Te vuelvo a escribir porque ha pasado mucho tiempo desde la última vez que lo hice. No sé muy bien por dónde empezar, hay tantas cosas dando vueltas en mi cabeza que me cuesta encontrar la manera de ponerlas en palabras. Estoy un poco nerviosa por todo lo que está pasando, por lo que siento, por lo que he dejado de sentir y, sobre todo, por estar intentando concentrarme de nuevo en aquello que alguna vez fue un sueño.
Quisiera contarte desde el comienzo cómo me sentí cuando empecé a marearme con todo, cuando hasta las cosas más pequeñas parecían pesarme demasiado y ya no sabía si estaba avanzando o si simplemente seguía caminando por inercia. Me costaba entender qué me estaba pasando. ¿Cómo era posible que ya no pudiera continuar como antes? ¿En qué momento seguir se convirtió en algo tan difícil? Y lo más extraño de todo es que, aunque sentía que no podía más, tampoco sabía cómo detenerme. Así que continuaba, un poco perdida, fingiendo que sabía hacia dónde iba.
Quizá por eso vuelvo a escribirte. Porque hay una parte de mí que extraño y que no sé cómo recuperar, una parte que encontraba refugio en las palabras, que podía pasar horas escribiendo sin preocuparse por el tiempo y que sentía una especie de alivio al convertir mis pensamientos en historias. Extraño a esa chica que amaba escribir, que no tenía miedo de abrirse paso entre sus propios sentimientos y que encontraba en cada página una razón para quedarse un rato más con aquello que llevaba dentro.
No sé en qué momento empecé a soltarlo todo. Ni siquiera recuerdo cuándo fue la última vez que escribí sin sentir que tenía que hacerlo bien, sin pensar que debía terminar algo, sin exigirme que cada palabra tuviera un propósito. Antes escribía porque lo necesitaba, porque había cosas que no sabía decir en voz alta, pero que encontraban su lugar cuando las dejaba salir a través de mis manos. Ahora, en cambio, parece que hasta volver a mí misma se ha convertido en una tarea pendiente.
Y aquí estoy, escribiendo otra vez, sin saber exactamente qué quiero decirte, pero con muchas cosas que necesito sacar de mí. Tal vez no haya vuelto porque finalmente encontré las respuestas que buscaba, sino porque me cansé de seguir guardando preguntas. Tal vez escribir sea mi manera de reconocer que algo ha cambiado, que he cambiado, y que todavía no sé qué hacer con todo eso.
No quiero prometerme que esta vez no volveré a desaparecer. Ya aprendí que hay temporadas en las que una se aleja incluso de las cosas que más ama, sin darse cuenta de cuánto las extrañará después. Solo quiero permitirme volver, aunque sea despacio, aunque las palabras no salgan como antes, aunque tenga que conocer de nuevo a la persona que soy ahora.
Porque extraño escribir, sí, pero creo que también extraño lo que sentía cuando lo hacía. Extraño esa libertad de perderme entre mis pensamientos sin sentir que estaba perdiendo el tiempo. Extraño amar algo sin tener que justificarlo, sin convertirlo en una obligación, sin pensar en lo que podría llegar a ser.
Y quizá eso sea lo que estoy buscando en este momento: no volver a ser exactamente quien era, sino encontrar de nuevo esa parte de mí que sabía amar algo sin miedo a dejarse llevar.
Por ahora, supongo que basta con esto. Con volver a escribirte. Con reconocer que estoy confundida, que tengo miedo, que hay días en los que no entiendo ni mis propios pasos y que, aun así, hay algo dentro de mí que insiste en regresar a las palabras.
No sé si he vuelto del todo, pero hoy, al menos, he vuelto a intentarlo.
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Editado: 12.10.2026