Nos encontrábamos a las afueras de Mountain City, baje la velocidad del automóvil y lo estacione a las afueras de un enorme letrero de Neón que brillaba por la espesa neblina que nos rodeaba. El letrero brillante se leía como “James breakfast n´ food”.
Samantha y yo nos encontrábamos afuera de este pequeño restaurante de carretera. La visión era nublada por la espesa neblina húmeda que acariciaba las montañas e imposibilitaba la vista a un par de metros. La temperatura era muy baja y creo que Sam lo denotaba mucho con aquellos pequeños temblores, su nariz y mejillas rojizas, pero sobre todo con su mal temperamento.
—¿De verdad esta es una parada de gran importancia?— decía ella con un tono molesto e impaciente mientras resoplaba sus manos con el aire caliente de su boca
—Claro que es una parada de gran importancia. Es muy peligroso manejar en el espesor de la neblina matutina de una ciudad montañosa. Además de que la publicidad de este sitio lo promocionaba como los mejores pancakes y desayunos para viajeros.
—En primera, creo que tu serias el menos ideal para poder decir que no puedes manejar en la neblina, creo que Hall podría ayudarte con ello. En segunda lo acabas de decir, es publicidad, no sabemos realmente si…— Interrumpo bruscamente
—Hall ya recapitulo un par de reseñas y las puntúan con 4.8 estrellas
De hecho Joven J, solo eran 2 reseñas y una tenía más de 5 años
—Vamos John, si querías comer en este sitio solo tenías que decírmelo, no necesitabas una excusa tan poco creíble. Mejor entremos que de verdad me estoy congelando aquí afuera.
Samantha se apresuró en abrir las puertas con cierta irritación que al parecer se lo provoca el frio.
El lugar nos recibió con 2 pequeñas campanadas, a simple vista era una réplica de una típica cafetería de estilo americano del siglo pasado, con muebles de piel de un rojo ahora apagado por el vestigio del tiempo, las paredes eran amarillentas deduciendo que alguna vez fueron blancas brillantes, pero lo que más destacaba era una pared llena de fotos de estrellas del cine y la televisión que habían visitado el lugar, aunque en su mayoría eran en blanco y negro.
Samantha no parecía muy contenta al ver el estado deteriorado y descuidado de la cafetería, lo cual lo hacía notar con algunas miradas de desaprobación mientras observaba detenidamente algunas manchas amarillentas en las paredes. En cambio, yo no podía estar más emocionado, lo veía como un pedazo de historia del siglo pasado. Un restaurante que ha sobrevivido al paso del tiempo y con ello ha dejado recuerdos plasmados en aquellas fotografías. Estaba asombrado por poder ver de primera mano lo que realmente es el paso del tiempo.
Mientras caminábamos por esta cafetería , ambos decidimos sentarnos en una mesa pegada a la ventana. Samantha menciono que se veía más limpia que la barra de la cafetería y a mí me parecía una buena elección porque se veía como en algunos filmes que llegue a ver. Aunque a pesar de ello la espesa neblina no dejaba ver mucho por la ventana, solo se podía ver el gris oscuro de la neblina y las gotas de humedad que tapizaban aquella enorme ventana.
La camarera se acercó y nos preguntó que queríamos pedir. Sin pensarlo dos veces empecé a enlistarle mi pedido
—Me podría dar una malteada de chocolate, una hamburguesa doble con papas, unos hotcakes, un pure de papa con un biscuit, un pedazo de brownie con helado de vainilla, una soda de lima—limón y una rebanada especial de pastel de vainilla— La camarera me miro sorprendida con cierta incredulidad
—¿Es para ambos… verdad?
—No señorita, créame que ese es solo el pedido de él, ya sé que parece que no puede comer todo ello pero puedo apostarle lo contrario— lo dijo aguantando la risa tratando de verse lo más seria posible esperando a ver la expresión de la camarera. La camarera por el contrario trato de mantener la compostura esperando como si de una broma tonta se tratara.
—Y a ti linda ¿Qué te traigo?
—A mi podría traerme un café con leche, un sándwich de pollo con dos rebanadas más de lechuga y jitomate y unos hotcakes, pero sin el jarabe de chocolate por favor.
—Bien en un momento les traigo su pedido
La camarera se fue y Samantha soltó la risa que se estaba aguantando, al parecer el calor del lugar la puso de buen humor (a Samantha no le gusta el frio, apunta eso Hall)
—Creo que su reacción será mejor cuando vea que dejaras los platos limpios, probablemente verificará por las cámaras que efectivamente hayas comido todo ello
—Bueno, tengo que estar preparado para lo que sea y tener reservas de energía en caso de que se ocupe sabes
—John… no me puedes engañar, sé que realmente tienes ganas de probar todo ello
—Sabes, definitivamente dejare los platos limpios.
Pasaron un par de minutos donde Samantha miraba las gotas de la ventana y yo seguía recorriendo todo el lugar con la mirada, pensando que me hubiera gustado visitar esta clase de lugares con amigos, familia o una pareja. Mi pensamiento se interrumpió cuando la mesera trajo mi malteada y a Samantha su café. Samantha se quedó esperando para ver mi reacción al probar mi malteada, por alguna razón creo que disfruta de mis expresiones de sorpresa al verme probar alimentos tal vez le parezca por lo menos curioso. Le di un pequeño sorbo a la malteada y no pude evitar sonreír; estaba en su punto de espesor ni muy batido ni muy líquido, el chocolate era delicioso y tenía notas de canela, estaba coronado con crema batida que se mezclaba de manera perfecta con la malteada y estaba tan endulzado que picaba en las mejillas.
—¿De verdad esta tan bueno?— pregunto Samantha mientras me veía con una sonrisa y yo solo le acerque el vaso para que lo probara.
Ella le dio un pequeño sorbo, pero su reacción no era lo que esperaba, cerro los ojos y arrugo su nariz en desaprobación
—Dulce… está muy dulce, definitivamente es tu estilo, pero no el mío.