El diagnóstico oficial fue estado catatónico de origen desconocido, posiblemente derivado de trauma agudo.
Los médicos coincidían en un detalle que nunca lograron explicar: el cuerpo de Michel Martín Fuentes respondía a los estímulos básicos —respiraba, digería, el corazón latía con normalidad— pero ningún examen, ninguna prueba, lograba encontrar la más mínima señal de que hubiera alguien detrás de esos ojos.
El expediente incluía una sola anotación, escrita por la enfermera de turno la primera noche:
«La paciente permanece con los ojos abiertos incluso mientras duerme. Se recomienda evaluación oftalmológica.»
Nunca encontraron nada malo en sus ojos.
Simplemente ya no había nadie mirando a través de ellos.
Editado: 24.10.2026