Alam se encontraba sentado en la sala de su pequeña casa, mirando por la ventana mientras sostenía a su hija Chloe en brazos. La pérdida de su compañera había dejado un vacío inmenso en su corazón, y el golpe de perder su título de Rey Alfa a manos de su primo Aiden había sumido su vida en un caos aún mayor. Cada mañana se despertaba con la misma pregunta: "¿Qué haré con mi vida a partir de ahora?"
Hacía poco menos de una semana que se había mudado a una casa más pequeña, no se veía capaz de vivir en la misma casa en la que una vez lo hizo con Abi.
Cada rincón de la casa le recordaba a ella, eso era algo sumamente doloroso para él.
No había dejado de ser el Alfa de la manada pero a menudo se preguntaba que por cuánto tiempo duraría esta situación. Quizás Aiden también quisiese quitarle esto.
En el fondo de su corazón sabía que el título de rey no le importaba demasiado pero no podía quitarse esa extraña sensación de vacío en su interior.
Desde su nacimiento lo prepararon para ello y ahora de un día para otro había perdido a su compañera y su reino.
Aunque las sombras ya se lo habían advertido el nunca pensó demasiado en ello, pero ahora al encontrarse solo y con una niña tan pequeña no podía sentirme feliz.
Una idea paso por su cabeza, se levantó del sillón y llamo a Ruby.
Se cambió de ropa y espero hasta que Ruby llegó para salir de casa.
Caminando por las calles se imagino mudándose a la pequeña casa que había adquirido en el pueblo. Pero tuvo que descartar esa idea cuando recordó que Black tendría que visitar a su pequeña.
No creía necesario que el vampiro estuviese en un pueblo de humanos, quien le decía a él que no intentaría alimentarse de los pobres aldeanos.
Las empresas marchaban bien pero aún así necesitaba cambiar el rumbo de su vida. Necesitaba un propósito mayor para sentirse útil.
Pero para lograr todo eso necesitaba sanar primero.
Bajo hasta la sala de reuniones y organizo un grupo de apoyo, escribió su nombre el primero y el propósito del grupo a un lado.
Pego el cartel en el tablón de anuncios y regreso a su casa, hoy tenía dos entrevistas más y está vez solo esperaba dar con el Beta adecuado.
.............
"Apoyo Emocional:" Así es como llamo a su grupo, se dirigió lento pero con un paso firme hasta el interior de la sala.
No podía ocultar cierto nerviosismo en sus manos, esto significaría para muchos un signo de debilidad.
No podía evitar pensar que quizás nadie hubiese acudido a su pequeña reunión.
Aún faltaba más de media hora para que empezara por lo que cuando entró en la sala la encontró totalmente vacía.
No pudo sentir otra cosa que no fuese decepción, pero por otra parte había llegado demasiado pronto, quizás todavía podían aparecer personas en su situación.
Preparó café y colocó los pastelitos en una bandeja justo al lado.
Dispuso unas cuantas sillas en círculo y él tomó asiento en la silla central.
Miró el reloj y vio que la hora había llegado, no podía ver nada, tampoco escuchaba ningún paso y menos podía oler a ningún lobo cerca.
Quizás esto había sido un error, se reprochó a si mismo por esperar algo de los demás.
Cuando se cansó de esperar se levantó de la silla y comenzó a recoger.
La voz de un hombre lo detuvo.
Éste le pregunto si la reunión había terminado ya.
Alam negó con la cabeza y dejó de nuevo las sillas en su lugar.
Ese día solo apareció una persona, pero los siguientes días se fueron sumando más y más consiguiendo en menos de un mes que la sala se les quedara pequeña.
Debía de sentirse feliz pero por otra parte todos los presentes habían perdido a un ser querido. En su mayoría eran padres o madres solteras.
Allí encontró el consuelo y el consejo de otros que habían pasado por situaciones similares.
Poco a poco se dio cuenta de que no era el único que había sufrido, cada uno de ellos tenía una historia que contar, lágrimas que derramar y abrazos que recibir.
Un día cuando la reunión estaba a punto de terminar una mujer se puso en pie.
Comenzó a relatar su historia y Adam no pudo aguantar las lágrimas, esa persona no era otra nada más y menos que Yami. En ese momento no le importo sentirse débil.
Les contó a todos como su pareja la maltrataba aún estando embarazada de su cachorro y como Alam le había arrebatado la vida al intentar agredir a su compañera.
No le culpo, no hubo reproches. Lo único que recibieron en ese justo instante fue un abrazo mutuo.
Ella sabía que él le había salvado la vida, pero aún así Alam no podía quitase la carga por la muerte de su beta.
Esa era una carga que debería llevar toda la vida sobre su espalda.
Cuando termino la reunión la invito a venir a su casa, quería que conociera a Chloe y deseaba que le contara como estaba siendo su vida en el pueblo.
Ella le contó que estaba bien que había encontrado un trabajo y que estaba conociendo a un chico.
Se sentía feliz, pero estaba preocupada porque sabía que tarde o temprano debería regresar a la Manada.
Su hijo era uno de los nuestros y necesitaría consejo y apoyo cuando ocurriese su primera transformación.
La tranquilizo y le dijo que no debía preocuparse, un hombre lobo no se transforma hasta los dieciocho años. Por lo que aún le faltaban diecisiete años más o menos para ello.
El chico podría criarse en el pueblo, por Alam no había ningún problema. Pero sí necesitaba que lo trajese de vez en cuando a la Manada para que supiese de sus orígenes y pudiese compartir tiempo con los suyos.
No quería para nada a un chico de dieciocho años traumatizado al enterarse de que se convertiría en hombre lobo.
Ella le abrazó y esta vez lo hizo con mucha fuerza, las lágrimas caían desbordadas de sus ojos castaños, pero no eran lágrimas de tristeza sino de felicidad.
Si Abi le viese ahora mismo no lo reconocería, junto a ella había cambiado mucho. Pero desde su partida lo había hecho todavía más.