Ahora también te daré tristeza... Te daré tristeza, que es más preciada que el amor.
A ti, que te complacía regatear el precio de las mandarinas, te mostraré el mismo rostro de la tristeza.
Cuando te llamé de las sombras, ni una vez me devolviste una sonrisa sincera.
Cuando un cadáver helado, bajo un saco, volvió a morir de frío, ni te molestaste en cubrirlo con otro saco.
Por tu amor indiferente, por tus lágrimas que parecen incapaces de fluir...
Detendré la ventisca que ha caído sobre el mundo, recogeré la nieve que ha caído sobre los campos de cebada y la llevaré a visitar la tristeza de aquellos que tiritan de frío.
Caminaré contigo por los senderos nevados donde ha dejado de nevar.
Hablaremos del poder de la tristeza y caminaremos hasta llegar a la tristeza de la espera.