Mi Ex es mi cuñada

CAPÍTULO 3 – El lugar que elegí

Villiers Hall | Día 1 | 9:00 PM | POV: Ramiro Villiers (RY)

La mesa principal del comedor ya está puesta. Hay cubiertos de plata y vajilla fina de porcelana, pero el brillo es una mentira. Solo hay cuatro platos.

Mi madre preside la cabecera con su rigidez de siempre, como una estatua de hielo. En el otro extremo se ubica Esteban. Lucía ya está sentada a la derecha de mi hermano, acomodando los pliegues de su vestido lila, pero mantiene una silla vacía justo a su lado. La mía.

El ambiente se inunda de ese jazmín caro que ahora solo me revuelve el estómago. Ella me dedica una sonrisa cargada de intenciones.

—Ry, acá —dice Lucía, palmeando el asiento con suavidad—. Al lado mío. Como antes.

Antes. Hace tres años, cuando yo era el idiota que se desvivía por una migaja de su atención.

Miro la silla vacía. Luego dirijo la vista hacia el fondo del comedor, cerca de las sombras del pasillo de servicio.

Ahí está Elisa. Sigue vistiendo su ropa humilde y desgastada. Mantiene sus manos desnudas apretadas contra la falda, intentando volverse invisible. Mi madre ni se molestó en mandar a poner un plato para ella; la dejó de pie, como si fuera una sirvienta más.

—No —digo, y mi voz seca rebota en las paredes altas.

No pienso volver a ser el perro faldero de Lucía.

Camino decidido, agarro el respaldo de la silla vacía y la arrastro con fuerza. La madera chilla contra el piso pulido con un crujido violento, rompiendo el aire tenso del comedor. La llevo hasta el fondo y la coloco justo al lado de Elisa.

—Acá —sentencio—. Yo me siento acá.

Un silencio de tumba cae sobre la mesa. Mi madre me clava una mirada cargada de odio, mientras Esteban suelta una risita burlona para disfrazar la incomodidad.

A Lucía se le borra la sonrisa por completo. Su cara de reina soberbia se deforma en una mueca de pura incredulidad. El golpe a su ego fue directo al mentón.

Me siento y le hago un gesto firme a la chica para que ocupe el lugar. Elisa se asusta, mirando de reojo a mi madre, dudando si dar el paso. Cuando por fin se sienta a mi lado, me llega su aroma limpio a jabón de barra.

—Señor Villiers... —susurra aterrada, sin despegar los ojos del mantel.

—Ramiro —la corrijo muy bajo—. Quedate acá.

La cena arranca de la peor manera. Los sirvientes sirven la carne, pero el protocolo es implacable: la bandeja solo pasa por tres platos. A Elisa la ignoran por completo. La quieren humillar por hambre.

Sin dudarlo, agarro el pan de mi plato, lo parto a la mitad haciendo crujir la corteza y le pongo el trozo más grande directamente en sus manos.

—Comé —le ordeno con voz suave.

Desde el otro extremo de la mesa, Lucía me clava los ojos desorbitados. Está furiosa porque la desprecié delante de todos. Aprieta el tenedor con tanta saña que los nudillos se le ponen blancos. Me sostiene la mirada, exigiéndome con puro veneno que vuelva a su lado, que me disculpe.

No le doy el gusto. Ni me inmuto. Sé que cada segundo al lado de Elisa es una bofetada a su orgullo.

En lugar de ceder, estiro mi mano por debajo de la mesa. Busco la mano fría de Elisa y la envuelvo por completo con la mía. Piel con piel. Sin guantes.

Acá, en esta casa de apariencias, tocar a la desheredada es una declaración de guerra.

Le aprieto los dedos para obligarla a dejar de temblar. Elisa me mira de reojo con los ojos miel abiertos por la sorpresa. Y por primera vez, el miedo en su rostro empieza a convertirse en algo más.

NOTA DEL AUTOR: ¡Qué jugada de Ry en la mesa! 🔥 ¿Cómo les quedó el ojo a Lucía y a la madre? 💅🏼💀 ¿Qué creen que va a hacer Lucía después de este rechazo frente a todos? 💬 ¡Dejen su voto (⭐️) y comenten para el Capítulo 4!




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