Missing 411

3

Cuando Ryan despertó, sentía el cuerpo muy flojo, como si estuviera flotando encima de una nube de verano. De hecho, quizá se sentía así debido a que estaba acostado en una camilla, envuelto en sábanas límpias y con una sonda de suero intravenoso. Tenía parches en la espalda, el pecho, los brazos y las piernas, con propoleo, gasa y venda. La cabeza le dolía como los mil demonios, y aún le parecía seguir oliendo a quemado, como si el humo se hubiese impregnado en sus fosas nasales. A su lado, junto a la ventana, Molly y Jake dormían plácidamente, ella abrazando al niño encima de sus piernas, y no sabía qué hora era, pero debía ser de noche, ya que afuera todo estaba oscuro.

—Molly… —murmuró. Ella abrió los ojos poco a poco, y al verlo despierto, le sonrió. Abrazando al niño, se puso de pie y lo depositó con suavidad encima del sillón de acompañantes, para no despertarlo. Luego se acercó a la cama y le tomó una mano, la tenía fría, y vendada.

—¿Cómo te sientes?

—Como si me hubieran dado una puta paliza —bromeó.

—De hecho, se puede decir que así fue.

—¿Qué ocurrió? —preguntó él, confundido.

—Cuatro hectáreas de bosque ardieron, desde la ubicación de la Sylva Americana hasta la desembocadura del río. Tuvo que venir el servicio forestal y el servicio de parques nacionales para poder hacer un cordón de contención del fuego. Armaste una buena —Le sonrió, negando con la cabeza—. Exagerado como pocos, diría yo.

—¿Pero ha valido la pena? ¿Se acabó?

Molly lo miró como si quisiera abrazarlo con el alma. Apenas empezaba a recuperarse cuando aún seguía preocupado por el resultado de todo aquello. Entonces asintió con la cabeza.

—Sí —Le dijo, acariciándole el cabello—. El árbol ardió, ya no queda nada. Esta mañana me he acercado al sitio, luego de que anoche apagaran el incendio, y lo vi con mis propios ojos.

—¿Fuiste sola, ahí? ¿Cómo puedes hacer una locura de esas?

—Tenía que comprobarlo por mí misma, y en efecto, el árbol cayó. Tan solo queda un pedazo de tronco carbonizado y sin vida, Nawathenna ya no tiene como volver.

Ryan esbozó una ligera sonrisa, y se rio levemente. Al hacerlo, tosió un poco. Sentía la garganta reseca.

—¿Y yo cómo estoy? —preguntó.

—Quizá eso pueda decírtelo el médico —respondió ella, señalando a la puerta. Mientras charlaba con él, había tocado el botón a un lado de la camilla, sin que Ryan se percatase de ello. Molly miró al doctor y luego a Ryan—. Se ha despertado recién, quiere saber como está.

—Bueno, agente. Soy el doctor Brown, y déjeme decirle que ha corrido con mucha suerte. Meterse en un incendio forestal es peligroso, entiendo su afán de salvar vidas, pero ni siquiera mucha gente capacitada puede hacerlo correctamente. Un árbol podía haberle caído encima, y con la tormenta de ayer, ni siquiera se habría dado cuenta hasta que ya lo tuviera encima de la cabeza —dijo. Ryan miró un instante a Molly, sabiendo que había mentido por él. Entonces volvió de nuevo al médico.

—Es mi trabajo, supongo.

—Bueno, usted llegó aquí inconsciente, lo trajo la señorita. Tenía contusiones en el tórax, y la cuarta costilla fisurada. Eso no es problema, el asunto más complicado estaba en las quemaduras de segundo grado. Una de ellas casi se infecta, la del pecho, de modo que tuvimos que darle una dosis de penicilina para asegurarnos que no hubiera complicaciones —El médico se encogió de hombros, y le sonrió—. Va a estar aquí al menos por una semana, quizá poco más, así que yo que usted, me voy poniendo cómodo.

—Gracias, doctor.

—Descuíde, si necesita cualquier cosa, no dude en llamarme por el timbre a su lado. Que tenga una buena noche, agente.

Ryan vio como el médico se giraba sobre sus pies, para salir de la habitación, y entonces volteó a Molly nuevamente.

—Gracias por traerme.

—Cuando te vi tirado en medio de ese bosque, inconsciente, temí lo peor… —murmuró ella, con tristeza.

—¿Cómo me reanimaste?

—Aún quedaban tres dosis de adrenalina de las que robaste. Estaban en la guantera de tu coche, así que te metí dos. Con eso caminaste hasta la camioneta, sino no hubiera podido cargar contigo, pesas como un condenado.

Ryan esbozó una sonrisa amplia, rio un poco y el pecho le dolió, por lo que se puso una mano encima, haciendo una mueca de dolor.

—Como si te molestara que esté encima de ti.

Las mejillas de Molly se encendieron, al mismo tiempo que no pudo evitar reírse por el doble sentido de la situación. Al reírse, Jake despertó y miró a ambos, desde su sillón. Al ver que Ryan estaba despierto, se puso de pie aún somnoliento, y caminó hasta situarse junto a su madre. Ryan entonces lo miró, estiró un brazo y le dejó la mano encima de la cama, para que la chocara.

—Hola, campeón —saludó. El niño le chocó la mano, y lo miró sonriendo—. ¿Cómo estás?

—Bien, ¿y tú?

—Excelente. No creas que me olvidé de tus penaltis. No me iré hasta que me muestres tu técnica —bromeó. Jake esbozó una risilla, y entonces asintió con la cabeza.

—Está bien. ¿Y si luego comemos tarta de dulce de leche? Puedo pedirle a mamá que nos prepare una —dijo.

—Claro, me parece un excelente plan —convino Ryan. Sus ojos se elevaron hasta Molly—. ¿Por qué no van a la casa, a dormir? Está muerto de sueño.

—¿Seguro?

—Claro que sí, vayan a descansar. Yo estaré bien. Ni modo que pueda escaparme —bromeó.

—Más te vale, o te juro que volveré a replantar ese maldito árbol solo para hacerte la vida imposible —respondió ella.

—Ve, nos veremos luego.

Molly se inclinó en la camilla, le dio un corto beso en los labios y luego lo miró con ternura.

—Te quiero —dijo. Él también sonrió, a su vez.

—Y yo a ti.

Ryan la vio retirarse de la habitación y entonces se durmió profundamente, arrullado por la tibieza de la cama y el perpetuo silencio del entorno. Luego de aquello, los días fueron sucediéndose de forma apacible, donde no tenía nada más que hacer que mirar la televisión, ir al baño y volver a la cama. Dos veces al día, una enfermera venía a la habitación para cambiarle las vendas y revisar sus heridas, junto con el médico a cargo, y también Molly aparecía a visitarlo todas las tardes. Charlaban mucho, Jake le mostraba sus nuevos dibujos, e incluso Molly trajo consigo una baraja de póker, para jugar a los naipes con Ryan durante los últimos tres días que duró su internación.




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