CAPÍTULO 15: La fiesta-3
Emma reaccionó primero.
—¡Corre! —gritó, agarrando a Yelena del brazo.
Ambas salieron del jardín a toda velocidad, cruzaron las puertas de cristal y entraron nuevamente en la casa.
El contraste fue brutal.
Dentro, la fiesta estaba en su punto más alto.
Luces intensas, música electrónica retumbando en las paredes, gente bailando sin control. Algunos reían, otros gritaban, vasos derramados, olor a alcohol… y algo más. El ambiente estaba cargado, caótico.
Nadie parecía notar el peligro.
Emma giraba la cabeza, buscando.
—¿Dónde está? —murmuró.
No había rastro de Doppio.
Ni de Nox.
Jean habló en su oído, intentando mantener la calma.
—Estoy a dos minutos. Escúchame, Emma, mantente en zonas abiertas, no—
Un estruendo interrumpió todo.
¡CRASH!
Una de las ventanas del salón principal estalló en pedazos.
Algo rodó por el suelo.
Un pequeño cilindro metálico.
Emma lo vio.
—¡Yelena—!
Demasiado tarde.
El objeto explotó con un sonido seco.
Una nube densa de humo gris comenzó a expandirse rápidamente por la sala.
—¡Mierda! —gritó Yelena.
El humo se propagó en segundos.
Las luces comenzaron a difuminarse.
La música se cortó abruptamente.
Y entonces llegó el caos.
Tos.
Gritos.
Personas chocando entre sí.
—¡¿Qué está pasando?!
—¡No veo nada!
—¡Salgan!
La multitud entró en pánico. Algunos corrían hacia la salida principal, otros hacia ventanas, otros simplemente empujaban sin dirección.
Emma agarró la mano de Yelena con fuerza.
—No nos separamos.
—¡No veo nada!
—¡Sígueme!
Jean gritaba por el comunicador:
—¡Es gas! ¡Salgan de ahí! ¡Emma, responde!
Pero la señal comenzaba a fallar.
—Jean— krrrsh —no— estática —
El humo lo cubría todo.
En cuestión de minutos, la casa se vació.
Los pasos se alejaron.
Los gritos desaparecieron.
La música murió.
Y entonces…
Silencio.
Un silencio antinatural.
Pesado.
Emma y Yelena respiraban agitadas, cubriéndose parcialmente la boca.
El humo comenzaba a disiparse lentamente.
Una figura apareció entre la niebla.
Caminando con calma.
Sin prisa.
Nox.
Su silueta se definía a medida que avanzaba.
Descalzo. El torso aún descubierto, los tatuajes oscuros destacando bajo la luz tenue que lograba atravesar el humo.
Sus pasos eran suaves.
Controlados.
—Curioso —dijo con voz clara, rompiendo el silencio—. Con un par de amenazas… el alcalde fue sorprendentemente colaborador.
Se detuvo en medio del salón.
—Bombas de gas. Acceso total. Sin interferencias.
Sonrió levemente.
—La gente huye con tanta facilidad.
Emma apretó la mano de Yelena.
—Ahora.
Ambas se movieron en silencio, aprovechando la visibilidad reducida.
Se deslizaron por un pasillo lateral.
—Por aquí —susurró Emma.
Abrieron una puerta discreta.
Habitación de mantenimiento.
Entraron rápidamente y cerraron sin hacer ruido.
Dentro, el espacio era pequeño. Estantes con productos de limpieza, herramientas, cajas.
Oscuridad casi total.
Respiraciones agitadas.
Yelena se apoyó contra la pared.
—¿Qué demonios es eso?
Emma no respondió de inmediato.
Su mente iba demasiado rápido.
Afuera…
Los pasos.
Lentos.
Metódicos.
Nox caminaba.
Buscándolas.
Jean logró volver a conectar, la voz entrecortada:
—Emma… escúchame… no es humano… no lo enfrenten directamente…
El pomo de la puerta no se movió.
Pero los pasos se detuvieron justo afuera.
Silencio.
Absoluto.
Como si supiera.
Como si estuviera escuchando sus respiraciones.
El silencio en la habitación de mantenimiento era insoportable.
Emma respiraba despacio, intentando no hacer ruido.
Y entonces lo vio.
—Ahí… —susurró.
Una rejilla de ventilación en la parte superior de la pared.
Pequeña. Justa. Pero suficiente.
Yelena también la vio.
—Puede funcionar.
Ambas se movieron rápido.
Emma tomó una herramienta de uno de los estantes y comenzó a hacer palanca.
—Date prisa…
El metal chirrió.
Afuera…
El pomo de la puerta se movió.
Una vez.
Dos.
Luego con más fuerza.
—Está aquí —susurró Yelena.
El pomo comenzó a sacudirse violentamente.
—¡Emma!
—¡Ya casi!
El tornillo cedió.
Uno más.
El metal comenzó a soltarse.
El golpe llegó.
¡BANG!
La puerta tembló.
—¡RÁPIDO!
Emma arrancó la rejilla.
—Sube tú primero —dijo Yelena.
—No—
—¡Sube!
Otro golpe.
La madera crujió.
Emma no discutió más.
Se impulsó y se metió en el conducto, arrastrándose hacia dentro.
Se giró.
—¡Dame la mano!
Yelena comenzó a subir.
En ese instante—
La puerta explotó hacia adentro.
Astillas volaron.
Una figura irrumpió.
Nox.
Rápido.
Demasiado rápido.
Antes de que Yelena pudiera reaccionar, una mano se cerró sobre su cabeza.
La detuvo en seco.
—No —dijo Nox con voz baja.
La arrancó de la pared como si no pesara nada.
—¡Emma!
Emma extendió la mano desesperadamente.
—¡YELENA!
Sus dedos casi se tocaron.
Pero no llegaron.
Nox tiró de Yelena hacia atrás, sacándola completamente de la habitación.
Ella forcejeaba, golpeando, intentando liberarse.
Inútil.
Emma sabía lo que significaba.
Lo entendió en ese mismo segundo.
Bajar…
Intentar ayudarla…
Era morir.
Sus manos temblaban.
—Emma… —alcanzó a decir Yelena.
Un instante.
Una decisión.
Y Emma soltó el borde.