Mordida.
No hubo avisó, no hubo ningún grito de dolor o de Auxilio. Simplemente todos los que habían estado conectados a su mente, habían desaparecido en un abrir y cerrar de ojos. Justo como cuando se desconectan las luces de una serie de navidad, solo quedo el cableado. Para el grupo que acompañaba a Taylor Landeros había sido como recibir un golpe en la cabeza, están confundidos, mareados y en la oscuridad absoluta.
Les tomó algún tiempo recuperarse y darse cuenta de lo que había pasado, alguien había eliminado de manera furtiva a la Alianza del este. De los cuales sólo quedaban trece miembros, todos aquellos que habían ido a buscar a líder de la alianza, y que no se encontraban haciendo su vida cotidiana.
—¿Crees que hayan sido los Cazadores? —interrogó un Lobo a otro, dentro de la camioneta dónde se encontraban
—No, esto fue más fuerte, más visceral... Fue la manada usando los colmillos —respondió Taylor sentado en el asiento posterior.
—¿Nos buscarán? — le interrogó un centinela llamado Miseo.
—Estoy seguro de ello... Grigori jamás deja cabos sueltos.
Taylor conocía casi también a Grigori como Dante, lo había visto crecer y lo había visto atacar. No era de aquellos Lobos que se tocaban el corazón, tampoco era de aquellos Lobos que tuvieran miedo o se dejará intimidar. Cuando se separó la manada, hizo que su manada fuera la más fuerte de todas, la más letal.
Ahora sabía que la manada se había unido en contra de sus verdaderos enemigos, ya habían derribado a uno y estaba seguro de que pronto derivarían al otro. Por lo menos los Cazadores tendrían lo que se merecían, justo como la Alianza del este.
—Vayamos al lugar seguro, necesitamos descansar y localizar sobrevivientes.
Condujeron por un par de horas más, hasta llegar a lo que ellos llamaban “lugar seguro”. Edificios o casas habían sido modificados como una fortaleza, dónde se suponía sólo la élite de la Alianza del este tenía acceso. La casa a la que se dirigieron se encontraba a unas horas de la capital, justo en medio de la nada.
Todo en el inmueble estaba apagado, parecía que había estado abandonado por siglos. Lo cual llamó la atención de los trece, se suponía que en cada uno de los lugares seguros había Centinelas apostados para el cuidado de estos sitios.
Dejaron los autos fuera de la propiedad, se apearon observando todo el entorno, abriendo sus sentidos para descubrir la amenaza. Pero ésta nunca llegó, algo había pasado en este lugar, pero tal parecía que había sido hace mucho tiempo. Cuando entraron a lugar seguro se dieron cuenta de que estaba completamente vacío, incluso el inmobiliario.
—¿Crees que los que estaban apostados aquí se robaron todo?
Taylor observó a su alrededor, por el momento sólo tenían un techo sobre sus cabezas.
—¿Qué lo detendría? finalmente todos los que se unieron a la Alianza del este son traidores, todos le robamos algo a la manada... ¿Por qué ellos deberían de ser leales a nosotros?
Las palabras de Taylor fueron duras, y eran tan reales que lo sintieron sentir incómodos.
—Tenemos que comunicarnos con el resto de la alianza, debe de haber alguien más con vida.
Taylor sólo asintió ante las palabras del lobo.
Se dirigieron a diferentes habitaciones y comenzaron a hacer llamadas, las líneas estaban muertas. Sólo encontraron a dos lobos más, uno de ellos había sido gravemente herido y había logrado escapar, no sobrevivirá. El otro había escapado cuando se dio cuenta de que estaban atacando su casa, lo persiguieron, pero aun así lo logró.
Esta noche ninguno de los trece y pudo dormir, todos tenían en la mente la misma idea. De que en cualquier momento Grigori iba a irrumpir por la puerta principal, traería consigo a su montón de sus perros rabiosos y seguramente nadie sobrevivirá.
A la mañana siguiente, hambrientos y cansados, decidieron que era el momento de volver a la Guarida o a la Madriguera, en realidad ya no les interesaba el nombre. Subieron de nuevo los automóviles y condujeron en dirección de la casa original, tardaron un par de horas en llegar, entre el tráfico y el miedo.
Cuando llegaron a la Madriguera esta había desaparecido, quiero consumida por las llamas, y se había derrumbado hasta sus cimientos. Todos sintieron el pesar en su corazón, el lugar más importante de la Alianza del este había sido destruido. La ventaja era que podían comenzar de cero, podían dejar ese país y empezar en otro lado.
—Taylor tengo que hablar contigo — le dijo un Lobo de los que habían ido por el al lago.
—¿Qué ocurre, Sebastián?
Ambos Lobo se alejaron un poco del resto, no sería lo suficiente para que no escucharán la conversación, pero si para informarles que era algo importante.
—No podemos escapar.
Las palabras de Sebastián pusieron a todos en alerta.
—¿A qué demonios te refieres?
No sé cómo, no sé cuándo... Todos los activos de la alianza desaparecieron.
—¿A qué… te refieres?
—Sólo tenemos lo que traemos encima señor, nuestras tarjetas, de nada sirve... Ahora sólo son un vil plástico.