Obliviate »draco Malfoy« //completa// [ar I]

Capítulo 26: Desconexión

El Gran Comedor resplandecía bajo el techo encantado, como cada primero de septiembre, el castillo volvía a llenarse de conversaciones, risas y el ruido de baúles siendo arrastrados por el suelo.

Akira caminó junto a Draco, Blaise y Theodore hasta la mesa de Slytherin. No iban hablando de nada importante; Blaise seguía contando una anécdota de sus vacaciones en Australia y Theodore lo corregía cada dos frases porque, según él, estaba exagerando la mitad de la historia.

— Te aseguro que la araña era así de grande. —Insistió Blaise, separando exageradamente las manos.

— Era una tarántula común —respondió Theodore sin levantar demasiado la vista—. Si hubiera sido del tamaño que dices, no estarías aquí contándolo.

— Gracias por arruinar una historia perfectamente buena.

Akira soltó una risa mientras tomaban asiento.

Draco ocupó el lugar a su lado sin darle mayor importancia. Era algo que hacía desde primero y que nadie cuestionaba ya. Mientras Blaise seguía defendiendo la existencia de aquella supuesta araña gigante, Draco dejó la mirada recorrer el Gran Comedor.

Todo parecía igual.

Las cuatro mesas llenándose poco a poco.

Los profesores ocupando sus asientos.

Los alumnos de primero esperando nerviosos junto a la puerta.

Pero algo cambió cuando el murmullo general comenzó a concentrarse hacia la mesa del profesorado.

— ¿Quién es esa? —preguntó alguien desde la mesa de Ravenclaw.

— No estaba el año pasado.

Akira levantó la vista.

Junto a Dumbledore había una mujer baja y rechoncha, vestida completamente de color rosa. Su enorme lazo de terciopelo hacía juego con la chaqueta y los pequeños gatitos bordados sobre el cuello.

Draco frunció ligeramente el ceño.

— La conozco.

Los tres giraron hacia él.

— ¿Sí? —preguntó Blaise.

— Dolores Umbridge, trabaja en el Ministerio.

Theodore arqueó una ceja.

— ¿Cómo sabes quién es?

— Mi padre habla bastante de ella.

No añadió mucho más.

En casa había oído aquel apellido demasiadas veces durante los últimos meses. Lucius la consideraba una mujer útil para determinados asuntos del Ministerio, aunque demasiado ansiosa por llamar la atención de las personas importantes.

Akira volvió a observarla.

— ¿Y qué hace aquí?

— No tengo idea.

La profesora McGonagall condujo entonces a los alumnos de primero hasta el frente del Gran Comedor. Como cada año, el Sombrero Seleccionador fue colocado sobre el taburete de tres patas y comenzó a cantar una nueva canción.

Cuando terminó, el silencio dio paso a la ceremonia de selección.

Los nuevos estudiantes fueron pasando uno por uno.

Entre nombramientos para Gryffindor, Ravenclaw, Hufflepuff y Slytherin, Akira notó que algunos de los niños la observaban con evidente inquietud. Seguramente ya habían escuchado hablar de ella antes incluso de llegar al colegio.

No pudo evitar aprovechar la situación.

Fingió buscar algo dentro de su túnica y llevó lentamente la mano hacia donde normalmente guardaba la varita. Dos niños de primero abrieron los ojos como platos, no incluso dio un pequeño paso hacia atrás.

Akira reprimió una sonrisa. Blaise, que había visto toda la escena, soltó una carcajada.

— No llevamos ni media hora aquí y ya estás traumatizando a los nuevos.

— Sólo estoy comprobando sus reflejos.

— Pues uno casi se desmaya.

Incluso Theodore dejó escapar una pequeña sonrisa.

Draco negó con la cabeza.

— Eres un caso perdido.

— No se ha desmayado, todavía.

— Dale cinco minutos.

George Weasley, sentado varios metros más allá en la mesa de Gryffindor, alcanzó a ver la escena. Tardó apenas un instante en comprender qué estaba haciendo Akira y no pudo evitar sonreír antes de volver a la conversación que mantenía con Fred.

Poco después, Dumbledore se levantó para dar la bienvenida oficial al nuevo curso.

Tras unas breves palabras, presentó a la nueva profesora de Defensa Contra las Artes Oscuras.

— Permítanme presentarles a la profesora Dolores Umbridge.

Un aplauso educado recorrió el Gran Comedor. Umbridge se levantó con una sonrisa exageradamente amplia y caminó hasta el atril.

Su voz era aguda, afectada y extrañamente infantil.

Mientras hablaba de "progreso", "tradiciones" y "las medidas necesarias para garantizar una educación adecuada", muy pocos parecían entender qué estaba intentando decir realmente.

Draco dejó de escuchar antes de que terminara el segundo minuto.

— Habla mucho sin decir absolutamente nada.

— Es un talento bastante impresionante... —murmuró Blaise.

Akira observó a la mujer unos segundos más.

— ¿Siempre habla así?

— Peor.

— ¿Cómo puede ser peor?

— Cuando cree que tiene razón.

Theodore cruzó los brazos.

— Eso explica muchas cosas.

Umbridge continuó con su interminable discurso mientras el entusiasmo inicial del Gran Comedor desaparecía poco a poco.

Cuando por fin terminó, los aplausos fueron escasos y poco convincentes.

— Qué discurso tan... interesante. —Comentó Blaise.

— Interesante no es la palabra que usaría... —respondió Akira.

— Yo sí tengo una —añadió Draco con absoluta tranquilidad. Los tres lo miraron— Insoportable.

Blaise asintió.



#741 en Fantasía
#129 en Magia
#163 en Fanfic

En el texto hay: fanfic, hogwarts, dracomalfoy

Editado: 14.10.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.