No Despiertes A Amelia

04

Las cosas empeoraron durante las semanas siguientes aunque al principio Emma intentó convencerse de que simplemente estaba atravesando el duelo y que la casa se sentía diferente porque Daniel ya no estaba allí. Sin embargo cada día parecía ocurrir algo nuevo y poco a poco dejó de encontrar formas de hacerse ignorante con lo que ocurria. Las puertas comenzaron a aparecer abiertas después de haberlas cerrado, algunos objetos cambiaban de lugar y durante las noches se escuchaban pasos pequeños recorriendo el segundo piso, siempre lentos, siempre descalzos, como si un niño caminara de un extremo al otro del pasillo y después desapareciera antes de que ella pudiera encontrarlo.

Sophia parecía estar cada vez más feliz, no porque hubiera dejado de extrañar a su padre, sino porque estaba convencida de que Amelia podía hablar con él.

—Papá vino anoche —le dijo una mañana mientras desayunaba, Emma dejó la taza sobre la mesa completamente impactada de lo que habia soltado su niña.

—¿Qué?— Sophia continuó comiendo como si estuviera hablando de cualquier cosa

—Estaba en mi habitación.

—Sophia, tu papá no está aquí— dijo con cuidado, la niña levantó la mirada lentamente.

—Sí está.

—Cariño...— emma respiro hondo tratando de contener las lagrimas que empezaban a acumularse en sus ojos

—Amelia lo vio— la pequeña señaló la muñeca, que estaba sentada sobre una silla al otro lado de la cocina— Ella me dijo que papá está triste.

Emma sintió un escalofrío, pero intentó ocultarlo.

—Amelia no puede hablar.

Sophia solto una leve risilla sin poder evitarlo

—Contigo no habla.— dijo con calma total mientras daba otro bocado, la respuesta hizo que Emma se quedara en silencio.

Durante unos segundos miró a su hija y después a la muñeca. Había algo diferente en Amelia, aunque no podía identificar qué era exactamente. Quizá era una impresión causada por la poca luz de la cocina, pero el rostro de porcelana parecía menos redondo que antes y las facciones se habían vuelto ligeramente más suaves.

Emma apartó la mirada porque no quería pensar en ello, pero al día siguiente volvió a mirar y entonces sí lo notó. Los ojos. Amelia tenia unos ojos grandes, oscuros y perfectamente redondos, pero ahora parecían un poco más alargados, exactamente como los de Sophia. Incluso el pequeño hoyuelo que la niña tenía en una mejilla parecía estar apareciendo en el rostro de porcelana.

—Sophia...

—¿Sí?— la niña levanto la cabeza al escuchar su nombre

—¿Has hecho algo con la muñeca?— cuestion Emma tratando de mantener la calma, Sophia frunció el ceño.

—Nopi.

—¿La pintaste?

—Para nada,

—¿Estás segura?

—Mamá, no le hice nada— la niña abrazo la muñeca, Emma se acercó y examinó el rostro de la muñeca sosteniendola con cuidado

Era imposible, la noche anterior había sido diferente, no mucho, apenas lo suficiente para que pudiera pensar que se estaba imaginando cosas pero ahora había algo en ella que le resultaba familiar. Demasiado familiar.

—Déjala —dijo Sophia de repente, Emma levantó la mirada sorprendida por el tono de su hija.

—¿Qué?

—No la toques.

El tono de la niña había cambiado, ya no sonaba como una petición. Sonaba como una advertencia, Emma soltó la muñeca lentamente.

—Está bien...

—Ella no quiere que la toques— dijo con firmeza mientras acariciaba los cabellos de la muñeca.-

Aquella noche Emma no consiguió dormir, escuchó pasos durante horas. Primero en el pasillo, después en las escaleras, luego justo frente a su habitación.

Tac.

Tac.

Tac.

Emma permaneció bajo las mantas hasta que escuchó el picaporte moverse. Una vez, dos. La puerta se abrió lentamente y Emma se incorporó de golpe sintiendo su respiracion erratica

—¿Sophia?

La puerta terminó de abrirse y el pasillo quedó completamente visible, estaba todo oscuro y vacio, Emma salió de la cama y caminó afuera, al salir completamente noto algo en el suelo. Una pequeña cinta azul. La misma que Amelia llevaba alrededor del cuello, Emma la recogió con dedos temblorosos y miró hacia la habitación de Sophia y la puerta estaba entreabierta.

Se fue directamente ahi apretando la cinta en su mano ,Sophia dormía profundamente abrazada a la muñeca pero Amelia ya no tenía la cinta alrededor del cuello, Emma sintió que el corazón comenzaba a acelerarse y acercó lentamente, la niña dormía con una sonrisa pequeña en los labios.

—Sophia..— llamo suavemente acercandose a la cama, ni siquiera se removio. Emma miró a Amelia y retrocedió, la muñeca tenía el cabello más claro, no mucho pero lo suficiente.

El mismo tono castaño claro que el de Sophia, su rostro también había cambiado de nuevo, mas humana, ahora parecía tener exactamente siete años. La misma edad, la misma forma de la nariz, los mismos labios pequeños de su pequeña princesa. Incluso una pequeña mancha junto a la ceja que Sophia tenía desde que era bebé parecía estar apareciendo sobre la porcelana.

—Dios mío...— Emma se llevó una mano a la boca, Sophia abrió los ojos.

—¿Mamá?— Emma dio un pequeño salto de susto al escucharla.

—¿Sí?

La niña sonrió mientras abrazaba a Amelia.

—Te dije que estaba creciendo— Emma sintió que el frío le recorría la espalda.

—¿Qué quieres decir?

Sophia acarició la mejilla de la muñeca.

—¿No es bonita?— tarareo sin contestar la pregunta de su madre, levantó a Amelia y la puso junto a su propio rostro.

Eran diferentes Todavía pero cada vez menos, Sophia sonrió.

—Cuando sea igual de grande que yo podremos estar juntas para siempre— dijo con emocion adormilada, Emma sintió que el estómago se le revolvía.

—¿Quién te dijo eso?

Sophia inclinó la cabeza.

—Amelia— murmuro con dulzura ,

Fue cuando desde algún lugar del pasillo, se escuchó una risita infantil, Emma se giró de inmediato con el corazon en la garganta, no había nadie. Cuando volvió a mirar hacia la cama, Sophia seguía allí pero Amelia estaba mirando directamente hacia ella, sus ojos de porcelana parecían completamente abiertos.




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