-¿Que pasa Kayla?- preguntó Raul queda estaba junto a mí.
Y de pronto el puntero se empieza a mover.
-¡No seáis jilipollas!- digo entre enfado y susto.
Los cuatro nos miramos estupefactos.
-¡Yo no he sido!- dicen al unísono.
El puntero volvió a moverse y lentamente recibimos el mensaje…
“Os veo”
Los cuatro miramos hacia todas las direcciones asustados.
A las espaldas de Raul había una ventana, con la luz de la luna se veía un patio y los árboles más allá del bosque.
Decidimos hacer otra pregunta…
¿Donde estás?
La respuesta nos dejó helados a todos.
“Detrás de ti”
Un escalofrío recorre mi cuerpo de pies a cabeza, mis ojos se agrandan al sentir que algo juega con mi pelo. Me levanto bruscamente asustada agarrándome el pelo y mirando en todas direcciones.
-¿¡Que coño a sido eso!?- estaba tan asustada que no entendía a razones- ¡no sé vosotros pero yo me largo!- digo cogiendo mis cosas.
Se empiezan a oír ruidos de crujidos de ramas por todas partes. El viento el cual al principio de la noche era imperceptible ahora entraba por las ventanas con furia.
Los cuatro nos juntamos en el centro de la habitación con las linternas del móvil apuntando hacia todos lados, oíamos un crujido a la derecha y las cuatro luces las dirigíamos hacia allí. Era aterrador estar en aquella casa, haber contactado con alguien o algo que estaba jugando con nosotros.
-¿!Larguémonos ya de aquí!? -grité horrorizada.
Al Segundo de gritarle a Victoria siento que me agarran de los tobillos y me tira al suelo con brusquedad.
-¡Sueltameeeee!- grito despavorida.
-¡Kaylaaaa!- gritan los tres intentando agarrarme de cualquier parte.
Algo invisible me agarraba con fuerza y tiraba de mí mientras mis amigos me agarraban y gritaban. Sentía como unas uñas se clavaban en mi piel, miré hacia mis piernas y brotaba la sangre. Mi cara de auténtico horror, mis gritos… aquello no podía ser real, no podía estar pasándome esto, ¡me niego!… y sin saber cómo, empecé a rodar por el suelo, movía mis brazos intentando agarrarme a algo, aferrarme a la vida que aunque fuese aburrida y sencilla era ¡MI VIDA! y no podía ser verdad lo que estaba ocurriendo. Oía los gritos de mis amigos llamándome cada vez más lejos hasta que de pronto dejé de escucharlos.
Después de no saber cuanto, aunque para mi han sido milenios, deje de rodar por el suelo, estoy dolorida, sentía como mis dedos ardían. Intentaba levantarme aferrarme a algo, agarrarme a lo que fuese, incluso clavé las uñas en la tierra.
Me levanté como pude y llorando empecé a correr. Oscuridad absoluta llena el espacio hasta donde alcanza mi vista. ¡Corre!… ¡corre!… ¡sigue corriendo!… es lo único que se me pasa por la mente en estos momentos de pánico extremo. Siento mis piernas pesadas de tanto correr, mi corazón late a mil por hora, me ahogo, ya no puedo casi ni respirar y siento desvanecer por momentos… pero mi mente me dice que no es momento de rendirse, me sigue gritando que corra, que no me pare y que no mire atrás.
La angustia crece y crece, sé que no debo pero miro de reojo y mis ojos se agrandan por el pánico. ¿Qué es lo que he visto?¿Quién o que me está siguiendo?, ¡esto no me puede estar pasando a mí!
Siento como me engulle, como miles de manos me atrapan, intento gritar pero de mi boca no sale ni tan siquiera un susurro, un hilo de voz que me ayude, nada…
¿Cómo puede acabar así mi vida?