— ¡Eh! ¡Cuidado! — le gritó Ayden, pero ya era demasiado tarde.
Alexis miró aterrorizada la toalla que aún sostenía en la mano, mientras que en la otra el móvil seguía sonando.
Se levantó apresuradamente del suelo y extendió la mano con la toalla hacia él, evitando en la medida de lo posible mirar las partes íntimas de su cuerpo.
— Lo siento —, dijo con su voz ronca de hombre.
Se sentía avergonzada al verlo desnudo, pero pensaba que como hombre eso no debería preocuparle. Él parecía como si todo fuera normal, pero Alexis no pudo soportarlo y giró la cabeza hacia un lado, manteniendo la mano con la toalla extendida hacia él.
— ¿Por qué te comportas así? ¿Acaso no somos hombres? Por lo que he visto en tu expediente, has estado en el ejército —. Su voz la hizo mirarlo con determinación, manteniendo obstinadamente la mirada fija en su rostro para que él no se diera cuenta de su incomodidad.
Sin que le importara estar desnudo, le mostró su otra mano en la que sostenía el móvil. Ella se lo entregó y él le dio la espalda, dejándola disfrutar de la vista de la parte trasera de su cuerpo.
Tenía los hombros anchos y las caderas estrechas, y su cuerpo delataba que pasaba bastante tiempo en el gimnasio.
Alexis notó que le ardían las mejillas.
En su primer día de trabajo, había visto a su jefe desnudo por culpa suya. Su nueva carrera no empezaba precisamente con los mejores augurios.
Mientras él se vestía en el dormitorio, ella esperaba nerviosa en el salón.
— ¡Vamos! — le dijo en cuanto salió y Alexis se levantó de inmediato.
En el coche, Ayden no le dirigió la palabra en absoluto. Estaba concentrado en su móvil navegando por Internet. Ella, de vez en cuando, lo miraba a través del retrovisor protegida por sus gafas de sol.
Ayden era un hombre muy atractivo. Tenía el pelo castaño oscuro y la piel trigueña. Su nariz tenía una ligera protuberancia y sus labios eran carnosos. Sus ojos de un verde intenso eran de otro mundo. En cuanto a la altura, ya se había dado cuenta de que la superaba en más de diez centimetros.
Cuando Teo le entregó el dossier con la información sobre él y su entorno, que Alexis solo tuvo tiempo de hojear, no le había impresionado demasiado su foto. De cerca era mucho más guapo.
Alexis detuvo el coche justo en la entrada de la empresa. Salieron del coche y se lo entregó a otro compañero suyo que esperaba allí, ya que ella tenía que acompañar a Ayden a todas partes como su sombra. Él caminaba delante de ella con paso firme, mientras Alexis observaba cada movimiento a su alrededor.
Cuando salieron del ascensor, dos hombres, uno de edad avanzada y otro más o menos de la misma edad que Ayden les esperaban para darles la bienvenida.
Alexia los observaba.
El hombre mayor tenía el pelo completamente blanco y un bigote y una barba muy bien cuidados. Era delgado y un poco más alto que ella, mientras que el más joven se parecía a Ayden en el tono de piel, salvo por los ojos verdes y era casi de la misma estatura que él. Este tenía los ojos negros.
— Ayden, bienvenido —. El hombre mayor lo abrazó y lo besó. El más joven hizo lo mismo inmediatamente después.
— Gracias, tío.
Alexis se dio cuenta de quiénes eran. No tuvo tiempo de fijarse en sus fotos, pero eran Parker y Steven Chase. Su tío, hermano de su padre. El otro era su primo.
Mientras los tres avanzaban por el pasillo ella los seguía, observando el comportamiento de Ayden. Se mostraba reservado y cauteloso con ellos, lo que significaba que por alguna razón no confiaba en ellos. Tendría que tener cuidado con los dos.
El tío y el primo ntraron en una oficina, pero Ayden antes de entrar, se giró y le dijo: — Espera aquí.
Alexis se quedó de pie junto a la puerta y cruzó los brazos sobre el pecho. Estaba pensando en su madre y en su hermano cuando se dio cuenta de que una chica de la oficina de enfrente la estaba mirando. En esa planta solo había salas de reuniones y los despachos de los altos cargos, por lo que los pocos despachos que había allí eran los de sus secretarias. Alexis la miró con curiosidad. La chica le sonrió. Alexis le devolvió la sonrisa, olvidando que ahora era un hombre y que las chicas ya no le sonreían por amabilidad.
Una rubia simpática bastante más baja que ella se le acercó.
— Hola —. Su voz sonaba alegre.
— Hola —. Alexis se puso seria.
— ¿Eres el guardaespaldas del jefecito?
— Sí —. Alexia intentó evitarla con respuestas monosilábicas, pero la rubia se mostró insistente.
— Yo soy Kate, la secretaria de Steven Chase. Steven es primo de Ayden, ¿sabes?
«Encantado, Kate. Soy Peter Miller —. Se dieron la mano.
— Peter, ¿alguna vez te han dicho que eres muy guapo?
Alexis sonrió y la chica se armó de valor: — ¿Quieres que te traiga algo de beber? Es difícil estar de pie así.
— No te preocupes. Estoy bien —, dijo y volvió a ponerse seria para alejarla, pero sin éxito.
Kate estaba a su lado mirándola como una adolescente enamorada.
La puerta de la sala se abrió y salió Ayden. Sus ojos se posaron en la secretaria y luego miró a Alexis.
— Sígueme —, dijo con tono severo.
Alexis lo siguió cuando él abrió una puerta y entró. Ayden se sentó en un gran sillón detrás de un escritorio enorme y le hizo un gesto para que cerrara la puerta tras de sí.
En cuanto lo hizo, se acercó y se quedó de pie frente a él.
— Supongo que para que te hayan asignado este puesto tendrás algunas cualificaciones que aún no he podido comprobar. Pero yo exijo a las personas que trabajan para mí que sean serias y que no coqueteen durante el horario laboral. La imagen que das se refleja en mí. Si veo que eres irrespetuoso y no te tomas en serio tu trabajo, pediré que te sustituyan.
— Pero yo... — Alexis, que sabía que no podía permitirse perder su trabajo, intentó explicárselo pero él levantó la mano interrumpiéndola.