Cooper y Murphy se encontraban en una biblioteca pública de la ciudad. Murphy no tenía los materiales necesarios para estudiar una droga a nivel químico, y Cooper no lo juzgaba por ello. Lo juzgaría si hubiera tenido uno.
Con la poca droga que había recogido del suelo logró tener una muestra. Con la ayuda de un microscopio lograba ver cómo se comportaban los organismos y todos se comportaban con lentitud. Conocía los patrones.
—¿Y bien? —preguntó Murphy cruzado de brazos en una silla al otro lado del mesón, donde Cooper estaba observando las muestras.
—Sí, es la droga de Parker —dio su veredicto Cooper mientras apagaba la máquina.
—¿Cómo lo sabes? —preguntó Murphy.
—Conozco los componentes de mierda de esta cosa —dijo Cooper en un suspiro—. Tiene lo mismo que tenían los gases tóxicos.
—¿Y eso qué es?
Cooper lo miró con picardía más que todo porque podía explicar sus componentes, pero estaba seguro de que Murphy no iba a entender una sola palabra.
—Contiene una sustancia sintética similar al cortisol.
—Te mentiría si te dijera que es el cortisol —Murphy alzó una ceja.
Al menos Murphy no era obtuso.
—Es la hormona del estrés.
—Eso sí lo entendí.
—Eso exacerba la ansiedad y la sensación de peligro inminente —Cooper continuó mientras tomaba las muestras y las guardaba en su bolsillo de nuevo con sumo cuidado—. Digamos que es como un virus que está diseñado para replicarse temporalmente en las células nerviosas, haciendo que la toxina sea más persistente en el sistema del afectado.
—Dijiste “virus”, ¿eso se propaga?
—No realmente —Cooper se encogió de hombros—, no es contagioso; solo las personas que respiren o tengan esta toxina son las afectadas.
—Entiendo —Murphy comenzó a mecerse en la silla—, ¿cuánto tiempo dura la toxina?
—Depende. Puede que los efectos duren horas o incluso días.
—Me imagino que, como sabes todo esto, ya has lidiado con esa cosa.
—¿Con esta droga? —Cooper señaló su bolsillo donde había guardado la droga—, no. Pero con Parker sí, muchas veces.
—¿“Muchas veces”? —Murphy enarcó una ceja—, ¿a qué te refieres con muchas veces? ¿Cómo has salido vivo de esto?
Cooper rió entre dientes y bajó la mirada.
—A este punto yo tampoco lo sé. El diablo no me quiere con él y Dios no me cree digno.
—Me imagino que con este trabajo ya no le tienes miedo a la muerte.
—Claro que sí —respondió Cooper—, todos los días tengo miedo de morir; eso es lo que me mantiene vivo.
Murphy asintió.
—¿Alguna vez dudaste de ti mismo? —preguntó Murphy.
—Sí, pero luego me acuerdo de quién soy.
A Murphy siempre le sorprendía la confianza de este chico, y claro que admiraba eso de él.
Cooper tomó aire.
—Hablé con Lissa.
—¿En serio?
Murphy dejó de mecerse en la silla para observar a su amigo con los ojos brillando con una energía imposible de contener, y su sonrisa se expandió de oreja a oreja, como si acabara de recibir la mejor noticia del mundo.
Ambos sentían que este era el descanso de la locura que estaba pasando. Necesitaban una charla de amigos.
—Sí.
—¿Y? —Murphy hacía círculos con las manos para animarlo a darle más información.
—Está viva.
—Eso no es decir mucho.
—Bueno —Cooper reprimió una sonrisa mientras bajaba la mirada—, sigue trabajando.
—Claro. —Murphy colocó los ojos en blanco.
—Aunque no sé qué está pasando —Cooper escudriñó el lugar en busca de personas que estuvieran muy cerca de ellos; ninguno parecía escuchar—, parece que apagó toda Acrisea.
—¿Fue ella? —preguntó Murphy perplejo.
—Parece que sí.
—Lo vi en las noticias: Acrisea sufrió un corte de luz muy abrupto y están pensando en ser más duros contra los Aberrantes por eso. Ya están creando propagandas por eso.
Cooper tomó aire. Murphy tenía razón y lo sabía, pero debía confiar en que la razón por la cual Lissa tuvo que usar sus poderes tuvo que ser fuerte. Incluyendo el hecho de que a ella no le gustaba usar sus poderes.
—Lo sé —Cooper se encogió de hombros—, tuvo que tener una buena razón.
Murphy liberó un suspiro.
—Me va a costar un poco adaptarme a esto.
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—Perdimos el helicóptero número tres —notificó una de las chicas sentada frente a su computadora.
Roswell respiró hondo y se aferró a las barras de metal que dividían al personal de computación de las enormes pantallas que opacaban toda la pared. Estas pantallas tomaban toda la pared de fachada revelando lo que estaba sucediendo en Acrisea. El pulso de sus hombres, cámaras de vigilancia, comunicadores, entre otros. Sin embargo, en esta situación estaban a ciegas. No podían ver nada; todo estaba oscuro y lo único que las pantallas lograban revelar era la palabra “Not Found”.
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Editado: 08.10.2026