No Te Ilusiones [trilogía D' Angelo #3]

Capítulo 3

Dave

—Dave, Dave, Dave… Parece que te gustara la nerd.  

Frunzo el ceño. 

—¡Por Dios! No me gusta ni Norma, que es una mujer físicamente «bella», y me va a gustar esa cuatro pepas.  

Se ríe. 

—Sigo sin entender por qué tanto odio hacia Rose. Ella no hace nada. Además, ni amigos tiene, y todo por tu culpa. 

Entorno los ojos. 

—Sí tiene uno, y, al parecer, se llevan muy bien. Ese Filomeno me cae mal, igual que su amiguita.  

Se ríe a carcajadas. 

—Filomeno… Qué nombre más espantoso. Dave, eres pésimo para los nombres. Ni se te ocurra elegir los nombres para tus futuros hijos. —Chasqueo la lengua—. Déjate de ser aguafiestas. Desde que llegó el nieto de la directora andas con un humor de perros. 

Hago una mueca de desagrado. 

—Dos personas totalmente desagradables para mí se han juntado, y eso me estresa. 

Alza una ceja. 

—¿No será que te gusta la nerd y ahora ya te llegó competencia? —Le doy una mirada destructora—. Digo nomás —se burla. 

—Ricardo, estás cruzando los límites de la amistad. 

Me da suaves palmaditas en el hombro. 

—Rose te tiene mal, aunque lo niegues —Se ríe y se va. 

Esta nerd espantosa no me gusta, solo me desagrada, y son cosas muy diferentes. Está muy lejos del término gustar. 

—Amor, mis padres no estarán en casa, así que vamos a divertirnos un rato. —Se sienta en mis piernas. 

Pongo mi mano en su rico trasero y le doy una nalgada. Norma suelta un pequeño gemido, que comienza a excitarme. 

—No creo aguantar hasta llegar a la casa. Vámonos a un hotel cercano. —Sobo su gran trasero; es lo que más me gusta de ella. 

—Me parece muy buena la idea. —Comienza a acariciarme. 

—¡Sí! Es increíble, superrecomendada —escucho la horrible voz de la nerd. 

Esa sale del salón junto a Filomeno.  

Esos dos están en mi lista negra de personas más detestable que he conocido. 

—Dave.  

Me hace mirarla.

—¿Qué? —Tenso mi cara. 

—¿Qué pasa con la nerd? —indaga con el ceño fruncido. 

—¿Qué va a pasar con esa? Norma, si vas a comenzar con tus celos, lo mejor es que cada quien… 

—Lo siento, no quería hacerte enojar. —Me besa—. Sabes que te amo, Dave —susurra sobre mis labios. 

—Entonces no me hagas escenas. Lo detesto. Sabes bien que las personas celosas me parecen ridículas. —Yo por eso no celo a nadie. 

—No volverá a pasar. —Me vuelve a besar. 

No reclamo más porque quiero tener sexo, y Norma en la cama es muy buena. Da un excelente servicio. 


Rose

—¿Esos dos son así siempre?  

Seguro es por la escena estúpida que estaban haciendo esos dos lujurientos. 

—Sí. Lo mejor es que te acostumbres —aconsejo, porque eso lo verá hasta que nos graduemos. 

—Seguro no le dicen nada. 

Obviamente, la respuesta es sí. 

—Así es. 

—Se ve que se aman. Son tal para cual. —Me río—. ¿Qué dije? —cuestiona. 

—Ese idiota no ama a nadie. Norma es una de las tantas que tiene. Un día vi a ese tipo con la mejor amiga de Norma ingresar al baño, y era una de gemidos, y no solo eso. El semestre pasado llegó la hija de una profesora como reemplazo y hasta esa cayó rendida ante él. Dave es un puto que no respeta su «noviazgo» —declaro. 

—Es una fichita. Por culpa de mujeriegos como él las mujeres tachan a los hombres como basura. Pobre chica, espero que abra los ojos y se deshaga de ese mal. 

Es muy lindo desearle el bien a alguien desagradable. 

—Norma está reenamorada de Dave. Prefiere ser cachuda que dejarlo ir. En fin, es una tonta, y ese título nadie se lo quita. 

Salimos de la universidad. 

—Oye, ¿quieres ir a comer algo? —propone. 

Ganas no me faltan para decir que sí. 

—No puedo, tengo que ir casa. Papá me debe de estar esperando.  

Me da media sonrisa. 

—Otro día será. Bueno, nos vemos mañana. —Se me acerca y me da un beso, no en la mejilla, sino en la comisura de mis labios.  

Mi corazón está como loco, de aquí p’allá. 

—Cu-Cuídate. —Los nervios me delatan. 

—Igualmente. —Se dirige hacia una moto, se sube, la prende y se va. 

Doy saltos internos. Creo que este año todo será diferente… Supongo que este año sí he de tener novio. 

«¡Ay, me siento tan fe…!».  

Cierro los ojos al sentir el agua caer por mi cara, deslizándose por mi pecho y mojando mi blusa. 




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