Mi Rey

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Desde hacía unos años, todos conocían la historia de Alam, el hombre que había perdido a su compañera. La noticia no solo había recorrido la Manada, sino que también el pueblo era conocedor de que el jefe de la fábrica y el Alfa de una manada para nada despreciable, estaba solo y con una hija pequeña a su cargo.

Eso era como oro líquido para cualquier cazafortunas ya fuese loba o por el contrario humana y si a eso le sumábamos el gran atractivo y misterio que irradiaba Alam, eran el cóctel perfecto para que cualquier mujer quisiera ocupar el lugar de su amada Abi.

Como un río que se desborda, no eran pocas las mujeres que anhelaban llenar el vacío que su compañera había dejado. Sin embargo, Alam siempre las rechazaba, con una mirada fría pero respetuosa, que dejaba claro que su corazón no volvería a amar de nuevo. Al menos hasta que su amada tuviese la edad suficiente para volver a su lado.

Un día, una mujer de apariencia enigmática llegó a la Manada. Nadie sabía de dónde venía ni cuál era su historia, pero su presencia era imposible de ignorar. Tenía una belleza que parecía de otro mundo, y una mirada que escondía secretos profundos. La curiosidad de toda la Manada creció rápidamente, pero la mujer no se interesaba en los rumores ni en las miradas furtivas de los habitantes.

Poco o nada se sabía de la extraña extranjera que había pedido asilo en la Manada, solo que procedía de una Manada Rusa, de allí había escapado tras la guerra provocada por una disputa entre los dos Alfas más poderosos de todo ese país.

Aiden no debía estar haciendo su trabajo como rey demasiado bien, no eran pocas las noticias que le llegaban de disputas entre manadas por todo el mundo. Los conflictos y las guerras parecían desatarse con demasiada facilidad.

Alam pareció divertirse al principio ante la situación que se estaba creando bajo el mandato de su querido primo, al pasar de los meses cambio de idea, bajo un mandato tan pésimo tarde o temprano también ellos podrían verse en problemas y eso no es algo que le interesará.

Su vida aunque aburrida y monótona era tranquila y segura para Chloe.

Poco o nada podía hacer por remediar esos conflictos, él le había cedido su puesto a Aiden y aunque hubiese sido de manera deshonesta ya no estaba dispuesto a luchar de nuevo por el.

Su vida era ahora mucho más tranquila, lo que le permitía pasar más tiempo con Chloe y esa era su prioridad, había perdido mucho tiempo con Abi, había desaprovechado el tiempo con un trabajo que en vez de darle satisfacciones, a menudo le creaba dolores de cabeza. Y para qué? Para verse solo y sentir que podía haber pasado mucho más tiempo junto a su compañera, si tan solo hubiese valorado lo que realmente importaba en ese momento, al menos no se sentiría tan vacío.

La mujer misteriosa se llamaba Irina, ella había adquirido en propiedad una casa y no había buscado trabajo, cosa que intrigaba más si cabe a todos los miembros de la Manada.

Si ella había huido de una guerra como podía ser que dispusiese de tanto dinero.

Además de eso no vestía de manera discreta, su ropa parecía de diseñador y siempre estaba adornada con sendas joyas.

En las pocas semanas que llevaba en la Manada, nadie la había visto repetir vestido por lo que claramente estaba ocultando algo.

Un buen día Irina decidió acercarse hasta la casa de Alam en un principio pareció decepcionada, como un hombre tan poderoso podía vivir en un lugar tan simple. Un hombre con una cuenta corriente repleta de tantos ceros podia vivir en una casucha. Sonrió para si misma y pensó en voz alta "más dinero para mí".

A menudo Irina solía hacerse la tonta, sentada en la cafetería, con la mirada distraída absorbía toda la información que podía.

Irina podía parecer tonta pero no tenía ni un solo pelo de ello, todo lo que había conseguido en su vida se debía mayormente a su gran astucia y en un porcentaje menor a su seducción.

Si la diosa la había bendecido con un cuerpo para pecar, quien era ella para contrariarla.

Así fué como decidió acercarse a Alam. Su intención era clara conquistar el corazón del hombre que había permanecido inaccesible para todas las demás. Y no solo deseaba su corazón, lo quería todo! pero solo había un pequeño obstáculo, o al menos era lo que ella creía.

Esa estúpida mocosa! Irina siempre había odiado a los niños le parecían pequeños seres maléficos en miniatura.

Capaces de robarle la atención y dedicación a la que ella estaba tan acostumbrada.

Saco el pequeño espejo de su bolso y observo su rostro angelical, su maquillaje estaba perfecto y su vestido se ajustaba a su cuerpo como una segunda piel, resaltando cada curva de su cuerpo.

Cualquier hombre caería locamente enamorado a sus pies. Su cuerpo estaba hecho para pecar.

Avanzo unos pasos y toco a la puerta.

Una jovencita con una pequeña en brazos abrió la puerta pocos segundos después.

Escondió su cara de asco bajo una falsa sonrisa y con voz angelical y un marcado acento ruso pregunto por el Alfa de la Manada.

Irina era capaz de imitar varios idiomas, ya ni siquiera recordaba su verdadera nacionalidad, si es que algún día la tuvo.

La chica le pidió que pasara a la casa y esperará al Alfa en la pequeña sala.

Y de nuevo la decepción la invadió, no podía haberse equivocado, llevaba mucho tiempo estudiando a este hombre.

Era uno de los más ricos del país y de los más poderoso s e influyentes.

Pero todo en esa casa era tan simple, tan barato... Nada en esa casa llamaba al dinero.

Se negó a si misma esas ideas, a menudo los hombres más ricos solían ser los más excéntricos. Así que debía de tratarse de eso.

Alam llegó al salón unos minutos después con la mocosa en brazos.

Acaso no le debía un mínimo de respeto, ella había ido a buscarlo. Cualquier paleto de este lugar se habría arrastrado a sus pies con solo una de sus palabras.

Alam le pregunto el motivo de su visita, ni tan siquiera miro su cuerpo. Solo la había mirado a los ojos durante unos segundos para después ensimismarse con la horrible criatura.




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