El viento frío y la noche oscura eran la combinación perfecta para calarle los huesos a Irisia y hacer que el sueño la venciera, sin embargo, cuando su vigila cedió y cerró los párpados por un instante, no esperaba abrirlos de nuevo y acabar en un lugar distinto. Ella ya no se encontraba en la parada de autobús en la entrada de la universidad, ni siquiera se mantenía sentada.
La incertidumbre hizo que sus manos empezaran a temblar, las hojas cafés cayendo suaves por gracia del viento fueron reemplazadas por una profunda y densa neblina, en un ambiente que se sentía húmedo y asfixiante. No podía ver nada ni a pocos centímetros, la niebla parecía rodearla pero sin tocarla. Desesperada la mirada le cayó al suelo y no encontró el pavimento de la parada, sino un suelo de piedra gris y estéril, lleno de grietas negras por las que parecía filtrarse una sensación de la muerte.
Aquella disonancia con la realidad hizo que quisiera soltar un grito, solo que el miedo que la abrazaba hizo que lo ahogara. Una de sus temblorosas manos se levantó al instante para poder taparse sus ovalados labios, su cuerpo retrocedió un paso pero no sentía que moverse fuera una buena idea así que paralizó sus músculos para quedarse quieta.
<¡Por Tea! ¿Qué mierda está pasando? ¡¿Qué es todo esto?!> Toda la materia gris de su cerebro se concentró en intentar buscar una solución, no, una explicación aunque sea. <Acababa de salir de la universidad, los tramites de inscripción duraron más de lo que esperaba, y luego estuvo ese extraño suceso…> Pero después de eso, nada, era como si sus recuerdos fueran un sendero que terminaban de forma abrupta dejando por delante una caída al vacío.
Su otra mano pasó por su rostro y llegó hasta el cabello, lo tiró con fuerza para sentir que era real y le sirvió para intentar tranquilizarse más de lo que esperaba. Juntó valor y se animó a voltear la cabeza para atrás, una densa niebla fue lo único que encontró, era lo único constante rodeándola y acompañándola. –Mierda –susurró aunque para su suerte aquella situación no duró mucho.
De repente toda la brumosidad empezó a disiparse, se alejaba como una presa escapando de un depredador mortal. Pensar eso habría aterrado a Irisia, solo que relacionó la partida de la niebla con otro suceso que ocurrió de repente. Luz, se trataba de luz, una de un color plateado fantasmagórico brotando desde el suelo, ahuyentando aquello que le impedía ver.
Refugiándose en eso la joven recuperó el autocontrol suficiente para poder desbloquear su cuerpo, flexionó las piernas y se agachó para poder ver mejor de que se trataba. La luz emanaba de lo que parecían pétalos, se trataba de una flor, una extraña que daba la impresión de estar hecha de cristal. Eso fue lo que menos le importó a Irisia, lo importante era que alejaban la niebla y ahora podía ver un poco mejor.
Dudó por un segundo haciendo que su mano se despegara de la boca, acercó su brazo a la flor aunque se detuvo a pocos centímetros antes. Su mano no paraba de temblar y la volvió a retraer para sí, antes de que las ganas de tocar esa flor le ganaran, parecía algo seguro pero tampoco quiso confiarse.
Un sonido de asombro se filtró entre sus dientes al notar algo, la niebla se alejaba todavía más. Algunos centímetros a la distancia otra flor de cristal empezaba a brillar, su tallo negro y lleno de espinas crecía de entre una grieta de la fría roca del suelo. Y entonces otro brillo más, y otro, y otro. No solo del suelo, sino que también se dio cuenta que estaba muy cerca de una pared de roca cuando una flor que creció allí empezó a hacer su trabajo.
<Que suerte que decidí no moverme> pensó observando para la izquierda, haber dado unos cinco pasos hubiera sido suficiente para golpearse contra aquello. Y la pared de roca parecía tener muchas piedritas pequeñas, y sin contar las espinas de la flor, se hubiera lastimado mucho si impactaba contra eso.
Al final decenas de flores empezaron a brillar por todos lados, revelando un panorama mucho más amplio aunque no por eso menos preocupante. Tal vez no tuviera recuerdos de lo último que estaba haciendo, pero una cosa tenía clara: ella se encontraba en una ciudad y esa sensación se aferraba al interior de su cabeza. Podría ser que la falta de recuerdos la estuviera confundiendo más, pero empezar a dudar de su propia mente no le pareció una buena idea en su situación actual. Tenía otro problema mayor en que centrarse ahora.
–¿Qué se supone que es esto? –Volvió a ponerse de pie, manteniendo su posición le dio una barrida al lugar con la mirada. Sin duda ya no estaba en la ciudad, este lugar era una caverna gigantesca: suelo de roca, pared de roca y estalactitas colgando decenas de metros sobre su cabeza.
Antes de que Irisia cayera en la desesperación tuvo un momento de lucidez, tal fue el grado que sus manos dejaron de temblar un poco. –Una ilusión –dijo con voz fuerte para sí misma–. Esto es una ilusión, un visionario me metió en una. –Claro, eso tenía todo el sentido del mundo y su miedo y preocupación se transformaron en furia–. No debe ser uno solo, al menos deben ser dos o tres. Ellos me hicieron la broma antes, cuando ocurrió ese extraño suceso y ahora me la están repitiendo.
El interior de su cuerpo se sintió muy bien cuando pudo darle lógica y sentido a su entorno, ahora la podría estar pasando mal pero ella seria quien reiría más fuerte al final. Existen “leyes contra la manipulación mental no consentida” por lo que cuando saliera de esta ilusión podría ir a hacer una denuncia, se podría buscar a los culpables y tendrían su maldito merecido por esta estupidez.
Ellos debían ser tan idiotas que no se la verían venir, pero le pareció extraño que varios visionarios lograran ponerse de acuerdo para esto. La coordinación y preparación superaba algo que terminaría en una simple broma, además que viendo lo detalles e inmensidad del lugar el visionario Ilusionista debería ser de rango B o A sin dudas.
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Editado: 13.10.2026