Cuando llegaron delante de su despacho, Ayden le dijo a Alexis que entrara con él. Ella entró y se quedó de pie, frente a su escritorio, con los brazos cruzados delante de ella. Sin embargo, él le indicó el sofá y le preguntó si quería un café.
Ella rechazó el café y se sentó, pero empezó a sentirse incómoda porque la mirada de Ayden se centraba en ella y le preocupaba que se fijara en algo que no debía. Relleno las cejas con el lápiz, para que se parecieran a las de su hermano, pero no podía retocarse el resto del rostro. Se acarició el flequillo y se lo echó de lado, cubriéndole la mitad de la cara.
— Peter, quiero que sepas que me has demostrado que eres una persona en la que puedo confiar y con talento. A partir de ahora te considero realmente uno de los míos.
— Gracias, pero ese es mi trabajo —, le respondió ella con su voz grave. Intentaba evitar su mirada que por primera vez desde que la conoció sentía que la examinaba con detenimiento.
Llamaron a la puerta y entró la secretaria de Ayden.
— Disculpen, pero ha llegado su cita.
Alexis suspiró aliviada y se puso de pie de inmediato.
— Me voy.
— Sí. Nosotros hablaremos después.
Ayden se levantó también. En su mirada se adivinaba algo parecido a la perplejidad. Alexis le dio la espalda y salió apresuradamente al pasillo para ocupar su sitio junto a la puerta.
Estaba preocupada por la última mirada de Ayden y ni siquiera conseguía distraerse con los besitos que le lanzaba Kate desde el otro lado de la sala.
Ayden se dirigió a su despacho y se sentó en la silla, pensativo. Se sentía extraño al mirar a Peter. Había algo en él que no le cuadraba, como si tuviera algún secreto que no quisiera revelar y por eso siempre se mostraba cauteloso. Su instinto rara vez le engañaba.
Ahora que lo observaba se dio cuenta de que sus rasgos eran muy bonitos, casi femeninos, aunque él intentaba ocultarlos quizá para no llamar la atención. Pero fue en vano, ya que con su belleza había revolucionado a todas las chicas de la empresa y se había convertido en el centro de todas las miradas. Se preguntó si a Peter no le gustaban las mujeres y si eso era lo que intentaba ocultar. Lo había pillado algunas veces haciendo ciertos gestos, no precisamente muy masculinos.
Ayden sonrió aliviado al considerar que había identificado la posible causa de su inquietud, ya que a él no le preocupaba lo que cada uno hiciera en su cama, así que, si ese era el problema de Peter no debía preocuparle. Llamaron a la puerta y su secretaria lo acompañó a su cita en el despacho.
Vadim Chase miró a su alrededor mientras bajaba las escaleras del avión.
— No hay otro lugar como la tierra natal —, pensó.
No le había dicho a nadie la fecha exacta de su regreso, a propósito. Él se había encargado de presentar solicitudes en los hospitales y algunos le habían dado una respuesta positiva. El que finalmente eligió fue el que se encontraba más lejos de la casa de su padre.
Subió al autobús que los llevaría al edificio del aeropuerto.
Su padre era un hombre difícil y quería tenerlo todo bajo control. Sabía que, si se iba a vivir con él, muy pronto se arrepentiría. Así que le pidió a un amigo suyo, con el que había estudiado en el extranjero y que trabajaba en el mismo hospital, que le buscara una casa por allí. Por supuesto, la casa no estaba amueblada, pero contrataría a alguien para que se encargara de la limpieza e iría él mismo a comprar los muebles. Hasta entonces, sin embargo, se quedaría en el hotel.
Sabía que Ayden también había vuelto para hacerse cargo de la empresa y sabía que él ya tenía su propia casa, pero nunca iría a alojarlo allí ya que entre ellos dos nunca habían tenido una buena relación. Ayden desde que era niño consideraba que la culpa del divorcio de su madre con su padre era de la madre de Vadim, algo que no era cierto tal y como le había dicho la propia madre de Vadim antes de morir.
El autobús se detuvo y Vadim, tras esperar a recoger su equipaje, se dirigió hacia la salida.
•••
Alexis corría para llegar al hospital. Quedo más tiempo en el trabajo de lo necesario debido a las reuniones de Ayden y ahora tenía que quedarse solo un rato con su hermano para volver a casa y descansar.
Antes de entrar por la puerta del hospital, no se percató de dos pares de ojos que la miraban desde un rincón de la entrada.
En cuanto Alexis entró, Tymo se volvió hacia Vadim.
— Esta es la hermana del paciente del que te hable. Es idéntica a su hermano y los dos son muy guapos, te lo aseguro. Las enfermeras se pelean por ver quién se encarga de su habitación. La chica, que se llama Alexis, trabaja todo el día y por la noche viene a ver a su hermano y a dar un respiro a su madre. Me pregunto cómo aguanta.
— Depende del trabajo que hace —, dijo el siempre tan sensato Vadim.
— La verdad es que nunca se lo he preguntado. Cada vez que está en la habitación, me siento y la miro. Con eso me basta.
— ¿Tan guapa es?
— Ya la verás de cerca y me lo dirás. Te digo que estamos en un lío. Las enfermeras corren hacia la habitación del hermano y los médicos, hacia la de la hermana.
Vadim se rió: — Creo que estás exagerando.
— Cuando la veas de cerca, me darás la razón. Parece una chica poco femenina, pero es increíblemente atractiva y tiene una sonrisa que te mata —, dijo Tymo con aire soñador.
La descripción de Tymo despertó la curiosidad de Vadim.
Le gustaría ver a esa chica de cerca, pero el encuentro tendría que esperar ya que empezaría a trabajar en el hospital dentro de diez días.