Órbita Baja – Estación Aguja Rota – 05:20 a.m.
El frío en la estación era casi espiritual, como si los años de silencio hubiesen calado en los muros metálicos. Cuervo y Yelena se desplazaban con sigilo por los pasillos curvos, observados por cámaras obsoletas que aún giraban con precisión militar.
—El código P-07 que vimos antes… —murmuró Cuervo mientras revisaba un panel de datos—. Es una señal de activación remota. Pero solo puede ser emitida desde una fuente interna al proyecto 1865… o desde la Aguja.
—¿Y Pullman tiene acceso? —preguntó Yelena, su voz seca.
Cuervo tragó saliva.
—Si sobrevivió, si logró falsificar su muerte como sospechamos... entonces sí. Es posible que sea el único que pueda iniciar el protocolo completo.
Frente a ellos, una compuerta se abrió con un siseo oxidado. Detrás, un domo circular lleno de cápsulas criogénicas se extendía en espiral.
Cientos.
Yelena avanzó lentamente por el corredor central, con el eco de sus botas retumbando en la soledad estelar. Cada cápsula tenía un número. Cada rostro dormido era distinto: hombres, mujeres, de todas las edades y etnias. Criados, seleccionados y mejorados para algo que nunca debería haber existido.
> “Proyecto: MEGA HUMANOS. Unidad: #021 – Capacidad: Reconfiguración molecular.”
> “Unidad #112 – Control gravitacional.”
> “Unidad #205 – Clonación celular inmediata.”
Yelena se detuvo frente a la cápsula #001. Valentina Rodríguez. UltraGirl.
A su lado, una pequeña placa contenía el símbolo original de Archivo 1865, y una nota sellada digitalmente. Ella pasó su pulsera por el lector.
> “Proyecto U fue solo la antesala. El verdadero legado de la evolución humana se esconde tras la elección. Nova-19 fue diseñada no para liderarlos… sino para decidir si deben despertar.”
La revelación golpeó como una ráfaga de vacío.
—¿Yo? ¿Elegir? —susurró Yelena, mirando su reflejo distorsionado en el cristal—. Esto es una maldita prueba.
Cuervo le mostró otra pantalla. Una grabación.
Pullman.
La imagen era antigua, pero reciente. Apenas un año de antigüedad. Aparecía en un laboratorio, con una bata, frente a un panel con coordenadas planetarias.
> “Si estás viendo esto, Nova-19, es porque el umbral de la elección ha sido alcanzado. No todos los humanos deben sobrevivir… algunos deben evolucionar. Y tú eres la llave.”
> “La humanidad solo entiende el cambio a través del fuego. Y el fuego… soy yo.”
La grabación terminó. Yelena apartó la vista. Su mente hervía de preguntas, ira y miedo.
—¿Qué significa esto? —preguntó ella, volviendo la mirada hacia Cuervo.
—Significa que Pullman te está provocando. No quiere sólo activar a los Mega Humanos… quiere que tú tomes la decisión equivocada. Que los despiertes por miedo. Que pierdas el control.
Una nueva alarma comenzó a sonar. Un mensaje apareció en rojo brillante:
> “Protocolo P-07: Preactivación Iniciada. Transferencia en curso: Nodo Terrestre – Destino: Base Fantasma / Himalaya.”
Cuervo gruñó:
—¡Lo está haciendo! ¡Está enviando el código desde una de las bases remotas! Está probando si puedes detenerlo antes de la activación total.
Yelena miró hacia las cápsulas. Valentina seguía dormida, tranquila. Pero su cápsula ya mostraba un 1% de actividad.
Solo quedaban 48 horas.
—Nos vamos —ordenó Yelena—. Rastrea ese nodo. Vamos a terminar esto. Cueste lo que cueste.
En algún lugar del Himalaya – Base Fantasma – 08:12 a.m.
Pullman se apartó del monitor, ajustándose su nuevo traje táctico de comando negro con detalles rojos. Una cicatriz cruzaba su mejilla. Su mirada era fría como el acero.
—Activación parcial iniciada —informó su IA personal.
Pullman sonrió.
—Perfecto. Que Nova-19 venga. Será ella quien decida... cómo se apaga la humanidad.