Por mucho que me lo negué a mí misma mi barriga siguió creciendo y lo que antes fueron hormigueos y burbujitas ahora se habían convertido en patadas, unas patadas que me hacían recordar que alguien tan chiquitito estaba creciendo dentro de mí.
Nunca había llegado a pensar y ni siquiera a imaginar que yo pudiera ser madre tan joven. Hasta hace no mucho tiempo ni siquiera me habían besado y menos algún hombre me había dirigido la palabra.
Pero las vueltas del destino hacen que todo cambie de un día para otro. Y ahora estoy aquí embarazada de unos ocho meses y medio.
Tampoco puedo saber con seguridad si es de un poco más o un poco menos ya que hay ciertas partes de mi vida que están en mi mente nubladas.
Me he intentado explicar a mí misma que es por los traumas sufridos.
Así que mi pequeño bebé no debe de tardar mucho en llegar a este mundo.
Lo único que me preocupa es que el barco llega en unos días, y ojalá me diese tiempo para poder regresar a casa y tener a mi hijo o hija allí.
Ya lo tengo todo preparado, no es que tenga mucho pero con lo que he preparado tengo que tener hasta que vuelva a casa.
Ni siquiera les he dejado que me preparasen una cuna o hiciesen algo que no fuera ropa para el bebé.
Sé que está feo por mi parte pero es que siento que no me puedo quedar más aquí. Ya ha pasado demasiado tiempo y aunque me guste esta vida este no es mi lugar.
Hay gente que me espera al otro lado del charco, y para ser sincera yo soy la primera que quiere volver a la vida que un día tuvo.
Salgo a la calle hoy se avecina tormenta y no una cualquiera está parece que será muy grande.
Desde que llevo aquí solo he pasado por una tormenta, y no es algo que quiera recordar.
La cantidad de agua y el viento hicieron peligrar tanto la casa como todo el pueblo.
Durante varios días no hicimos otra cosa nada más que quitar barro y más barro.
Al menos no hubo ninguna pérdida humana pero sí cuantiosos daños materiales.
Ya nadie en el pueblo me quiere dar trabajo, y eso no me hace sentir demasiado bien la verdad.
Ellos argumentan que en mi estado no debo trabajar, y por lo tanto ellos son los que se están haciendo cargo de mis necesidades.
Y eso supongo que debería estar bien pero no hace más que hacerme sentir una incompetente y volver a crear en mí el sentimiento de inferioridad.
Recojo el pescado y la fruta que me ha dejado preparada la señora María.
Mientras vuelvo a casa no puedo hacer otra cosa nada más que llorar, malditas hormonas del embarazo!
Siento que los voy a echar mucho de menos y lo peor de todo es que sé que no los volveré a ver jamás.
Hace poco descubrí un mapa y ya sé en qué lugar me encuentro.
Pensaba que estaría más cerca de casa pero en cambio estoy a miles de kilómetros.
Por lo que una vez llegue a puerto tendré que coger autobuses, trenes o yo que se...
Aquí no hay dinero y yo tampoco dispongo de nada.
Sé que mi vuelta en barco no tendré que pagarla ya que ellos tienen un tratado por el que entregan la mercancía a cambio de comida y útiles necesarios. Esta vez yo estaré incluida en el trato.
No debería pensar en ello pero no puedo evitarlo, aquí estoy segura pero una vez llegue a pisar tierra firme que será de mí? Y contando con que vuelva yo sola y no lleve a mi bebé conmigo.
Llego hasta la casa y hago todo lo que me han dicho. Poco a poco tapo todas las ventanas y espero a que la tormenta de comienzo.
Cuando comienzo a escuchar como el viento es más fuerte. Me meto en el lugar más seguro de la casa.
Lo normal sería meterte en un baño y dentro de la bañera.
Pero como no se da el caso me meto en la despensa y si, he logrado meter la bañera dentro, así que me introduzco dentro de ella y cierro la puerta.
Apenas si tengo tres velas, por lo que ya me pueden durar toda la noche.
En esta pequeña habitación no hay ninguna ventana. Por eso digo que es el lugar más seguro, en caso de un impacto lo más probable es que algo pudiese atravesar una ventana y causarme daño. Pero al no haber ninguna ventana este es sin duda el lugar más seguro de toda la casa por llamarlo de algún modo.
Las horas pasan y con ellas comienzo a sentir un dolor horrible en la barriga, dura sobre un minuto y después desaparece dejándome descansar otros cuantos.
Creo que he entrado en labor de parto, debí haber escuchado a María y haberme quedado en su casa, pero no yo tenía que hacerme la fuerte y ser independiente.
Y ahora no puedo salir de este horrible armario y ya no solo es por el dolor sino por la fuerte tormenta que se desarrolla en el exterior.
Ni siquiera sé lo que hacer, si tan solo tuviese mamá aquí, ella me indicaría como llevar esto de la mejor manera posible.
Me siento horrible, no solo no he tenido cuidados prenatales sino que además no me han enseñado nada sobre este momento.
Vale recuerdo las clases de biología y recuerdo por donde tiene que salir. Hasta recuerdo que son diez centímetros los que tengo que dilatar para que mi bebé consiga llegar a este mundo.
Con cada contracción comienzo a respirar pausadamente, o todo lo pausadamente que puedo.
Dios mío el dolor cada vez es más insoportable, y ni tan siquiera sé si estoy en el principio, en la mitad o en el final.
Miró el pequeño reloj que tengo en la habitación, llevo aquí más de cuatro horas y el viento en el exterior no parece calmarse.
Los dolores cada vez son más intensos, apenas si tengo unos segundos para descansar entre contracción y contracción.
Siento que no voy a poder hacerlo, siento que esto es demasiado para mí. No entiendo como han podido dar a luz tantas mujeres sin anestesia y sin asistencia médica.
Siento unas ganas horribles de empujar, es una sensación extraña pero es lo que mi cuerpo me pide en estos momentos.
Comienzo a empujar con fuerza, apenas si queda algo dentro de mí. Respiro profundamente cuando noto como llega a mí otra contracción.