Culpa
Por un segundo pudo escuchar que alguien lo estaba llamando, tan claramente podía escuchar que alguien pronunciaba su nombre. Buscó a su alrededor y no vio nada a través de la neblina roja, era imposible que alguien lo hubiera estado buscando, había cortado la seda con la Alianza del este.
Pero aun así escuchaba la voz insistente llamándolo, era una voz familiar, era la voz de alguien que había estado añorando escuchar por años. No podía distinguir lo que le decía, pero sabía que le estaba hablando a él, ya era tarde no podía volver. Se había entregado a la Sed de sangre, había tenido su primera muerte de semanas atrás.
Pero la llamada de auxilio en su cabeza no se detenía, las palabras comenzaron a llegar una por una.
—¡Tylor! … Ayúdame… mi vida… ella… cachorros… sálvala
Sin duda que las palabras que llegaban a su mente no tenían contexto, ni razón de ser, él no podría ayudar a nadie y mucho menos salvar a alguien. Para lo único que servía en ese momento era para desgarrar carne y beber sangre, sin embargo, las palabras no dejaban de llegar.
Después de un par de horas de estar las escuchándolas los sentimientos comenzaron a abordarlo, tristeza y desesperación. Pero se percató de que estos, estos eran del dueño de esas palabras, el dueño de esa voz le estaba enviando esos sentimientos quería hacerle entender algo, pero no sabía qué o para qué.
Sacudió su cabeza tratando de sacar esos sentimientos y esas palabras de ella, sin embargo, parecían aferrarse algo profundamente en su mente. Una palabra fue suficiente para que su conciencia emergiera dentro la podredumbre de la sed de sangre.
—Hermano.
Entonces como si alguien le hubiera hecho una lobotomía, el color rojo de su visión desapareció, se encontraba en medio de una granja, su ropa estaba hecha jirones y tenía sangre seca por cualquier parte del cuerpo. Apestaba a muerte vieja y a otras cosas, pero una vez que recuperó la conciencia ya no pudo escuchar las palabras.
Trato de centrar su mente y crear ese puente hacia dónde sea que se dirigiera, pero éste no lograba alcanzar nada. tenía que volver a la mansión de la Alianza, tenía que saber qué demonios estaba pasando y porque había recibido todo eso. ¿Sería acaso que la alianza del éste lo estaría buscando?
Tardó tres días en regresar, en el camino robó ropa y se dio una ducha larga. De manera que cuando entró por la puerta trasera de la mansión ya se veía un poco más como él mismo, se encontró que dentro de la casa había mucha agitación. Percibió el olor de la sangre, pero este aroma tenía algo en particular, le era sumamente familiar. Cuando uno de los Lobos de la Alianza del este lo vio parado en la puerta casi sufre un ataque, lo habían estado buscando por meses y después lo dieron por muerto.
—Mi señor es una gran alegría verlo con vida.
Pero no era alegría lo que percibía del Lobo que tenía frente a sí, era terror.
—¿Qué está ocurriendo?
—Encontramos al responsable de los ataques a la Alianza del este.
Entonces si había sido la Alianza del este quién lo había estado buscando, ahora se preguntaba si quería saber la identidad de ese Lobo.
—¿Dónde lo tienen?
—En el calabozo mi señor.
Sin decir más dejo que el aroma familiar lo guiara, todos quedaban petrificados al verlo, él representaba la destrucción. Si no estaba satisfecho con su trabajo les daría muerte, tan rápido que ni siquiera lo verían venir, ese era su talento.
Tylor Landeros atravesó la casa con una calma aterradora, en silencio y sin ponerle atención a nadie más. El aroma de la sangre se hacía cada vez más fuerte, bajo las escaleras y se encontró con la primera puerta, la abrió y tuvo que aguantar el chirrido que producía y lastimaba sus oídos, camino por un largo pasillo mal iluminado. Al final de este estaba la habitación que daba a las mazmorras. Estás habían sido construidas recientemente, para esos fines.
Noto cosas que no deberían de estar allí, un Lobo salió de una habitación de dónde provenían los gritos de una mujer… se quedó helado al ver a Tylor.
—Mi señor, que alegría…
—¿Por qué tienen a una mujer aquí?
—Ella es la responsable de la desaparición de la Alianza mi señor.
—Bien.
Pero algo no estaba bien, ese aroma familiar le estaba martillando el cerebro, como si fuera un grito de ayuda.
—La perra estaba preñada —se burló otro Lobo que salió de la habitación abotonándose el pantalón.
—¿Qué? —la pregunta de Tylor casi lo hizo saltar hasta el techo.
—Mi señor… Que alegría…
—¡Corta esa jodida mierda! —le grito haciendo qué ambos temblaran —¿Qué dijiste?
El hombre lo dudo.
—Ella estaba embarazada.
—¿Qué demonios le hicieron?
No espero respuesta, entró a la habitación y encontró a la Loba en el suelo, si ropa, ensangrentada, tenía golpes y heridas por todo el cuerpo y la mirada perdida hacia una esquina. El volvió la mirada a esa dirección, su corazón casi se sale por su garganta. Los cachorros de la mujer yacían allí, todos muertos.