Mi Luna es Mayor & Difícil

14. Un Papá, Un Alfa

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Catherine estaba allí.
Con los ojos brillantes.
Mirando la camioneta frente a ella como si estuviera viendo su nueva vida en formato de cuatro ruedas.

—¿Qué es lo que hay, sopla-mocos? —saludó Johnny a su amigo, dándole un buen apretón de mano seguido de un abrazo con choque de cuerpos incluido.

—Lo de siempre, chupa-viejas —respondió Adrián, con tono burlón, mientras intentaba separarse.

Pero Johnny no lo soltó.
Al contrario. Lo atrajo con más fuerza.

—Sigue con la maldita bromita y te arranco los pelos del culo con pinzas —murmuró entre dientes, la voz ya mezclada con la de Salvatore.

Adrián solo se carcajeó y se alejó para acercarse a Catherine.

—Mucho gusto… soy Adrián, amigo del sopla-potes ese de allá —dijo, señalando con la cabeza a Johnny mientras le extendía la mano.

Catherine lo miró con una sonrisa medio incrédula, pero aceptó el saludo.

—Mucho gusto, Adrián… soy Catherine. ¿Cuánto estás pidiendo por la camioneta? —preguntó directamente, mientras estrechaban las manos.

Adrián se paralizó.

Habían conseguido la camioneta.

Bueno… en realidad, la habían robado del garaje del papá de Johnny y la habían traspasado a nombre de Adrián.

Lo que no habían hecho era… decidir cuánto pedir por ella.

—Él la va a vender por ocho mil —dijo Johnny con una sonrisa tensa, abrazando a Adrián por los hombros, como si lo estuviera usando de escudo humano.

Adrián lo miró con los ojos abiertos como platos, pero sonrió y asintió.

—Sí, eso mismo… ocho mil —repitió, con la sonrisa más forzada que pudo encontrar.

Catherine los miró con el ceño fruncido, pero no insistió.

Se acercó a la camioneta, abrió una de las puertas y echó un vistazo al interior.

—¿Tiene algo malo? —preguntó, inspeccionando con ojo clínico—. Esta camioneta es nueva. No debe tener ni tres años.

Johnny y Adrián se miraron, pálidos.

Sabían de mecánica… pero no tenían ni idea de precios reales de mercado.

Y definitivamente no tenían cómo justificar esa ganga.

—Es que… el pobre —empezó Johnny, con tono exagerado de drama barato— la compró porque pensaba escaparse con su novia.

"Dile que ella lo abandonó… por feo", susurró Salvatore en su mente, con los nervios de punta.

—Y luego… ella lo dejó. Por feo —añadió Johnny, con una mirada brillante de picardía.

Adrián le lanzó una mirada fulminante.
"Te voy a matar", decían sus ojos.

Pero su boca… soltó una carcajada nerviosa, seguida de una actuación inesperada.

—¡Oh, Valeria! ¿Por qué me dejaste? —gritó Adrián, levantando las manos al cielo mientras se apoyaba dramáticamente contra el capó.

Catherine no pudo evitar sentir algo de lástima por el pobre Adrián…
Pero tampoco podía dejar de rodar los ojos ante el nivel de dramatismo de los dos hombres frente a ella.

"Estos son peores que una novela de Univisión", pensó, soltando un suspiro.

Sin duda…
Si fueran actores profesionales, se llevarían todos los premios Óscar.

Entonces Johnny se acercó a Adrián y lo abrazó con la misma intensidad telenovelesca.

—Es por eso que quiere deshacerse de la camioneta… no quiere recordar a esa mujer mentirosa —dijo Johnny, poniendo voz de sufrimiento real.

—Engaño venenoso… dulce trampa que me atrapa… —empezó a cantar Adrián, con lágrimas falsas deslizándose por su rostro.

—Promesas vacías… ya no soporto esta mentiiira —continuó Johnny, apretando más fuerte el abrazo.

—Y ahora solo queda… el sabor amargo de quererte… —se les unió Catherine, entonando la letra con una pasión inesperada.

Johnny se quedó un segundo paralizado.
¿Catherine… cantando con ellos?

Ver esta faceta de ella lo desarmó por completo.

Tenía la voz ronca del que canta en la ducha… y la actitud de quien por fin baja la guardia.

Ahora los tres estaban abrazados como si acabaran de compartir tres litros de tequila y una ruptura en común.

Pero lo cierto era que… estaban completamente sobrios.

Y entonces, como si el universo lo pidiera, los tres inhalaron hondo, llenaron los pulmones…

Y gritaron al unísono:
—¡CORAZÓN EN LLAMAS! ¡FUEGO QUE NO SE APAGA! ¡NO HAY VERDAD… SOLO CENIZAS DE ESTE AMOOOOR!

El trío se quedó un instante en silencio, como si esperaran los aplausos de un público invisible.

Catherine los miró, aún medio incrédula…
Pero también convencida.

No podía creer la ganga que acababa de encontrar.
La camioneta era prácticamente nueva, tenía poquísimas millas…
y estaba a un precio que parecía caído del cielo.

Aunque algo no le terminaba de cuadrar…
estaba demasiado feliz como para buscar la trampa.

Claro.
En su mente, todo tenía sentido:
el dueño despechado, el corazón roto, y mucho dinero para malgastar en su “gran huida romántica”.

Ese mismo día hicieron el traspaso.

Y Catherine se fue, feliz y satisfecha, manejando su nueva camioneta de regreso a la mansión…
sin sospechar que, tal vez, la telenovela que acababa de ver… no era tan real como parecía.

—Uff… esa vieja tuya sí que es perceptiva. Creo que me voy a conseguir una también —dijo Adrián, divertido, mientras observaba junto a Johnny cómo la camioneta desaparecía en la distancia.

La sonrisa de idiota enamorado que Johnny tenía se borró al instante.




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