosel, dos ventanales que inundan todo de luz dorada y un mapa gigante de Villiers Hall dominando la pared principal. Las cinco mil hectáreas de la estancia están delimitadas con precisión quirúrgica, y arriba, el nombre de ESTEBAN VILLIERS resalta escrito con una tinta nueva, brillante y dorada.

El heredero. El dueño.

—Y este es el tuyo, Esteban —continúa mi madre, y su voz se suaviza con un orgullo que jamás usó conmigo—. Para ti y tu futura esposa. Acá adentro se va a gestar el futuro de nuestra familia.

Esteban suelta una carcajada limpia, entra al cuarto y se tira en la cama grande con los zapatos sucios de barro, adueñándose del espacio.

—Gracias, madre. Te quedó chico el mapa, ¿eh? —se burla, mirándome de reojo.

Lucía entra detrás de él, arrastrando la cola de su vestido lila con la elegancia de una víbora. Se acerca al mapa, acaricia la superficie del papel justo donde está el nombre de mi hermano y luego gira la cabeza. Me mira a mí, que sigo congelado en el pasillo.

Aprovechando que mi madre se adelanta, Lucía se inclina hacia la puerta. Su perfume a jazmín me invade de golpe. Me susurra al oído, tan bajo que el aire me raspa la piel:

—¿Ves, Ry? Vos en la sombra, en el cuarto chico. Nosotros en la luz, en el grande. Así va a ser el resto de tu vida.

No le respondo. No voy a morder el anzuelo.

Doy un paso atrás, entro a mi calabozo y cierro la puerta en sus caras. Dejo caer la valija en el piso de madera crujiente. Escucho sus risas del otro lado de la pared, apagadas pero constantes.

Sé perfectamente a qué juego están jugando. Quieren quebrarme antes de la boda.

Pero se equivocan. Acá adentro, entre estas cuatro paredes frías y con el olor a humedad metido en los pulmones, es donde voy a empezar a planear cómo prenderle fuego a su maldito imperio.

NOTA DEL AUTOR: ¡Qué bronca me dio la madre! 😤🐍 ¿Qué opinan de cómo trataron a Ry? ¿Creen que Esteban y Lucía se merecen un buen escarmiento? ¡Dejen su voto (⭐️) y comenten si quieren el Capítulo 3 ya mismo




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