No mires atrás

"LO QUE QUEDA EN LA NIEBLA"

Lucas Ramírez

Miércoles, 23:47 p.m.

Lucas odiaba recordar. Lo evitaba siempre que podía, como si cada recuerdo viejo tuviera una película de polvo venenoso que lo asfixiaba. Pero esa noche no pudo hacer otra cosa.

Estaba sentado frente a su escritorio, con el teléfono en la mano. La foto que Valentina había recibido —la misma que ahora Emma decía haber visto como perfil de Vicente— estaba en su cabeza como una herida abierta. Y lo peor era que él recordaba ese momento. No solo porque estuvo allí, sino porque fue él quien tomó la foto. No se lo había dicho a nadie, no esa parte, ni siquiera al grupo.

Esa noche había empezado como una idea estúpida de Dante, siempre tenía ideas así. Retos, bromas, fiestas improvisadas.

—“Una noche entre nosotros, sin adultos, sin celulares, sin límites, solo una fogata y lo que traigamos dentro.” —había dicho Dante, como si fuera una especie de gurú adolescente de una secta secreta.

Lucas, como siempre, lo había seguido. Llevó su cámara, le gustaba registrar cosas. Imágenes, momentos, silencios y esa noche fue una mezcla extraña de todo eso.

Valentina había traído vino, Emma, una bolsa con chocolates y galletas, Lía, una linterna de cabeza que usó para asustar a los demás con historias de terror. Dante… Dante solo trajo su caos. Y él, su cámara. Tomó más de 30 fotos. La última fue justo antes del accidente, justo antes del grito, justo antes de que todo se volviera demasiado real.

Lucas se levantó de la silla y caminó hasta su closet. Sacó una caja negra de zapatos viejos donde guardaba su antigua tarjeta SD, esa que había usado ese fin de semana. Encendió su cámara, insertó la tarjeta y esperó…

Nada.

—Vamos… —susurró, apretando los botones.

Pero las fotos ya no estaban ahí, las había borrado. Recordaba haberlo hecho, lo había decidido como si fuera una penitencia silenciosa. Si nadie lo ve, nunca pasó. Si nadie lo dice, no duele, pero alguien más tenía esa imagen. Alguien había recuperado lo que él había intentado desaparecer.

¿Vicente? ¿O alguien más que estuvo ahí sin que ellos lo supieran?

Lucas llegó al colegio con el estómago revuelto. No había dormido. No había desayunado, solo había repasado una y otra vez esa imagen mental, la figura cayendo. La sombra detrás.

En el pasillo lo esperaba Lía, con cara de susto y los labios apretados.

—Valentina no vino hoy —le dijo sin saludar.

—¿Qué? ¿Por qué?

—Su mamá llamó al colegio, dijo que tenía fiebre, pero tú sabes que eso no es verdad.

Lucas la miró, sintiendo cómo una parte de él se resquebrajaba.

—¿Crees que le pasó algo?

—No lo sé, pero no responde los mensajes. Ni los míos ni los de Emma.

—¿Y Dante?

—Tampoco ha venido. Tres días seguidos, nadie sabe nada.

Lucas pasó la mano por su pelo.

—Esto se está yendo a la mierda.

—Ya se fue —respondió Lía con un hilo de voz.

En la clase de Historia, mientras la profesora hablaba sobre dictaduras, Lucas volvió a ese instante, el grito, pero esta vez el recuerdo vino con un detalle nuevo. Algo que había bloqueado, o que no había querido ver.

La linterna.

Sí, la linterna de Lía. En el momento exacto en que todos gritaban, en medio del caos, la linterna apuntó al bosque… y por un segundo, Lucas creyó haber visto una silueta entre los árboles.

Una figura estática, observando.

¿Había alguien más esa noche?

Se le heló la sangre.

¿Y si alguien más los había visto? ¿Y si ese alguien era quien ahora los perseguía?

Al almuerzo, se encontró con Emma en el patio trasero, donde casi nadie iba.

—¿Tienes un segundo? —preguntó él.

Ella asintió. Tenía ojeras profundas, ojos alertas, la tormenta por dentro.

—La foto… la tomé yo.

Emma lo miró en silencio.

—Lo sospechaba.

—¿Por qué no dijiste nada?

—Porque todos tenemos cosas que estamos callando.

Lucas respiró hondo.

—Hay algo más...

—¿Qué?

—Creo que había alguien más esa noche, alguien que no era del grupo.

—¿Quién?

Lucas negó con la cabeza.

—No lo sé, pero vi una figura, solo un segundo. Pensé que era parte de mi miedo, pero ahora no estoy seguro.

Emma entrecerró los ojos.

—¿Crees que Vicente estuvo ahí?

—No lo sé, pero alguien estuvo. Alguien que vio lo que pasó. Alguien que ahora nos está observando.

Ella se quedó callada un momento.

—Yo soñé anoche que alguien nos miraba desde la orilla del lago, que caminaba hacia nosotros. Cuando desperté, mi ventana estaba abierta.



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En el texto hay: misterio, suspenso misterio

Editado: 31.07.2025

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