El periplo de ese libro es una odisea transatlántica total: quedó varado en EEUU, adonde retorné luego e la pandemia. En ese tiempo estuve en Uruguay ya que se podía trabajar online y mi nieta aababa de nacer. Agradezco haber pasado con ella sus últimos meses y haber tenido la posibilidad de rescatar del olvido tantas historias que habrían desaparecido de otra manera. Sentía que le había fallado a mi madre, a ppesar de que le había prometido ocuparme de ordenar ese caos.
Mi posterior mudanza de EEUU a Italia no ayudó para nada y di el libro por perdido durante años. Intenté buscar en mis fotos. Yo pensaba que lo había digitalizado de esa forma casera, pero el texto no apareció. Tampoco mis hermana y algunas amigas de mi madre a las que les pregunte conservaban sus copias.
Pocos años después, retorné a EEUU dos o tres veces para ir vaciando mi casa y tal vez venderla para comprar una en Italia. El libro por fin aparecerió en mi último viaje y quedó guardado a buen recaudo en una de las varias valijas que mi hija y yo fui trayendo con ropa, fotos y papeles que traje de allá y que voy abriendo de a poco.
¡Es un milagro de la memoria que haya resistido tantas mudanzas y fronteras! Ahora, en la pantalla de mi Mac, por fin podré terminar ese rompecabezas que empecé por 2021 con la tijera. La única copia que tengo está entera y, lógicamente, no la quiero cortar.
Mi madre tenía una pluma excelente y una calidez descriptiva imponente, pero al volcar sus recuerdos tendía a mezclar las historias; saltaba de una época a otra, de un drama médico a una comedia de barrio, prácticamente sin anestesia. El resultado fue un rompecabezas caótico donde los párrafos daban brincos incomprensibles en el almanaque.
Hace años, en Uruguay, agarré una de esas copias enteras, me senté a la mesa armada con una tijera y empecé a cortar las diferentes hojas, separando aquellos párrafos que no tenían sentido para reordenarlos sobre la mesa como si fueran las piezas de un puzzle. Quería que su prosa tuviera la estructura que se merecía. Pero, por diferentes razones, en su momento no terminé con esa tarea.
Me importaba más seguir escribiendo los cuentos de mi mdadre antes de que fuera demasiado tarde. Para lo otro, había tiempo, pensé.
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Editado: 18.10.2026