Muerte Cerebral

Despertar

​Veinte latidos exactos, después de masticar cristal y de que uno de los pedazos filosos se incrustara en mi corazón, como cruel burlón que no quiere que sienta más allá de lo que sintió el corazón... alguna vez.

​Pocas horas y pocas palabras, y el recuerdo vago de despertar de un coma.

​Hospital antiguo y maltratado, no tengo confianza en sobrevivir; camino por los pasillos de su piel expuesta, mis pies descalzos sienten su corazón latir más fuerte.

​¿Qué significa esa mirada de ojos sonrientes?, ¿será que se pueden fingir también? Así como una sonrisa falsa puede acabar con un reinado, una mirada sonriente podría llegar a poner fin al mundo.

​Veinte latidos, contados por la máquina de mi cuarto: su sangre es roja, tan roja como las mismísimas rosas, y, como si yo no estuviera sangrando también, le vende la herida con mi pañuelo para después volverme a quedar con él.

​Dos toses, un poco forzadas, y el corazón apretando mi pecho, como si se hiciera grande en ciertos momentos. ¡Cuánto daría por darle otro beso, que al menos fuera verdad lo que estoy sintiendo!

​Tres pitidos y mi cerebro comienza a recordarme todo de golpe; lloro sin parar toda la noche, una voz en mi cabeza me dice:

​—Lo apagué todo por ti, ahora sentirás el doble de lo que antes no sentiste.

​Tres golpecitos, y ahí estás, esperándome.

​Cinco años en total, desde el 2020 exactamente, he estado en un coma, en una muerte. Una muerte cerebral.

​Hasta que por fin vi el amor de cerca, nuevamente como una niña, mojando mis pies en el rocío, mientras leía una nota que me hizo más valiente y me permitió acercarme a la persona con mirada sonriente.




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