Mi guardaespaldas

Capítulo 3

Alexis siempre fue una chica poco femenina. Cuando era pequeña, seguía a Peter a todas partes, lo que la llevó a juntarse con sus amigos y jugar a juegos de chicos, en lugar de muñecas, como las demás niñas.

Cuando su padre abrió la academia de artes marciales, ella era una de las mejores alumnas. Nunca en su vida intentó ser coqueta. Había aprendido a vivir como un chico y no le gustaban las cosas de chicas. Por eso, muchas veces su hermano se quejaba, diciendo:

— Déjate crecer el pelo y compórtate un poco como una chica. Nos confunden.

Lo único que le quedaba era estudiar el comportamiento masculino y ensayar para poder hacer más grave su voz cuando tuviera que hablar como Peter, aunque sabía, por lo que ya le había dicho Teo que no tendría que hablar mucho. La falta de vello tenía una explicación, ya que había hombres que eran poco velludos pero en lo que tenía que fijarse era en el pecho. Puede que fuera delgada y estuviera en forma, pero tenía un pecho que le complicaría las cosas y tenía que tapárselo.

Alexis pasó los días que le quedaban hasta el lunes entre el hospital y su casa, ensayando su transformación en hombre. Compró vendajes con los que se apretaba el pecho y ensayaba movimientos y la forma de andar de un hombre frente al espejo. Hablaba una y otra vez para trabajar su voz y se grababa con una grabadora. Cuando pasaba por delante de un espejo, se fijaba en sus expresiones.

El domingo por la tarde fue al hospital. Su madre estaba tumbada en dos sillas, pero en cuanto la vio, se levantó. Alexis empezó a comportarse como un hombre y su madre sonrió con aire cansado.

— Parece que has trabajado mucho en casa. Hija, ¿crees que lo conseguirás? No es fácil ir en contra de tu naturaleza.

— Sabes que mi naturaleza es un poco confusa. Desde pequeña me comportaba más como un chico que como una chica. No te preocupes, todo irá bien. Tú cuida de ti misma y de Peter, y vuelve a casa a descansar. Aquí están las enfermeras.

Alexis se acercó a su hermano y le dio un beso. — Que te mejores pronto, te estamos esperando.

Al día siguiente, Alexis se puso el traje de su hermano, al que le había arreglado los pantalones el día anterior junto con otros pantalones de Peter, ya que le quedaban un poco grandes. Se miró en el espejo, se puso las gafas de sol de su hermano, respiró hondo y salió de casa con el carné de identidad de Peter en su cartera de hombre.

En cuanto Teo la vio, se levantó de su escritorio. La saludó y cerró la puerta tras ella.

— Siéntate. ¿Quieres tomar algo?

Alexis negó con la cabeza.

Teo se sentó en el escritorio frente a ella y la observó con curiosidad.

— Vaya, no pareces una mujer. A partir de ahora no debes dejar que nadie se dé cuenta de que eres mujer. De lo contrario, causarás problemas tanto para ti como para mí. Ten cuidado de no cometer ningún error que te delate.

A partir de ahora serás Peter hasta que él pueda volver. De ésta manera podré ayudarte.

Hablaron con Teo de todo lo que necesitaba saber sobre Ayden. Tenía treinta y cinco años y era el hijo de Simon Chase. Había cursado estudios y un máster en importantes universidades extranjeras. A los veintinueve años se casó con su entonces novia porque ella se había quedado embarazada. Dos años después se separó y se quedó con su hijo, que por el momento vivía en Estados Unidos.

— No es una persona fácil, no habla mucho y siempre quiere salirse con la suya. Si te pregunta algo responde con pocas palabras para que no reconozca tu voz. Ahora, en lo que respecta a nuestro trabajo, Ayden está en peligro, porque ya han intentado asesinar a su padre, así que ahora que él va a ocupar su puesto, seguro que se volverán contra él. Tienes que estar muy atenta y con los oídos bien abiertos. No te confíes nunca. El coche está blindado, pero siempre debes comprobar que no haya peligro. Sé que tu misión no es fácil, pero la paga está a la altura del riesgo.

Teo le entregó un sobre con información y la dirección donde debía presentarse, y Alexis se marchó a su nuevo trabajo.

•••

Ayden salió del baño y se secaba el pelo con una toalla, mientras llevaba otra atada a la cintura. En breve tendría que irse a la oficina, pero su chófer aún no había llegado.

Cuando sonó el timbre, fue a abrir la puerta. Tenía la toalla, la que hacia un momento la había usado para secar el pelo, alrededor de su cuello.

Era su conductor.

— Buenos días, soy Peter Miller —, dijo Alexis, cambiando el tono de su voz.

— Pasa —. Ayden se hizo un lado para que entrara.

— Puedo esperarlo aquí —, dijo ella.

Ayden se giró y la miró fijamente, y luego dijo enfadado: — Si te digo algo, no lo vamos a discutir. Mi tiempo es muy valioso.

Alexis entró vacilante en la casa, que estaba decorada con un gusto impresionante.

— Puedes sentarte hasta que me vista —, le dijo él, pero Alexis adoptando una postura masculina se quedó de pie frente a la ventana con los brazos cruzados sobre el pecho.

De repente, su móvil empezó a vibrar sobre la mesita. Ayden gritó desde dentro:

— ¿Me lo puedes traer?

Alexis lo cogió y corrió apresuradamente hacia donde había oído la voz.

Ayden la esperaba delante de una puerta con la mano extendida para coger su móvil. Alexis debido al paso apurado resbaló en el suelo llevando consigo la pequeña alfombra y cayó sobre él.

En su intento por apoyarse, se agarró a la toalla que le cubría las nalgas.

Ayden, con su cuerpo escultural, quedó completamente desnudo en el momento en que ella se tumbó a sus pies.



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Editado: 25.10.2026

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