Nova-19: Secretos De 1865

CAPITULO 8: RECLUTAS Y VERDAD

Nueva York - 5 semanas antes de la operación – 13:45 p.m.

En una azotea húmeda de Brooklyn, una joven de cabello corto, gafas de realidad aumentada y guantes tácticos desactivaba una alarma láser con una sonrisa confiada. Era Sophia Sunday, la hacker conocida por vulnerar bases de datos militares sin dejar rastro.

—¿Otra red del Pentágono? Qué aburrido… —murmuró mientras su pantalla mostraba archivos sellados.

Una figura aterrizó a su lado con un salto ágil.

—No has perdido tu toque —dijo Yelena, con su chaqueta de cuero ondeando al viento.

Sophia sonrió sin sorpresa.

—Tú tampoco, Nova-19. ¿En qué infierno quieres que me meta ahora?

—Uno helado. Literalmente.

Berlín – 4 semanas antes - 19:03 p.m.

En un bar oscuro, un hombre con cicatrices en los nudillos jugaba al ajedrez contra tres oponentes al mismo tiempo. Gana sin mirar el tablero. Su nombre: Frederick Hawks, ex asesino de élite del MI6.

—Si estás aquí, es porque alguien necesita morir —dijo sin girarse al notar la presencia de Yelena.

—No exactamente —respondió ella—. Esta vez necesitamos evitar que millones mueran.

Frederick la miró con una ceja levantada… y sonrió.

—Entonces cuenta conmigo.

Arizona – 2 semanas y 3 días antes - 21:47 p.m.

Un campo de tiro militar vibraba por los disparos. Teresa Thompson, experta en armamento balístico, desactivaba una trampa explosiva con precisión quirúrgica. Su historial con la CIA la hacía la mejor opción en combate cerrado.

Yelena la observó desde una camioneta.

—¿Un objetivo difícil?

Teresa levantó una ceja.

—Si te refieres a un tirano genético con un ejército dormido y un complejo en el Himalaya… sí, bastante.

Las dos se rieron y chocaron los puños.

Washington – presente - Hangar del FBI – 04:22 a.m.

Un enorme avión de carga esperaba en pista. Dentro, agentes del FBI repasaban planos de la base de Pullman. Marlowe entregó la operación oficialmente a Yelena, ahora con su traje táctico de Nova-19: negro con detalles rosados y una “N” roja en el pecho.

—A las 09:00 estamos sobrevolando el Himalaya. El protocolo es captura, no eliminación —dijo Marlowe con firmeza—. Queremos respuestas.

—No las tendrás si no sobrevives al frío —respondió Hawks con una sonrisa irónica.

Sophia, revisando los mapas satelitales, añadió:

—La base tiene interferencias electromagnéticas. Alguien está bloqueando las señales GPS desde dentro.

Yelena frunció el ceño. Se giró hacia Cuervo, que ajustaba su equipo en silencio.

—¿Qué tan reciente es esa interferencia?

—Hace dos horas. Justo cuando descubrimos la ubicación exacta —dijo sin mirarla.

Eso bastó. La intuición de Yelena se activó como una alarma.

En vuelo sobre Asia – 12:15 p.m.

Dentro del avión, Yelena, Frederick, Teresa y Sophia se reunieron en un compartimento trasero. Cuervo estaba allí, revisando una cápsula portátil.

—¿Qué haces con eso? —preguntó Teresa.

—Muestra térmica. La base tiene zonas con energía activa. Estoy buscando señales de… —Cuervo se detuvo.

Yelena dio un paso al frente.

—Desde hace semanas has sabido más de lo que deberías. Accedes a protocolos ultra confidenciales. Conoces nombres que ni el FBI tiene. Cuervo… ¿quién eres en realidad?

El ambiente se tensó. Hawks puso una mano en su pistola. Teresa apuntó sin dudar.

—Responde.

Cuervo levantó las manos lentamente… y sonrió con tristeza.

—¿Quieres la verdad?

Todos asintieron. Yelena lo miraba con ojos fríos.

Cuervo suspiró… y habló:

—Fui el primero. Proyecto U, fase cero. Antes de tu padre. Antes de Pullman. Yo… soy el único que sobrevivió a la primera simulación humana de conciencia dividida.

Silencio absoluto.

—No soy solo humano. Parte de mí… es el archivo 1865.

Las palabras helaron la sangre del equipo. Sophia dejó caer su tablet. Frederick dejó de apuntar… pero no bajó el arma.

Yelena, inmóvil, lo miró a los ojos.

—Entonces hay mucho más que no me has dicho.

Cuervo asintió, serio.

—Y si no llegamos a tiempo… ese archivo va a reescribirse… con sangre.




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