Mi Vida en el s.Xv

Capítulo 15

La carta que nunca llegó

El regreso a nuestros aposentos transcurrió en un silencio que ninguno de los dos parecía dispuesto a romper. Álvaro caminaba a mi lado con aquella expresión que había aprendido a reconocer durante los últimos días, la misma que adoptaba cuando intentaba ordenar demasiadas posibilidades sin conceder a ninguna más importancia de la que merecía. Yo, en cambio, apenas podía pensar en otra cosa que no fuera la carta. Durante veinte años había permanecido oculta en algún lugar, lejos de las manos de mi madre y de las preguntas de mi padre. Ahora sabíamos que existía y que alguien más estaba intentando encontrarla. Aquello convertía cada hora de espera en un riesgo que no estaba dispuesta a ignorar.

—Tenemos que recuperarla cuanto antes —dije finalmente, cuando dejamos atrás el corredor que conducía a la capilla.

Álvaro no respondió inmediatamente. Esperó hasta que un grupo de criados pasó junto a nosotros y continuó caminando antes de hablar.

—Primero debemos averiguar dónde la guarda Hernando y si realmente podemos confiar en él.

—No necesitamos confiar en él para recuperar una carta. Necesitamos impedir que alguien se nos adelante.

—Precisamente por eso conviene actuar con cuidado.

Me detuve y lo obligué a hacer lo mismo.

—Llevamos días actuando con cuidado. Observamos a Hernando antes de hablar con él, comprobamos la antigüedad del sello de Valcárcel y esperamos a que Nuño encontrara los registros de nuestra casa. Pero ahora sabemos que alguien ha preguntado por esa carta y que probablemente está relacionado con la desaparición del escribano. Si esperamos demasiado, puede que terminemos buscando otro documento desaparecido.

Álvaro permaneció callado durante unos instantes. Esperaba que volviera a recordarme que estábamos en la corte, que no conocía sus reglas o que precipitarse podía costarnos caro. En lugar de eso, inclinó ligeramente la cabeza.

—Tenéis razón.

Lo miré con desconfianza.

—¿Qué?

—Que tenéis razón. Si alguien sabe que Hernando conserva esa carta, dejarla donde está puede ser más peligroso que intentar recuperarla.

—¿Os encontráis bien?

Álvaro arqueó una ceja.

—Perfectamente.

—Acabáis de darme la razón sin discutir durante diez minutos.

—No os acostumbréis. Ha sido una experiencia desagradable.

No pude evitar sonreír, aunque la sonrisa desapareció cuando recordé lo que nos esperaba. Reanudamos el camino y acordamos que, antes de volver a hablar con Hernando, debíamos informar a mi padre. No porque necesitara su permiso para cada decisión, sino porque había algo que empezaba a comprender: si pretendíamos enfrentarnos a personas capaces de utilizar las estructuras de varias casas nobles, no podíamos permitirnos actuar cada uno por nuestra cuenta.

Mi padre escuchó nuestra explicación sin interrumpirnos. Permanecía sentado junto a una mesa cubierta de correspondencia y solo levantó la mirada cuando mencioné que el padre de Hernando había conservado durante años una carta destinada a mi madre.

—¿Una carta que nunca llegó a entregarle?

Asentí.

—Hernando afirma que su padre se la confió antes de morir. No sabemos quién la escribió ni qué contiene, pero alguien está intentando encontrarla.

Mi padre dejó lentamente el documento que sostenía.

—¿Y dónde está?

—Hernando dice que la guarda en un lugar seguro.

—Una expresión que últimamente parece significar cualquier cosa menos eso —murmuró.

Álvaro se acercó a la mesa.

—Queremos recuperarla antes de que quien está buscando los antiguos registros de Cárdenas descubra dónde se encuentra. Hernando tendría que acompañarnos, pero todavía no hemos acordado cómo hacerlo.

Mi padre permaneció pensativo. Durante unos segundos observó las cartas que tenía delante y después dirigió la mirada hacia el pequeño arcón donde guardábamos las copias de Santa Lucía.

—Durante años conservé todo lo que pude de vuestra madre —dijo finalmente—. Sus libros, sus cartas, incluso algunas prendas que nadie volvió a utilizar. Pensaba que aquellas eran las únicas cosas que me quedaban de ella.

No respondí. Había algo en su voz que me hizo comprender que no estaba hablando únicamente de documentos.

—Y ahora descubro que existen palabras que nunca llegaron a sus manos. Una carta que quizá habría cambiado lo que ocurrió después y que nadie consideró necesario entregarle.

—No sabemos si habría cambiado algo —dije.

Mi padre asintió.

—Lo sé. Pero resulta difícil no preguntárselo.

Se levantó y caminó hasta la ventana. Desde allí podían verse los tejados y parte del movimiento de la corte. Permaneció un rato observándolos antes de volverse hacia mí.

—Cuando la recuperemos, quiero que la leáis vos primero.

Aquello me sorprendió.

—¿Por qué?

—Porque lleváis semanas intentando descubrir quién era vuestra madre antes de convertirse en la mujer que yo conocí. Y quizá esa carta os permita comprender algo que yo nunca supe.

—Era vuestra esposa.

—Y vuestra madre.

Me acerqué a él.

—Podemos leerla juntos.

Una sonrisa triste apareció en su rostro.

—Eso me gustaría.

Durante unos instantes permanecimos en silencio. Después mi padre recuperó aquella expresión práctica que adoptaba cuando debía dejar a un lado sus preocupaciones para tomar una decisión.

—Bien. Averigüemos dónde guarda Hernando esa carta y cómo piensa recuperarla. Pero no quiero que nadie abandone la corte sin que sepamos exactamente adónde va.

Encontramos a Hernando aquella misma tarde en unas dependencias próximas a los aposentos utilizados por varios oficiales de la administración. No nos recibió inmediatamente. Tuvimos que esperar mientras terminaba de revisar unos documentos y despedía a dos hombres que habían acudido antes que nosotros. Aquella demora me irritó, aunque procuré no demostrarlo. Si Hernando estaba acostumbrado a trabajar entre personas que daban órdenes y personas que debían obedecerlas, probablemente sabía perfectamente cuánto podía revelar una impaciencia mal disimulada.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.