Nacidos entre las sombras -Dioses Ocultos, Libro 3

Capítulo treinta y tres

Miedo.

Las ordenes se había ejecutado con precisión de cirujano, los de la Alianza del este no se dieron cuenta que los habían dejado en la calle, gracias en su mayor parte a la cooperación Humana. Ahora se estaba ejecutando la segunda parte del plan. Los equipos que estaban listos comenzaron a desplazarse hacia sus objetivos. Esta parte del plan tenía que ejecutarse en solo veinticuatro horas, no podía durar más tiempo y después de ello, solo tenían diez horas para desaparecer las evidencias.

No sería un trabajo fácil, pero esperaban que fuera un trabajo limpio, es decir, que hubiera daños colaterales que lamentar. Cada uno de los grupos estaba formado por siete Lobos, tres Latentes y seis Humanos. Cada uno de ellos tenían asignados un objetivo en específico, de ese mismo modo era para cada uno.

No podían fallar, no podían dejarlos ir con vida y sobre todo tenían que evitar que los mataran. La manada podría soportar las noticias de la desaparición de toda esa gente, simplemente diciendo que fueron convocados al Vulpak original, por orden del Alfa y que no podían desobedecer. Sin embargo, también podían manipular sus mentes, aun que eso sería en el último recurso.

Dante Landeros había incursionado en uno de los grupos cuando el nombre de un Lobo salto a la luz durante la investigación, había sido amigo de ellos en la infancia, sus padres un día desaparecieron y creyeron que él había muerto. Pero, no fue así, la Alianza del este lo había educado con sus preceptos, con su enferma idea de que ellos merecían gobernar a la manada.

Lo triste de lo que estaban haciendo, era que no podían dejar a nadie con vida, incluyendo a su descendencia. sería difícil des programar sus mentes, en algunos casos lo lograrían, pero en otros solo sería como cortar la maleza, solo por la superficie. La raíz seguiría estando allí, esperando para volver. Los equipos estaban listos, acechando a sus presas. En ese momento Yurik tubo el recuerdo de la plática con Alekssandra, respecto a los hijos de los miembros de la Alianza.

“—¿Estás hablando de matar niños, primo? — le interrogo ella sorprendida con la pequeña Catherine en los brazos.

—Son un riesgo si los dejamos con vida.

—¡Son niños!

—La Alianza crio a sus hijos pensando en que se merecían todo… ¿Crees que con esos niños es diferente?

Alekssandra volvió la mirada hacia Dante, las video conferencias duraban más tiempo y eran más agotadoras últimamente.

—¿Qué opinas tú, como hijo de un miembro de la Alianza del este?

Todas las miradas se centraron en Dante.

—Nadie en mi familia lo sabía, solo mi padre y subsecuentemente mi hermano, quien solo quería agradar a mi padre. Antes de las muertes de mis hermanas y mi madre, ellas me enviaron un mensaje… no sabían de las actividades de mi padre y hermano, pero de haberlo sabido los habrían entregado al Alfa… Esos niños pueden o no saber de la Alianza, sus mentes son frágiles y son moldeables, perfectamente podemos saber cuándo alguien es corrupto. Nuestro señor Grigori nos enseñó eso…

—¿Te refieres al circulo de los Dioses? —Le interrogo alguien sorprendido por su respuesta.

—Si.

—¡Pero eso sería injusto, son cachorros! —protesto alguien más.

—Entonces, ¿Es más justo darles muerte por las acciones de sus padres? —interrogo un muy furioso Adrik.

Esa pregunta acallo a todos, nadie tenía un argumento válido para hacerlo.

—De ser posible, todos los cachorros descendientes de la Alianza del este serán traídos al Vulpak, analizados, sanados y de ser necesario pasarán por el circulo de los dioses —ordeno Alekssandra.”

¿Pero qué pasaría con cachorros como Tylor Landeros? Que estuvieran al tanto de la Alianza y la apoyaran.

“Equipo líder esperando la señal” —le informo a Iris a través del canal telepático común.

“Equipo omega esperando la señal” —le informo otro Lobo y así, uno a uno fue esperando por la última orden.

Aguardaron por lo que pareció una vida entera.

“Liberen a los Lobos” —fue la orden para ejecutar la última parte del plan, en silencio se acercaron a sus objetivos, uno a uno fue desconectándose de la red telepática de la Alianza, fue casi de manera simultánea. Como cuando hay un apagón en alguna ciudad, de pronto solo había oscuridad.

Dante Landeros incursiono a casa de Gunter Mares, sabía que él se encontraba en su oficina, su esposa en la habitación, ellos solo tenían seis cachorros, el más grande tendría doscientos años. Gunter se encontraba detrás de su escritorio, revisaba algo en su computadora de manera frenética. Cuando percibió el aroma de Dante dentro de la habitación.

—¿Entonces no es coincidencia que mi dinero desapareciera? —interrogo en un susurro.

—No.

—¿Al fin nos alcanzo la justicia de la raza?

—Si.

—Dante… mis hijos, ellos no son parte de esto… mi padre me obligo, mis hermanos…

—Morirá quien tenga que hacerlo… cuidaremos de tus cachorros.

Gunter lloraba, no por que estuviera a punto de ser asesinado, era de tranquilidad al saber que sus hijos volverían a la manada, de dónde no debieron salir. Dante se paró detrás de su amigo de la infancia, en su mano una hoja tintada.




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