Nuestra pequeña tregua

CAPÍTULO 14

CAPÍTULO 14

ANTÓN.

Entro en la cafetería con tiempo suficiente para tomar un café antes de volver a planta y veo a Aurora sentada en una de las mesas del fondo, revisando algo en el móvil mientras remueve distraídamente lo que queda en su taza. Durante un segundo pienso en seguir de largo, no porque no me apetezca verla, sino porque conozco demasiado bien a mi hermana y esta mañana no estoy precisamente en condiciones de someterme a uno de sus interrogatorios.

La sonrisa que llevo desde hace horas y que no he conseguido quitarme del todo tiene nombre, apellido y muy mal carácter.

Y Aurora conoce los tres.

—No se te ocurra hacer como si no me hubieras visto porque llevo intentando coincidir contigo desde ayer —me dice en cuanto levanto una mano a modo de saludo—. Siéntate cinco minutos, que últimamente para hablar contigo parece que tengo que pedir cita y hora en Oncología.

—Mi bellísima hermana, tan exagerada como siempre —respondo mientras aparto la silla y me siento frente a ella—. Ayer me viste dos veces y una de ellas estuvimos hablando por lo menos diez minutos.

—Ayer solo nos cruzamos en el ascensor y después apareciste en Cardiología buscando a Milán. Eso no cuenta como visitar a tu hermana, así que no intentes convencerme de lo contrario. Además, no era eso lo que iba a decirte.

Aurora deja el móvil boca abajo sobre la mesa y me observa con tanta atención que sé perfectamente por dónde va a salir antes de que lo haga.

—No empieces...

—¿Ves? Ni siquiera he preguntado y ya te estás defendiendo. —Se acomoda en la silla y sonríe—. Lo que iba a preguntarte es qué ha hecho Priscila para que tengas esa cara.

No puedo evitar soltar una risa mientras niego con la cabeza.

—¿Por qué tiene que haber hecho algo Priscila?

—Porque te conozco, Antón, y porque desde que has vuelto a Roma solo hay una persona capaz de conseguir que pases de querer arder en el infierno a caminar por el hospital con esa sonrisa de imbécil. Y no pongas los ojos en blanco, porque a ella le ocurre exactamente lo mismo contigo. Podéis seguir empeñados en fingir que os soportáis únicamente porque tenéis que trabajar juntos, pero los demás no somos idiotas.

El camarero se acerca y pido un café. Espero a que se aleje antes de volver a mirarla.

—No estoy fingiendo que Priscila me saque de quicio. Lo hace con una facilidad impresionante, te lo aseguro.

—Eso nunca lo he dudado. Lo que dudo bastante es que solo te saque de quicio. —Aurora apoya los brazos sobre la mesa y baja un poco la voz—. Vamos, Antón, llevo meses viendo esto. Antes de que volvieras aquí ya sabía que entre vosotros había pasado algo y desde que trabajáis juntos me queda todavía más claro que ninguno ha conseguido dejarlo atrás. Así que si hoy apareces con esa cara, no voy a preguntarte si hay una mujer. Sé perfectamente qué mujer es y quiero saber qué ha pasado.

Durante unos segundos me limito a mirarla.

Con Aurora siempre ha sido difícil esconder algo durante demasiado tiempo. De pequeños conseguía descubrir cuándo había sido yo quien había roto algo antes incluso de que nuestros padres supieran que estaba roto, y los años no han mejorado precisamente mi capacidad para engañarla.

—Esta mañana me ha encontrado hablando con Ross en el control de enfermería. La enfermera estaba consultándome una pauta, hemos empezado a hablar de otra cosa y Priscila ha aparecido justo cuando Ross me estaba tocando el brazo. No ha ocurrido absolutamente nada, pero a tu querida prima política casi le da algo. Le ha recordado a Ross que estaba en Oncología y no en la sala de descanso y, cuando me ha llamado Antón, la ha corregido para dejarle muy claro que soy el doctor Bianchi.

Aurora intenta contenerse, pero acaba riéndose.

—No te rías. Ha sido bastante desagradable con la pobre mujer y después ha tenido el valor de mirarme a la cara y decirme que únicamente estaba preocupada porque trabajáramos.

—Perdona, pero llevo demasiado tiempo esperando algo así como para no disfrutarlo. Priscila puede ser muchas cosas, pero disimular cuando algo le molesta nunca ha sido una de sus mejores cualidades. ¿Y tú qué has hecho? Porque esa sonrisa no es solo porque se haya puesto celosa. Tú has debido de aprovechar la situación hasta conseguir que quisiera matarte.

—¿Qué querías que hiciera? —Cojo el café que acaba de dejar el camarero y me acomodo en la silla—. Lleva desde que llegué repitiéndome que le da exactamente igual mi vida, que entre nosotros no hay nada que hablar y que lo único que tenemos en común es el trabajo. Esta mañana se ha fijado hasta en dónde tenía Ross la mano. Por supuesto que se lo he señalado.

—Por supuesto —repite Aurora, negando con la cabeza—. Porque tienes la madurez emocional de un adolescente de quince años cuando se trata de Priscila.

—No exageres. Solo le he dicho que, si la próxima vez quiere saber si estoy ligando con alguien, puede preguntármelo directamente.

Aurora abre la boca y después vuelve a cerrarla.

—A veces me cuesta recordar que eres mi hermano y que debería estar de tu parte.

—Lo estás.

—Ahora mismo estoy de parte de Priscila. Debe de haber necesitado muchísimo autocontrol para no golpearte.

Sonrío antes de beber.

—También me ha llamado imbécil.

—Me parece una valoración bastante ajustada a la situación.

—Gracias por el apoyo.

Aurora vuelve a coger la taza, pero la sonrisa se le va apagando poco a poco y sé que la conversación está a punto de cambiar antes de que vuelva a hablar.

—Bromas aparte, Antón, hay algo que llevo tiempo queriendo saber y nunca encuentro el momento. Sé que entre vosotros pasó algo, sé que acabasteis mal y también sé que Priscila todavía se pone a la defensiva en cuanto alguien se acerca demasiado al tema. Pero nunca me has contado realmente qué ocurrió. Y no me digas otra vez que es cosa vuestra y que te dé tiempo, porque ya lo he respetado durante bastante. Si sigues sintiendo algo por ella y ella claramente tampoco es tan indiferente como pretende, quiero entender por qué lleváis meses comportándoos como si uno hubiera traicionado al otro.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.