Murdok: Buscando una esposa

Cap 24

—Asi que, ¿de dónde conoces a Murdok? —dice ella, tomando un asiento al lado de mí, la barra está sola.

—¿Me hablas a mí?

—No hay nadie más en la mesa —cambia su tono de voz, una vez se asegura que Murdok está lejos.

—De ningún sitio en particular —una de las reglas para mantener en privado la situación de que soy una casamentera, es evitar revelar información.

—¿En serio? Llevan bastante tiempo en el casino, riendo y charlando, no creo que sean desconocidos.

—¿Has mirado tanto tiempo? Debes estar aburrida.

—Esta bien, entiendo que no quieres decirme nada sobre ti y Murdok. Pero te vendría bien un consejo.

—¿Un consejo? No creo que te haya pedido ninguno.

—¿Te crees mucho por estar con él una sola noche? —se rie con descaro, como si no estuviera celosa de mi posición. Sabía que era alguna de las mujeres que intentaron acercarse a Murdok antes.

No me apetecía pelear por un hombre, no era esa clase de chica. Aunque tampoco me dejaba humillar por alguien que claramente tenía malas intenciones al acercarse.

—No creo que deba darte explicaciones. Dices que te llamas Linda, lo siento, la verdad no te conozco de nada.

—¿Y tú como te llamas?

—¿Para que quieres saberlo? ¿Piensas buscarme o algo?

—Solo quiero entender de dónde apareciste. Murdok es un hombre serio que apenas se aparece en el mundo, así que verlo con alguien como tú... es sorprendente.

—Escucha, es mejor evitar problemas —sorbo un poco de la margarita de fresa que me ayuda a controlar mi boca—. ¿Qué es lo que quieres saber?

—¿Desde cuándo lo conoces?

—Poco tiempo.

—¿Eres alguna empleaducha de su compañía? ¿Su secretaria?

—Para nada, más bien suena como un cliché —me recargo sobre mi mano, Linda parece desesperada por saber todo lo que ocurre entre nosotros, a pesar de que no sea nada.

—¿A qué se dedica tu familia? Quizá tengamos amigos en común.

—Nada interesante. En cambio, creo que no te va bien en tu trabajo, no sé mucho sobre finanzas y eso, pero si alguien influyente como Murdok no te recuerda, no eres muy eficiente.

Creo que hay un poco de realidad que me inunda, él y yo somos diferentes. Esta diversión que he tenido hoy en el hotel, desaparecerá mañana. Aún así, he disfrutado cada segundo.

—¿O eres acaso una interesada? Sería muy bajo contratar a una chica solo para divertirse..., supongo que cada quien hace lo que quiere con su dinero.

—¿Por qué te cuesta tanto entender que Murdok Smarnova puede pasar el rato con una mujer? Ah, ya sé. Es que te rechazó..., no, nunca te dio una oportunidad. Así que vienes a atacarme sin razón, Linda.

Sus ojos saltan.

—¿Quién te crees?

—No me creo nadie, pero no voy a permitir que me veas así. ¿Piensas que eres mejor que yo?

—¿Y tú piensas que eres especial? —sus ojos marrones se oscurecen, se me acerca, tanto que puedo oler su perfume costoso—. Qué Murdok Smarnova te tenga hoy con él, no significa nada, se cansará cuando se de cuenta de que eres como todas las demás.

—¿Hablas de mujeres como tú? Que espían como viles cuervos para tomar un poco de la carne seca que queda. ¿Te molesta que alguien pueda hablar con Murdok más de un segundo sin que él se alejé? Admítelo, ¿estás celosa de mí, o es tu orgullo que está pidiéndote actuar como una loca? —respondo con el mismo tono de voz que Linda, ella se queda callada, no esperaba ninguna reacción mía.

—¿Celosa? Por favor —se burla—. No hay nada que pueda interesarle a un hombre de ti.

—No necesito agradarle a ningún hombre. Pero, soy muy consciente de mi imagen personal, si fuera un adefecio para ti, entonces no estarías aquí, llena de envidia.

Tomo mi bolso y pretendo levantarme de la silla, sé que Murdok dijo que lo esperara en la barra. Solo que no puedo seguir aquí al lado de esta loca.

Doy un par de pasos, cuando siento un gran jalón desde la parte trasera de mi nuca, un tirón fuerte que me brinda ardor en el cuero cabelludo.

Alcanzó a frenar con mis tacones, cuando me aferro a la mano que me sostiene, está Linda sin remordimiento acusándome de ser una zorra.

—¿Ya no eres tan valiente, o si? —me grita cuando no logro sostenerme.

—¡Sueltame!

—¡¿Cómo alguien cómo tú puede estar en un hotel tan exclusivo como esté?!

—¡Déjame, maldita loca! —logro tomarla del collar se perlas que lleva en el cuello, ella siente el reflejo de falta de aire así que me suelta un segundo.

Aproveché el momento para tirarla en el suelo, le doy pequeños golpes en el rostro, sin demasiada fuerza pues no quiero lastimarla. Puedo adivinar que nunca ha peleado en su vida.

Sus brazos son débiles, fue fácil agarrarla de las muñecas.

—En tu vida te atrevas a tocarme de nuevo. O verás de lo que soy capaz —hay algo terrorífico en mi voz, una oscuridad que hace tiempo no aparecía en mi vida.

Cómo un destello, el recuerdo de Carolina en el suelo me inunda. Me aterro de mis acciones, me alejo de Linda, mientras los guardias de seguridad corren a separarnos.

—¡Deben llevársela! ¿Vieron lo que me hizo? Es una loca criminal —Linda se acomoda el cabello como puede.

—Tú empezaste —jalo aire para recuperarme.

—Señorita, por favor debe acompañarlos. No podemos aceptar ninguna de estas actitudes —dicen los hombres levatandome.

—¿Actitudes? Deberían revisar las grabaciones de las cámaras, y verán que ella fue la que inicio esto, solo me defendí.

—Por favor, no haga esto difícil. Debe irse.

—¿Me están echando por qué ella parece una cliente importante? —claro, nada era diferente, siempre el que tiene mayor poder es quien termina ganando.

—Me aseguraré de que no puedas volver aquí, oportunista —me dice Linda, con una expresión de satisfacción.

—La acompañaremos a la salida.

—Sé como salir. No necesito que me acompañen —respondo con orgullo, caminé al elevador más cercano, cuando las puertas se abrieron encontré a Murdok.




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