Ni el Miedo Me Aguanta: La vida de un chico hecho de acero

El golpe que no me tumbó

El día empezaba como cualquier otro. El sol se colaba por entre los edificios de Bogotá, y yo, como siempre, caminaba junto a mi abuelo rumbo a la panadería. El semáforo marcó rojo para los autos, y nosotros cruzamos. Lo que no sabíamos era que un conductor impaciente venía como un rayo, ignorando la luz.

El carro me golpeó de lleno.

Todo el mundo gritó, mi abuelo se quedó helado, y los transeúntes corrieron a ver qué había pasado. Pero yo… solo me sacudí el pantalón, me levanté, miré el carro y dije:

—¿Eso fue todo?

No tenía un rasguño. La gente no lo podía creer. Unos pensaban que era un milagro, otros que era pura locura. Pero para mí era solo otro martes cualquiera.

Los policías llegaron y preguntaron si estaba bien. Yo asentí, mientras le daba una mordida al pan que acababa de comprar.

Mi abuelo, con la voz temblorosa, murmuró:

—Este niño… ¿de qué está hecho? ¿De acero?

La verdad, ni yo lo sabía. No era la primera vez que salía ileso de algo que debería haberme tumbado. A veces siento que el miedo me ve y prefiere no acercarse.

Pero ese día algo cambió. No fue el golpe… fue la forma en la que todos me miraron. Como si yo no fuera un niño normal. Como si cargara algo especial. Algo que ni yo entendía todavía.

Ese fue el primer día que escuché la frase que se repetiría muchas veces después:

"Ni el miedo te aguanta."

Y así empezó esta historia. No de superpoderes, ni de fantasía. Sino de vida real. Una vida donde el miedo intentó atraparme muchas veces… pero nunca pudo sostenerme.



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En el texto hay: superacion, vida real, juventud valiente

Editado: 26.06.2025

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