Nuestra pequeña tregua

CAPÍTULO 19

CAPÍTULO 19.

ANTÓN.

Los Salvatore son la familia de acogida que Servicios Sociales ha seleccionado para Valentina.

Roberto y Silvia Salvatore, un matrimonio que, según los informes que nos han facilitado, dicen que tienen experiencia cuidando de menores con problemas de salud y que reúnen las condiciones necesarias para hacerse cargo de ella cuando pueda abandonar el hospital.

Esta mañana servicios sociales nos ha citado para que los conozcamos personalmente, les expliquemos en qué consiste su enfermedad y comprobar hasta qué punto están preparados para asumir sus cuidados.

Priscila está sentada a mi derecha, mientras Laura, la trabajadora social del hospital, termina con las presentaciones. También nos acompaña Elena, la responsable de protección de menores que lleva el expediente de Valentina. En principio, esta reunión debería servir para resolver dudas y conocer las intenciones del matrimonio, aunque apenas llevamos diez minutos y ya empiezo a preguntarme si los informes que tengo delante corresponden a las mismas personas que están sentadas al otro lado de la mesa.

—¿Y cuánto tiempo calculan que va a permanecer ingresada la niña? —pregunta Roberto, acomodándose en la silla.

Levanto la vista del informe. No es una pregunta extraña, pero sí resulta curioso que sea la segunda vez que se interesa por la duración del ingreso sin haber preguntado todavía cómo se encuentra la niña.

—Dependerá de su evolución —respondo—. Valentina tiene una enfermedad que requiere tratamiento especializado y vigilancia constante. No puedo darle una fecha de alta porque sería irresponsable por mi parte.

—Claro, lo entendemos perfectamente —interviene Silvia con una sonrisa—. Ya nos han explicado que necesita muchos cuidados y que habrá que tener bastante paciencia con ella.

—Además de paciencia, necesitará estabilidad y acompañamiento —señala Priscila—. Ha sufrido pérdidas muy importantes en poco tiempo y debemos procurar que cualquier cambio sea progresivo.

—Por supuesto, doctora —contesta Silvia—. Nosotros tenemos experiencia con niños complicados.

Priscila levanta ligeramente las cejas.

—Valentina no es una niña complicada, señora Salvatore. Es una niña enferma que ha perdido a sus padres.

—Bueno, ya me entiende. Me refiero a que necesita más atención de lo habitual.

Roberto interviene antes de que su mujer pueda continuar.

—Precisamente por eso queríamos aclarar algunas de las cuestiones económicas. Nos han hablado de una ayuda mensual extra en estos casos y de posibles compensaciones adicionales cuando el menor necesita cuidados especiales.

Laura asiente.

—Existen ayudas destinadas a cubrir los gastos derivados del acogimiento. Las condiciones concretas se explican durante el procedimiento y dependen de la valoración correspondiente.

—Sí, pero nosotros queríamos saber si, mientras la niña siga ingresada, seguiremos cobrando la misma cantidad —pregunta Silvia—. Porque, claro, aquí la alimentación y los medicamentos supongo que están cubiertos por el hospital.

Priscila deja de mover el bolígrafo entre los dedos.

—¿Perdón?

—Que si la ayuda se mantiene aunque todavía no viva en nuestra casa. Al fin y al cabo, nosotros ya estaríamos comprometiéndonos a hacernos cargo de ella.

—El acogimiento no es una actividad remunerada —aclara Elena—. Las ayudas tienen como finalidad atender las necesidades de la menor.

—Nadie está diciendo lo contrario —replica Roberto—. Pero tampoco vamos a fingir que el dinero no importa. Tenemos una casa que mantener y necesitamos saber cómo organizarnos.

—Naturalmente —respondo, apoyando los antebrazos sobre la mesa—. ¿Cómo tienen pensado organizarse para acompañar a Valentina durante el tratamiento?

El matrimonio intercambia una mirada.

—Bueno, mientras esté ingresada, imaginamos que ustedes se encargarán de todo —contesta Silvia.

—Nos encargamos de su atención médica —la corrijo—. Pero una niña de cuatro años también necesita adultos que estén presentes, que la acompañen cuando tiene miedo y que se impliquen en su recuperación.

—Ya, pero tampoco será necesario venir todos los días, ¿no? —pregunta Roberto—. Nosotros trabajamos y tenemos nuestras obligaciones. Imagino que habrá horarios de visita.

Priscila cierra la carpeta con cuidado.

—Señor Salvatore, Valentina lleva semanas intentando recuperar cierta sensación de seguridad. Si finalmente ustedes se convierten en su familia de acogida, necesitará conocerlos y aprender a confiar en ustedes. Eso requiere tiempo, disponibilidad y compromiso.

—Tampoco hemos dicho que vayamos a abandonarla aquí —responde Silvia, algo molesta—. Pero comprenderá que no podemos dejar nuestra vida de lado.

—Precisamente por eso estamos manteniendo esta reunión —replica Priscila—. Para saber si pueden ofrecerle lo que realmente necesita.

La observo de reojo. Conozco ese tono y sé que su paciencia está empezando a agotarse, aunque todavía conserva la suficiente profesionalidad como para no decirles lo que realmente piensa.

—¿Qué experiencia tienen con tratamientos oncológicos? —pregunto.

—Con cáncer, ninguna —reconoce Roberto—. Pero tuvimos a un niño con serios problemas respiratorios y había que llevarlo al médico con frecuencia.

—¿Y quién lo acompañaba?

—Mi mujer, normalmente.

—Cuando podía —puntualiza Silvia—. Porque tampoco se puede faltar al trabajo cada dos por tres. Por suerte, su madre biológica se ocupaba de algunas consultas.

—Valentina no tiene a nadie que pueda sustituirlos —interviene Priscila—. Si aceptan su acogimiento, ustedes serán sus adultos de referencia.

—Sí, mujer, ya sabemos que la niña es huérfana —responde Silvia—. Pero no podemos convertir nuestra casa en un hospital.

Noto que Priscila aprieta el bolígrafo con tanta fuerza que empiezo a temer por la integridad de esa mujer.

—Nadie les está diciendo eso —contesto—. Les estamos explicando que habrá días difíciles, que las revisiones serán frecuentes y que habrá situaciones en las que tendrán que adaptar sus horarios a las necesidades de Valentina.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.