Mis razones para odiarte

Capítulo 6

Mi alarma suena a la mañana siguiente como de costumbre, me estiro para alcanzar el teléfono y apagar mi torturador matutino.
Veo la hora del reloj en la mesita de noche...7:30am, me estiro pesadamente en la cama y oficialmente empieza un día más.
Me dirijo al baño y enciendo la regadera de agua caliente,le hecho sales hidratantes y mi esencia de vainilla favorita.
Después de la visita inesperada de anoche, admito que no pude dormir; no me reconozco, yo quien hace 5 años juré no dejarme afectar por un hombre,y más si ese hombre era Alessio Rossi, pero lo sigue haciendo de una manera u otra. Ha logrando hacerse residente en mi piel , por lo que veo permanente porque no hay manera de que se vaya de mi alrededor.

Entro en la tina y dejo que el agua caliente y las esencias hagan su trabajo y alejen los pensamientos respectivos a Alessio.
Permanezco así por lo que parecen horas, tan perfecto que parece irreal , el agua caliente llenando el ambiente junto con el aroma de las sales y la vainilla, el silencio matutino. Demasiado perfecto para ser realidad ,una voz contundente me saca de mi trance , no necesito abrir los ojos para saber de quien se trata: Fernando Roberts Clinton, más fácilmente, mi abuelo.

El hombre que me ha criado toda mi vida debido a la ausencia de mis padres . Mi padre es desconocido y mi madre, mejor no lleguemos ahí. En resumen , mi abuelo ha hecho ese papel de padre y madre; ha estado en los momentos más importantes de mi vida, tomó mi mano el primer día de colegio y estuvo ahí para recibir mi título en la universidad.
No hay un recuerdo en el que él no esté presente,pero parece que algo cambió sin darme cuenta para que me lanzara a este matrimonio como si quisiera deshacerse de mí, al igual que ella.

-¿Qué pasa?–contesto con desgana sabiendo ya el rumbo de esta conversación–.
-¿Qué estás haciendo que tardas tanto en el baño?
-Relajándome en la tina y no sé quizás algo más–digo con sarcasmo evidente, algo que siempre lo sacado sus casillas y eso es exactamente lo que quiero–.
-Vera...cuida el tono que usas conmigo cuando hablas–me amenaza y su voz se suena un poco más irritada–.
-Tranquilo abuelo parece que no puedo decir nada en esta casa sin que sea juzgado.
Salgo de la tina y me pongo el albornoz, hago mi rutina de skincare religiosamente.
-Vera debemos hablar,ahora –demanda en el tono autoritario de siempre– termina lo más pronto posible sé que haces todo esto con tal de llevarme la contraria.

Okay ya me descubrió se me acabó el show...¿o quizás no?,quien sabe.
Me pongo una ropa más cómoda que el albornoz,un pantalón ancho deportivo y un pulover ajustado,salgo del baño para encontrarme con la mirada inquisitiva de mi abuelo.

-Ya que mi querida nieta ha decidido honrarme con su presencia, hablemos.–dice calmadamente manteniendo la vista fija por la ventana con vistas al jardín–.
-Está bien, hablemos si es lo que quieres pero antes creo que me debes una explicación ¿no lo crees?–me cruzo de brazos esperando su aceptación,de esta habitación no salimos hasta que yo no obtenga la respuesta que quiero–.
-Bajemos a desayunar primero.

Dejamos la habitación y lo sigo escaleras abajo. La mesa está estrictamente preparada y ordenada,tal como le gusta al abuelo.
Mi abuelo se sienta al cabecero de la mesa mientras se acomoda la servilleta en su regazo y abre el periódico diario concentrando toda su atención en él.
Norah, la ama de llaves y mi antigua niñera, hace su aparición rompiendo el silencio sepulcral en el que estamos.

- Buenos días pequeña... –me regala una de sus radiantes sonrisas y yo le correspondo–... buenos días para usted también señor Clinton.

Mi abuelo le responde con un asentimiento de cabeza sin levantar la vista del periódico.

-¡Buenos días Norah!–me apoyo de codos en la mesa y la miro sonriente– ¿Qué nos traes de desayunar hoy? Te advierto tengo en apetito de mínimo cien personas.
-Preparé un buen desayuno sabiendo que te despertarías hambrienta, en seguida lo mando a traer.–dice esto último y regresa a su cocina dejándonos nuevamente con el peso del silencio en el comedor–.
-Abuelo por favor no demoremos más esta conversación, no tenemos todo el día y yo quiero respuestas.

Alza su mirada decidiendo enfrentarme finalmente en toda la mañana. Hace a un lado el periódico aclarando su garganta antes de empezar a hablar.

-Vera se que estás pensando que te estoy obligando a casarte con el heredero de los Rossi porque quiero deshacerme de ti. Yo nunca haría eso Vera,tu eres mi solecito,desde que oí tu llanto por primera vez...–su voz se quiebra un poco antes de continuar –
...desde que tu madre te dejó a mi cuidado tengo el temor de que hagas exactamente lo mismo que ella...
-Yo no soy ella abuelo –lo interrumpo–
ella uso su libre decisión de abandonar a una bebé recién nacido como si fuera un trozo de tela inservible. Lo que más me dolió de todo esto es que te atreviste a compararme con ella siendo tú quien me crío.

Me levanto de la mesa sintiendo la sangre hervir dentro de mí, sí bien quería respuestas ahora prefiero no haberlas exigido. Salgo de la mansión sin siquiera saludar al portero, voy directo al garaje y me monto en el
SUV negro que compré el mes pasado, y ni siquiera he estrenado, hasta ahora.
Piso el acelerador a fondo dejando atrás la mansión.

Conduzco sin rumbo por un largo tiempo hasta llegar al mirador.
El mismo mirador de hace 5 años, donde bajo la luz de las estrellas Alessio me rompió el corazón.
No sé que me trajo aquí, será mi subconsciente traicionadome o puro masoquismo de mi parte al regresar a
este lugar que tanto dolor me causó.

Desde aquí se puede ver casi toda la ciudad, y de noche es como si cobrara vida por sí solo, el aroma de los árboles, el canto de los grillos y las luces de la ciudad parecen recrear la escena de una película romántica.
En mi caso fue todo lo contrario de ser una película romántica.
Me encanta la vista desde aquí, nunca me cansaré de decirlo, son preciosas.




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