Después de la muerte de Daniel la casa cambió notablemente.
No fue algo que Emma pudiera explicar con palabras, simplemente dejó de sentirse como el mismo lugar en el que habían vivido durante aquellos siete meses. Antes había ruido casi todo el día, la televisión encendida en la sala, Daniel caminando de un lado a otro haciendo reparaciones, Sophia corriendo por las escaleras o hablando sola mientras jugaba, pero ahora las habitaciones permanecían en silencio durante horas y cualquier sonido pequeño parecía demasiado fuerte.
Emma apenas salía de su dormitorio. Había días en los que olvidaba comer y otros en los que pasaba horas sentada frente a una taza de café que terminaba fría sobre la mesa. Todavía había algunas cosas de Daniel por la casa, su abrigo colgado detrás de la puerta, sus zapatos junto a la escalera, una taza que había dejado en la cocina y que Emma no se había atrevido a guardar porque hacerlo significaba aceptar que realmente no volvería a utilizarla.
Sophia tampoco estaba bien. La diferencia era que ella tenía siete años y no sabía cómo explicar lo que sentía, así que se aferró a Amelia.
—Mamá, Amelia quiere ver una película— dijo la menor ,Emma levantaba la mirada desde el sofá y forzaba una pequeña sonrisa.
—Entonces pueden verla juntas.
Sophia se sentaba a su lado y acomodaba a la muñeca entre ambas, pero Emma apenas prestaba atención a la televisión. La mayor parte del tiempo permanecía mirando hacia algún punto de la habitación con los ojos perdidos, como si todavía esperara escuchar la voz de Daniel desde otra parte de la casa.
Una de esas tarder, Sophia tomó su mano.
—Mamá— llamo la menor con cuidado, Emma reaccionó después de varios segundos.
—¿Sí?
—¿Estás triste?— murmuro, la pregunta consiguió romperle la expresión, miró a su hija y tragó saliva antes de asentir.
—Un poquito...
—Yo también— Sophia fruncio ligeramente el ceño, la niña abrazó a Amelia —Pero ella está conmigo..— agrego, con una conviccion que su madre no noto en ese momento por su propio duelo. Emma observó la muñeca durante unos segundos.
—Me alegra que tengas una amiga.
—Ella me escucha— Sophia sonrio contenta de que su mami hablara con ella al fin luego de dos semanas desde que su papi se habia ido de viaje—Y tampoco se va.
Emma no respondió porque realmente no supo qué decir. Aquella noche mientras Sophia dormía Emma permaneció sentada sola en la cocina. La casa estaba completamente silenciosa hasta que escuchó un pequeño ruido hueco en el piso de arriba.
Toc.
Levantó la cabeza esperando a que bajara su niña, a veces bajaba a pedirle algunas galletas o leche. Nada. Volvió a mirar su taza nuevamente sumiendose en sus recuerdos de su esposo, escuchó tres pasos.
Tac.
Tac.
Tac.
Emma se quedó completamente inmovil, los pasos resonaron de nuevo, esta vez mas rapidos,
—¿Mi niña?
Se levantó inmediatamente y subió las escaleras, aunque cuando llegó arriba no encontró a nadie. El pasillo estaba vacío y las puertas permanecían cerradas, se acercó a la habitación de Sophia.
La niña estaba dormida con Amelia estaba abrazada contra su pecho. Emma suspiró ligeramente aliviada y cerró nuevamente la puerta y no volvió a pensar en ello hasta la noche siguiente.
Esta vez escuchó un eco lejano de una risilla infantil, Emma abrió los ojos en medio de la oscuridad. Permaneció acostada completamente quieta, intentando convencerse de que había escuchado mal, cuando nuevamente volvio a tranquilizarse volvio a escucharla, mucho mas bajita desde el pasillo, Emma salio de la cama con cuidado de no hacer ruido y abrio la puerta de la habitacion. No habia nada, solo el largo pasillo oscuro.
—¿Sophia?— llamo, al no obtener respuesta caminó hasta la habitación de su hija y abrió lentamente. Sophia estaba profundamente dormida, sonrio a labios unidos al ver a su niña durmiendo tan comoda, se acerco un paso y fue cuando noto que Amelia no estaba entre sus brazos, frunció el ceño y encendió la lámpara colocandose junto a su hija para que la luz no la despertara.
La muñeca estaba sentada en una silla junto a la ventana, Emma sintió un pequeño escalofrío porque cuando habia arropado a su hija la muñeca estaba junto a ella. Se acerco a la ventana y la tomo
—Sophia...— llamo ,la niña abrió los ojos lentamente.
—¿Qué pasó?
—¿Pusiste a Amelia aquí?
—No— Sophia miro hacia la silla, Emma sintió que el corazón le daba un pequeño vuelco.
—¿Entonces quién la puso?— cuestiono, Sophia se incorporó apenas y miró a la muñeca.
—Ella se levantó, le gusta ver las estrellas desde ahi— murmuro entre un pequeño bostezo mientras se acurrucaba nuevamente en la cama, Emma se quedó callada.
—Sophia, no estoy para bromas mi niña...
—Te lo dije —murmuró la niña arropandose mas—. Amelia camina cuando todos duermen
—Las muñecas no caminan, cariño— Emma quiso reírse, pero no pudo. Sophia la miró con una seriedad que no correspondía a una niña de siete años.
—Amelia sí lo hace.
Emma no respondió, la arropo nuevamente y dejó la muñeca sobre la cama, entre los brazos de Sophia para después apagar la luz.
Al cerrar la puerta, escuchó algo detrás de ella, como unos pasitos rapidos y luego un pequeño golpe, continuó caminando hacia su habitacion convencida que era cansancio, entonces escuchó otro golpe mas firme.
Toc.
Esta vez venía de la habitación de Sophia, mordio el interior de su mejia un poco molesta prquel la broma de su hija estaba yendo demasiado lejos, Emma regresó y abrió la puerta de golpe para atraparla mientras se subia a la cama pero la niña seguía dormida, Amelia seguía entre sus brazos pero la silla estaba en medio de la habitación. Fruncio el ceño porque estaba completamente segura de que la habia dejado junto a la ventana de donde antes habia tomado a la muñeca, esta vez no quiso despertar a Sophia asi que simplemente cerró la puerta y regresó a su dormitorio.