Nuestro Romeo y Julieta

Capítulo doce | ¿Cuál es tu mayor sueño?

Capítulo doce | ¿Cuál es tu mayor sueño?

27 de junio, 2018

Salgo corriendo de mi habitación, ni siquiera sé si agarre mis llaves.

Mierda, como siempre llegando tarde a todas las clases.

Bueno, pues eso te pasa por quedarte leyendo hasta las 4 de la mañana sabiendo que tenías clases a las 7.

Sí, bueno, no importa, la vida es una y hay que vivirla al máximo.

Choco con alguien que casi hace que me caiga al suelo, no sé cómo lo hago, pero logró mantener el equilibrio y sigo corriendo.

Tengo clase con el señor Murphy y él siempre es medio amargado si alguien llega tarde a su clase.

Llegó a la puerta del salón con la respiración agitada, apoyo mis manos sobre las rodillas para tomar aire. Una vez mi respiración está bajo control, aliso mi blusa holgada y mis pantalones, reviso que toda mi vestimenta se encuentre en perfecto estado.

Trató de desenredar un poco mis rizos, pero me es imposible.

Suspiro y me preparo mentalmente para el sermón que me dará Murphy, cuando escucho que pasos se acerca a la puerta preparó la sonrisa más falsa que pueda tener, dándole a entender que estoy muy, pero muy arrepentida de haber llegado tarde.

Borro la sonrisa de mi cara cuando Asher abre la puerta, sonríe divertido supongo que por mi aspecto.

—Hola, dulzura —se apoya en el marco de la puerta.

—Hola, Asher —contestó, trato de ver por encima de él, pero es imposible ya que el mide un metro ochenta, por ahí, no me acuerdo mucho.

—Si buscas a Murphy es de mi agrado informarte que él no está, suspendieron su clase porque tuvo una emergencia familiar, se fue hace 5 minutos —explica antes de que pueda preguntar.

Asiento con la cabeza—. ¿Y por qué no avisaron?, si se hubieran dignado a avisar que su clase se cancelaba en estos momentos estaría en mi quinto sueño —me cruzo de brazos.

Ríe—. Me pregunto lo mismo —se encoge de hombros—, pero al parecer no les dio la gana avisar que no tendríamos clase con él, ni modo.

Asiento con la cabeza—. Entonces, ¿me puedo ir?, sabes que —lo interrumpo antes de que me conteste—, no sé porque pregunto, me voy. Nos vemos, Asher.

Nuevamente no dejo que me conteste y me voy, empiezo a caminar con dirección a mi habitación.

Asher me agarra del brazo deteniendo mi paso.

De verdad, ¿cuál es la manía de agarrarme del brazo?, en algún momento me caeré y me partiré la cabeza causando muerte cerebral o una hemorragia, y obviamente moriré.

Dios, que dramática eres.

—¿Qué quieres? —me suelto de su agarre, doy dos pasos hacia atrás tratando de poner distancia entre nosotros.

—¿Quieres ir a dar una vuelta?

Lo miro con confusión.

—¿A dónde? —cuestionó—. ¿Piensas secuestrarme?

Niega con la cabeza, divertido.

—No, no pienso secuestrarte, aún.

—¿Entonces?, ¿a dónde? —pregunto ignorando lo ultimo que dijo.

—Al patio —se encoje de hombros—. Es al único lugar al que podemos ir ahora.

Asiento con la cabeza y empiezo a caminar.

Escucho sus pisadas detrás de mí.

—¿Ya empezaste a leer los libros? —pregunta llegando a mi lado.

Asiento con la cabeza—. Síp, empecé el de realeza, y realmente está muy bueno, sabías que…—

Empiezo a contarle todo lo que he leído hasta el momento, me escucha atentamente y asiente con la cabeza de vez en cuando. Me deja hablar libremente sobre el libro, le terminó contando sobre todas las teorías que se me han ocurrido hasta el momento.

Me doy cuenta que Asher está increíblemente ansioso, o es lo que parece. Juega de con sus manos de una manera que se ve dolorosa, repite el mismo ciclo con sus manos, se jala los dedos y los truena, y repite lo mismo varias veces.

Detengo mi caminata para agarrarlo de la mano, repasó su cara y tiene dos bolsas negras debajo de sus ojos, se relame los labios de manera nerviosa.

—¿Estás bien? —pregunto tomando su cara haciendo que baje considerablemente.

Asiente con la cabeza—. Sí, ¿por qué?

—Te noto un poco ansioso, Asher —aprieto sus mejillas haciendo que sus labios sobresalgan.

—Todo está bien, dulzura —contesta de manera chistosa por mi agarre.

—¿Estás seguro? —preguntó moviendo su cabeza de izquierda a derecha revisando que esté bien.

Ríe ligeramente.

—Ya te dije que estoy bien, ahora, anda, suéltame.

Lo suelto de mi agarre y le doy dos palmaditas en la mejilla.

—Sabes que, si quieres hablar de algo, aquí estoy para escucharte.

—Sí, dulzura, lo sé —se alborota el cabello—. Ahora, sígueme contando del libro.




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