No me toques!

Capítulo 21.

—¿En qué estaba pensando?

Nerviosa camino de un lado a otro en la cocina esperando que el Señor Nieves vuelva. En mi cabeza parecía una buena idea... digo cuando lo invite a dormir conmigo... no, reformulemos eso último. Cuando lo invite a dormir aquí fue solo con fines totalmente experimentales... bueno, eso tampoco sonó muy bien. ¡Solo fue para que él pudiese experimentar lo que es dormir en un lugar nuevo! Sí, eso mismo.

Pero la forma en la que Noah arqueó las cejas me hizo sentir extraña, fue una especie de emoción que nunca antes había experimentado por lo que no sé muy bien como describirla. Sentí que me faltaba el aire, sus ojos me miraron de una forma tan... ¡agh! Ni siquiera sé explicar esto tampoco.

Pero bueno no es como que lo haya invitado con otro tipo de intención... ¡Por dios, es Noah! Un misofóbico que no se animaría a pasarse de listo conmigo, ni siquiera se animaría a tocarme... "pero es un hombre" dice una voz en mi cabeza.

Niego sintiendo mis mejillas arder, no, no lo es. Bueno, si es un hombre. Pero no haría nada conmigo yo... yo le desagrado.

—¿No vas a abrir? —Escucho su grito al otro lado de la puerta y pego un brinco—, si quieres puedo irme...

Corro sin pensarlo dos veces y abro la puerta asustándolo. Lo observo mejor, tiene un pijama muy parecido al que trajo la vez que le ofrecí tomar unas cervezas, el conjunto está vez es negro con rayas grises muy delgadas en los pantalones, mis ojos van a sus manos y arrugo el ceño.

—¿Un oso?

Tiene en la mano un oso blanco, trae puesto sus guantes blancos, pero no comprendo muy bien que hace con eso así que levanto la vista hasta sus ojos. Me sorprende un poco verlo con el cabello para abajo, algunos mechones cubren sus ojos y es raro decirlo, pero luce bien.

Se lo ve algo nervioso, me fijo en que más trae y solo veo una mochila colgando de su hombro y observo nuevamente el oso.

—¿Tienes que dormir con un peluche? —Pregunto curiosa.

No quiero decirlo en broma, porque algunas personas necesitan o se sienten apegadas a ciertos objetos así que no quiero ofenderlo burlándome.

—¿Cuántos años crees que tengo?

Abro la boca ofendida por la forma en la que respondió, pero si no es suyo...

—No me digas que...

Aunque no debería hacerlo le quito el oso, él se va para atrás luego de que sé lo quitara de las manos pero veo al oso totalmente incrédula.

Siento las lágrimas acumularse en mis ojos y parpadeo varias veces para que no caigan.

—No te creí cuando dijiste que era blanco, así que tenía que confirmarlo.

El oso que me habían regalado mis padres cuando era pequeña... él que me dijo que debía tirarlo a la basura está entre mis manos. Lo inspecciono detenidamente, no tiene ninguna mancha, tampoco el chicle que se había pegado en él... oh dios hasta es completamente blanco como antes.

—Pero... Lo tiré en la basura.

Cuando lo miro él aparta la mirada, ¿Habrá sido capaz de hurgar en la basura para sacarlo? De nuevo siento esa opresión en el pecho que me deja sin respiración.

—Dijiste que era importante... nuestra compañía posee uno de los mejores productos del país...

Él estaba hablando, pero no podía hacer nada más que mirarlo. Mis manos picaban, necesitaba tocarlo, darle un abrazo, mostrarle lo agradecida que estaba con ese gesto... las lágrimas caen y él se calla.

Comienzo a llorar como un bebé, abrazo el oso y escondo mi rostro en éste. El olor no es lo que esperaba, pensé que iba a tener el olor a suavizante pero todo lo contrario... huele a Noah.

—Oye... pero ¿Qué te pasa?

Su voz suena preocupada y lloro más fuerte. Nunca nadie había hecho un gesto tan lindo por mí, mi corazón se siente demasiado agradecido. Me pregunto como hizo Noah para olvidar su problema y limpiar este oso, levanto la vista lentamente y me paralizo cuando lo veo en frente mío con el ceño arrugado.

Se me olvida como respirar cuando levanta mi barbilla con sus manos.

Noah me está tocando.

Tal vez no es piel con piel, pero no está lejos de serlo. Tiene los guantes puestos pero esto se siente tan... íntimo. Nunca me imagine que él estuviese así de cerca, su ceño está arrugado y mira mis lágrimas, luego sus ojos negros chocan con los míos y veo sorpresa en estos creo que se acaba de percatar de nuestra cercanía.

—Respira, Sandra.

Dicho esto da un paso atrás y suelto todo el aire que estaba reteniendo... pero ¿Qué demonios fue eso?

—Gra-gracias. Noah, este peluche... significa mucho para mí.

Da otro paso atrás y parece incomodo pero asiente con la cabeza.

—No es nada.

—Sí lo es. Podía haber acabado en un basurero terrible y ser olvidado... hasta ahora no había recordado lo importante que era para mí. Mis padres me lo dieron y...

Tuve ganas de llorar de nuevo, parece que Noah lo noto porque bufo.

—¿Me vas a dejar entrar o no? —Estaba cambiando de tema. Lo que funciono porque me olvide de lo sucedido cuando uso un tono de voz chulito.

—¿Por qué me hablas de ese modo, idiota?

—¿Idiota? —Sonríe de costado—, ¿Qué se siente qué este idiota te dejara sin respiración?

Oh no, no acaba de decir eso. Mis mejillas vuelven a adquirir color, lo sé tan bien por el simple hecho de que arden.

—¡Es porque el olor a desinfectante no me gusta! —Resoplo y siento que mi flequillo vuela hacia arriba.

—Estás tan colada por mi... —Canturrea.

Muy significativo este oso o no lo levanto para aventárselo y cuando se da cuenta de mis intenciones corre hacia adentro de mi casa. Entro y cierro la puerta, maldito Señor Nieves.

Con oso en mano lo sigo escaleras arriba, lo veo mirar mi cama y me aclaro la garganta.

—Puedes dormir aquí —Digo dejando el oso en la mesita de luz—. Yo puedo ir al sofá por hoy.

—No voy a dormir en tu cama, bola de gérmenes.




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