La boca de la joven se abrió en grande para tragar todo el aire posible, obvio que su cuerpo seguía funcionando a pesar de haberse quedado dormida solo un rato en la parada de colectivo pero sentía una gran falta de aire dentro suyo. Observó a su alrededor y la oscuridad de la noche en la ciudad pareció más prominente de lo normal, pero hacia donde terminó su mirada fue la razón por la que se despertó.
Sentía algo vibrando y sonando en su pecho, por debajo de las clavículas, llevó su mano hasta el visor de realidad aumentada y se lo colocó frente a los ojos. Justo como su nombre decía, la realidad pareció modificarse al hacerlo, con una mano se ajustó la correa detrás de la cabeza y notó que el sonido era por una llamada de su padre. No dudó en contestarla.
–Buenas noches –intentó sonar tranquila. No sentía que le temblaran las manos pero si el corazón y pulmones más acelerados.
–Iri, te tardaste en responder ¿está todo bien? –Su padre sonaba un poco igual de preocupado, casi como si hubiera experimentado lo mismo que ella. Entre otras cosas el visor de realidad aumentada mostraba en un costado un rectángulo con la voz de su padre, ella tenía desactivada la opción de video llamada aunque tampoco le hizo falta porque podía imaginarse el rostro que tendría ahora.
Por un momento Irisia pensó en que responder. –Sí, estoy bien. En verdad me tardé porque me quedé dormida en la parada.
Hubo un pequeño silencio en la llamada, ella pudo imaginarse a su padre pensando incomodo un momento antes de hablarle. –¿Estás sola ahí? –Ella respondió de manera afirmativa–. Bueno, me esforcé para desocuparme antes así que voy a ir a buscarte.
Un recuerdo llegó a su cabeza de golpe, uno de hace poco <La ilusión> pensó mientras le entraba el miedo <Los malditos visionarios que me molestan deben estar cerca>. No podía escuchar a nadie a la distancia así que debían estar escondiéndose bien o tal vez ya se habrían ido, ella rogaba que fuera eso último. –Por favor –le dijo a su padre casi rogándole. No hicieron falta más palabras para que este notara que algo andaba mal, le dijo que iba a ir lo más rápido posible antes de cortar la llamada.
Irisia se desajustó la correa del visor y lo dejó colgando del cuello de nuevo, se encontraba sentada en la parada del colectivo, detrás de ella una pared transparente le permitía ver una zona de árboles negros con líneas blancas como venas. El viento hacía que las hojas cafés cayeran de sus ramas danzando hasta el suelo, ella esforzó su mirada plateada a la oscuridad entre los árboles pero no distinguió a nadie.
–Sí, se deben haber ido –se repitió para terminar de calmarse.
A pesar de que a su colectivo no debía faltarle mucho para llegar su padre se las arregló para estar ahí incluso antes, y eso que su trabajo no era muy cerca de la universidad. En el camino de regreso ella no quiso preocuparlo aunque tampoco era capaz de disimular la ansiedad y miedo que le quedaron de la extraña ilusión en la que la metieron, le dijo a su padre que en efecto estaba asustada pero que era debido a que escuchó unos ruidos raros en los árboles.
La tranquilidad de su padre al enterarse de eso le fue un poco contagiosa, ahora se sentía más segura. Eso se mantuvo así cuando llegó a casa, cuando cenó con su familia, y así debería haber seguido cuando se acostó y se fue a dormir. No obstante, al perder su vigilia el lugar al que fue a parar no fue el Reino de los Sueños, sino que el mismo de antes…
Las piernas de Irisia cayeron sobre el estéril suelo rocoso, la tela de su pijama purpura con dibujos de conejos era lo bastante acolchada como para no sentir los pinchazos de las pequeñas rocas en su piel. Pero de todas maneras sintió ese dolor cuando cerró su mano en un puño y lo estampó contra el suelo, incluso algunos guijarros quedaron pegados en sus dedos solo que a ella no le importó.

–¡¿Cómo es esto posible?! –gritó molesta, ya no sentía mucho miedo. La primera vez que llegó a este lugar cuando estaba en la universidad estaba confundida, la segunda vez que llegó cuando estaba en la parada se asustó, pero ahora se sentía enojada, la furia e impotencia empapándola como las gotas de la lluvia–. ¿Acaso ese grupo de visionarios me siguió hasta casa? ¿Me siguen molestando incluso ahora?
Mientras más lo pensaba eso tenía menos sentido, era posible que cuando fue a hacer los trámites de inscripción en la universidad un grupo de egocéntricos visionarios podría haberla seguido a la parada ¿pero ahora hasta su casa? Cuando ella salió de la ilusión en la parada no logró percatarse de nadie oculto ¿Cómo habrían podido seguir la velocidad de su auto hasta el departamento donde vive? ¿Cómo podrían seguir teniendo la resistencia para usar sus habilidades opstelamanticas y molestarlas? A esta altura eso se volvía peligroso, podrían quedar ciegos.
Solo que Irisia no se hacía esas preguntas, porque si se cuestionaba lo que sabía ¿entonces con que se quedaba? Su hipótesis de que unos bravucones la acosaban era lo único que tenía, y quedarse sin respuestas y con más dudas la pareció incluso peor.
Ella tomó aire y volvió a levantarse, sintió como las plantas de sus pies se lastimaban un poco al pisar pequeñas piedritas. Observó a su alrededor y otra vez estaba dentro de la inconmensurable caverna oscura y rocosa, en vez de dormida en su cuarto. –Debería estar acostada en cama, pero estoy parada ¿si empiezo a caminar llegaría a golpearme con una pared del cuarto?
Como cualquier otra persona la joven tenía un conocimiento general sobre las habilidades opstelamanticas con las que se puede nacer en su planeta, aunque desconocía los efectos y aplicaciones que estas podían llegar a tener en sus rangos más altos. Este era el mejor ejemplo, desconocía que tan reales, complejas y engañosas podrían llegar a ser las ilusiones de un visionario Ilusionista de rango B o A. Al menos al dolor que causaban las piedritas en sus pies lo sentía real. –Veamos qué puedo hacer aquí. –Se puso a caminar mirando para todos lados en búsqueda de lo que sea.
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Editado: 13.10.2026