Nova-19: Secretos De 1865

CAPITULO 13: ECOS DE MARSELLA

Veinte horas más tarde

Marsella, Francia — 07:45 a.m.
Aeropuerto Marseille Provence

La brisa salina del Mediterráneo acariciaba la pista de aterrizaje cuando el jet del FBI tocó tierra. Desde la escotilla descendieron en orden: Yelena Hardy, vestida de negro con gafas oscuras; Gregory Lewis, ajustando su mochila con documentos; Cuervo, que observaba cada movimiento con atención felina. Junto a ellos, Teresa Thompson, Frederick Hawks y Sophia Sunday, el equipo reunido para detener lo que parecía un nuevo capítulo del Proyecto SH-1760.

—Marsella… —murmuró Yelena mientras miraba al horizonte—. Aquí empieza todo.

08:17 a.m. — Hotel cubierto por el FBI, barrio de La Joliette

Instalados en un viejo edificio art déco reconvertido en refugio encubierto, Sophia conectaba su portátil al servidor satelital mientras Teresa revisaba las armas dentro de un compartimiento oculto.

—Encontré algo —dijo Sophia—. Patrón de energía térmica anómalo en un almacén abandonado cerca del Puerto Viejo. Las firmas térmicas desaparecieron hace doce horas.

—¿Podrían haber sido UltraHumanos? —preguntó Frederick.

—No lo sé —respondió Cuervo—. Pero si hay actividad cerca del puerto, hay que ir antes que limpien todo.

09:21 a.m. — Edificio abandonado, Rue du Panier

El sol apenas se colaba entre los edificios desgastados del viejo Marsella. La fachada del almacén era común, puertas oxidadas, muros grafiteados. Pero al interior, el aire era denso, cargado de un olor metálico y rancio.

Yelena fue la primera en entrar, con Gregory detrás. Alumbraron con linternas LED.

—Nada de cámaras, ni sensores —dijo Cuervo—. Esto fue deliberadamente ocultado.

Pasaron por un pasillo de concreto, y de repente, Teresa se detuvo en seco.

—¿Eso es…? —susurró, apuntando al suelo.

Yelena se acercó. El foco de su linterna reveló una mancha oscura y espesa.

Sangre seca.

Gregory se arrodilló para inspeccionar.

—No tiene más de doce horas. Hay rastros de arrastre… alguien fue herido o asesinado aquí.

Siguieron el rastro que subía por una escalera hasta un piso superior. Allí encontraron una habitación vacía, sin muebles, pero en la pared del fondo, alguien había dibujado con sangre un símbolo en espiral, similar al que aparecía en la carpeta del Proyecto SH-1760.

—Es el mismo símbolo —dijo Gregory—. El símbolo de Transmutación.

Cuervo retrocedió un paso.

—Sea quien sea que estuvo aquí, no se fue por voluntad propia… o no era humano del todo.

Yelena apretó los puños.

—Espectro nos está dejando pistas. O está jugando con nosotros.

—¿Y si no es él? —dijo Teresa—. ¿Y si es otro más… peor?

Un silencio denso cayó sobre el grupo.

Marsella ya no era una ciudad en el mapa. Era un tablero.
Y alguien más estaba moviendo las piezas.




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