Capítulo 2
La mujer que olvidaste ser
Volver a encontrarte contigo misma
¿En qué momento dejaste de pensar en ti?
Tal vez hubo un tiempo en el que tenías muchos sueños.
Soñabas con estudiar, conocer lugares nuevos, tener tu propio dinero, crear algo con tus manos o convertirte en una mujer independiente. Quizás imaginabas una vida en la que pudieras tomar decisiones con seguridad, comprar lo que necesitabas sin sentir preocupación y disfrutar de la tranquilidad de saber que estabas construyendo algo para tu futuro.
Pero la vida fue avanzando.
Llegaron las responsabilidades, los compromisos, las preocupaciones económicas y, quizá, la maternidad. Comenzaste a dedicar tu tiempo a resolver las necesidades de los demás. Aprendiste a ser fuerte, incluso en los días en que necesitabas que alguien te preguntara cómo estabas.
Poco a poco, tus sueños fueron quedando para después.
Primero después de terminar una tarea. Después de atender a los niños. Después de pagar las cuentas. Después de resolver un problema familiar. Después de que todo estuviera en orden.
Y cuando finalmente parecía que tendrías tiempo para ti, aparecía una nueva responsabilidad.
Quizás no te diste cuenta de cuándo ocurrió. Simplemente te acostumbraste a vivir así.
Hasta que un día te miraste al espejo y sentiste que extrañabas algo.
No necesariamente extrañabas una vida sin responsabilidades. Extrañabas a la mujer que eras antes de creer que tus deseos debían esperar siempre.
Extrañabas tus ideas, tu entusiasmo, tu curiosidad y esa parte de ti que se atrevía a imaginar un futuro diferente.
Si reconoces esa sensación, quiero decirte algo: no has perdido tu valor por haberte olvidado de tus propios sueños. Y no es demasiado tarde para volver a descubrirlos.
No eres solamente lo que haces por los demás
Ser madre puede ser una de las experiencias más importantes de tu vida. Cuidar de tu familia puede darte un profundo sentido de amor y propósito. Pero ninguna de esas cosas significa que debas renunciar a todas las demás partes de ti.
También eres una mujer con ideas, capacidades, preferencias y aspiraciones.
Eres una persona que puede aprender algo nuevo, desarrollar un talento y descubrir intereses que quizás todavía no ha explorado.
No tienes que elegir entre ser una buena madre y tener metas personales. Puedes amar a tus hijos y también querer crecer profesionalmente. Puedes cuidar de tu hogar y dedicar tiempo a construir una fuente de ingresos. Puedes ser generosa con tu familia y aprender a cuidar tus propios recursos.
No se trata de hacer más hasta terminar agotada. Se trata de reconocer que tú también mereces formar parte de la vida que estás construyendo.
Durante mucho tiempo quizás te has definido por tus obligaciones.
«Soy la que resuelve».
«Soy la que siempre está disponible».
«Soy la que se encarga de todo».
Pero quiero invitarte a hacerte otra pregunta:
¿Quién eres cuando no estás resolviendo los problemas de todo el mundo?
No tienes que responder inmediatamente. Permítete pensar.
Quizás descubras que hay sueños que todavía te emocionan, habilidades que deseas desarrollar o proyectos que te gustaría intentar.
Ese descubrimiento puede ser el comienzo de algo hermoso.
Las dificultades no definen todo lo que eres
A veces, una situación económica difícil puede hacernos perder la confianza.
Cuando el dinero no alcanza, es fácil comenzar a pensar que no somos capaces de avanzar. Si dependemos económicamente de otra persona, quizás sentimos que tenemos pocas opciones. Si intentamos emprender y no conseguimos los resultados esperados, podemos llegar a creer que no servimos para los negocios.
Pero una dificultad no es una descripción completa de tu capacidad.
Quizás todavía no sabes administrar un presupuesto. Eso se puede aprender.
Quizás nunca has vendido un producto. Puedes estudiar cómo hacerlo.
Quizás tienes una idea, pero no sabes si será rentable. Puedes investigar el mercado antes de invertir.
Quizás necesitas desarrollar habilidades digitales para ofrecer tus servicios desde casa. Puedes comenzar a formarte poco a poco.
No necesitas conocer todas las respuestas para reconocer que puedes aprender.
Tampoco necesitas demostrar que eres capaz de hacerlo todo sola. Pedir orientación, buscar información y apoyarte en personas confiables son decisiones inteligentes.
Tu situación actual te muestra dónde estás. No determina por sí sola hasta dónde puedes llegar.
Recupera tus sueños sin sentir culpa
Quiero que pienses en la última vez que hiciste algo solamente porque te gustaba.
Tal vez fue hace mucho tiempo.
Quizás dejaste de leer, de estudiar, de crear, de salir con amigas o de dedicarte a una actividad que te hacía sentir bien. No porque dejaras de disfrutarla, sino porque comenzaste a pensar que había cosas más importantes que atender.
Las responsabilidades son reales y no siempre podemos disponer del tiempo o del dinero que deseamos. Por eso, reencontrarte contigo misma no significa ignorar tus obligaciones.
Significa dejar de considerar tus propios deseos como algo que nunca merece atención.
Puedes comenzar con quince minutos al día para aprender, escribir tus ideas o investigar una oportunidad. Puedes reservar un momento de la semana para revisar tus finanzas. Puedes pedir apoyo para organizar mejor tus responsabilidades, cuando sea posible.
No necesitas grandes cambios para comenzar a recuperar tu espacio.
Necesitas reconocer que tu crecimiento también merece planificación.
La mujer que sueñas ser puede comenzar desde casa
Quizás dentro de ti vive una mujer que desea emprender.
Una mujer que quiere vender sus propios productos, ofrecer un servicio, crear una marca o generar ingresos sin tener que alejarse de su hogar durante muchas horas.