Nuestra pequeña tregua

CAPÍTULO 15

Florecillas como ayer no hubo capítulo hoy os dejo uno el doble de largo.

Aquí al fin sabréis por qué se llevan tan mal estos dos.

CAPÍTULO 15

ANTÓN.

—Fue por Marcela...

Aurora deja la taza sobre el plato y me observa durante unos segundos. Sabe perfectamente quién es Marcela y conoce nuestra historia, aunque nunca le he contado demasiado sobre cómo terminó todo. Cuando una relación se acaba, no soy de los que necesitan analizar cada detalle durante meses y, precisamente por eso, cometí uno de los errores que terminaron complicándolo todo.

—¿Marcela tuvo algo que ver con vuestra ruptura? Porque cuando empezaste con Priscila ya no estabais juntos. Eso sí lo sabía.

—Marcela también lo sabía. El problema es que mamá y papá no lo tenían tan claro.

Aurora frunce el ceño.

—¿Cómo que no lo tenían claro? Llevabais meses separados, Antón.

—Pero yo nunca me senté con ellos para anunciarles que habíamos terminado. Dejé de hablar de Marcela y para mí fue suficiente. Si mamá preguntaba, contestaba que no lo sabía y cambiaba de tema. Tampoco sabía hasta qué punto Marcela seguía manteniendo el contacto con ellos.

—¿Y nunca se te ocurrió aclararlo?

—En aquel momento no le di importancia. Marcela sabía que habíamos terminado y yo también. No pensaba que necesitara convocar una reunión familiar para comunicar una ruptura. Además, cuando empecé con Priscila tampoco podía presentarme diciendo que tenía otra relación porque ella quería mantener lo nuestro en secreto durante un tiempo.

Aurora asiente, como si esa parte sí tuviera sentido.

—Eso es normal conociendo a Priscila. Siendo prima de Milán y amiga mía, en cuanto alguien se enterara de que había algo entre vosotros ibais a tener a las dos familias pendientes todo el tiempo.

—Precisamente por eso ella quería que aquello fuera solo nuestro hasta que supiéramos hacia dónde iba y a mí también me parecía bien. Podíamos coincidir con todos sin levantar sospechas y después vernos por nuestra cuenta.

—Muy cómodo.

—Muchísimo...

—No pongas esa sonrisa porque no necesito saber cómo aprovechabais esa comodidad.

—Has sido tú quien ha empezado a preguntar.

Aurora niega con la cabeza, aunque sonríe.

—Te he preguntado por qué acabasteis. Continúa.

Doy otro trago al café antes de hacerlo.

—¿Recuerdas el cumpleaños de papá el año pasado? El que celebraron en casa.

Aurora tarda un instante.

—Claro. Marina era muy pequeña y Milán y yo nos marchamos pronto porque empezó a ponerse nerviosa con tanta gente.

—Todo pasó después de que os fuerais. Priscila seguía allí y nadie veía nada extraño porque formaba parte de la celebración igual que cualquier otra vez. Es la prima de Milán, tu amiga y conoce a mamá y papá. Para nosotros era perfecto porque podíamos estar juntos sin que nadie supiera que realmente lo estábamos.

—Pero ese día si mal no recuerdo, mamá invitó a Marcela. —Asiento.

—Llegó bastante más tarde y yo no sabía que iba a ir. Entró saludando a todo el mundo como había hecho siempre y, cuando llegó hasta mamá, la abrazó y la llamó suegra.

Aurora abre mucho los ojos.

—No me jodas.

—Todo pasó delante de Priscila.

—Antón...

—Sí, ya sé cómo suena.

—¿Y mamá?

—La recibió con cariño. ¿Qué iba a hacer? Siempre se había llevado bien con ella y yo nunca le había dicho claramente que habíamos terminado. Para mamá no estaba ocurriendo nada extraño.

—Pero para Priscila...

—Imagina.

Todavía recuerdo su expresión. No montó una escena ni me pidió explicaciones delante de nadie. Ni siquiera podía hacerlo sin revelar primero por qué le afectaba que Marcela estuviera allí.

Simplemente dejó de mirarme de la misma manera.

—Intenté acercarme a ella, pero me evitó. Al principio pensé que solo estaba enfadada y que hablaríamos después, cuando pudiéramos estar solos para explicarme. Entonces la vi coger sus cosas.

—¿Se marchó?

—Se despidió de mamá y papá con absoluta normalidad, como si no hubiera ocurrido nada. Conmigo apenas habló y se fue.

Aurora deja escapar el aire.

—Eso es mucho peor que si hubiera montado una escena.

—Créeme, lo sé.

Priscila enfadada discute, pregunta y es capaz de desmontarte cualquier argumento hasta agotarte. Aquella noche no hizo nada de eso y debería haber entendido hasta qué punto le había afectado.

—Después descubrí que Marcela también había hablado con ella. Le dijo que seguíamos juntos, que habíamos pasado por una mala época y que seguramente nos casaríamos este año.

—¿Que os casabais? —Aurora me mira incrédula—. ¿De dónde demonios sacó eso?

—De su imaginación. No había boda, compromiso ni ninguna posibilidad de volver con ella. Pero ponte en el lugar de Priscila. Acababa de verla entrar en casa de nuestros padres, abrazar a mamá, llamarla suegra y comprobar que nadie reaccionaba como si aquello fuera extraño. Después Marcela le cuenta que seguimos juntos. La mentira estaba bastante bien montada.

—Demasiado bien.

—Cuando conseguí hablar con Priscila ya estaba profundamente herida. No escuchaba. Me preguntó por qué mamá y papá seguían pensando que Marcela era mi novia si llevábamos meses separados y en ese momento no tuve una respuesta que pudiera arreglarlo. Le expliqué que no sabía que Marcela seguía hablando con ellos de esa manera, pero cada cosa que decía parecía empeorarlo.

Aurora apoya los brazos sobre la mesa.

—Priscila lo tuvo que pasar fatal con lo orgullosa que es. Imagino que te lo echo en cara...

—Sí. Me recriminó con razón, dijo que no entendía que no hubiera sido claro. Ni con Marcela ni con nuestros padres. Me dijo que había aceptado mantener nuestra relación en secreto porque quería proteger algo que acababa de empezar, no porque quisiera convertirse en la mujer a la que yo escondía mientras delante de mi familia otra seguía ocupando su lugar.




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